Ficool

Chapter 39 - ESPECIAL DE NAVIDAD

En algún apartamento perdido entre los suburbios, oscuro, huele a pizza vieja y desesperación.

Wade está sentado en el sofá, sin pantalones, abrazando un peluche de unicornio blanco con una intensidad... cuestionable

POV WIDE WILDON

-Oh, sí, pequeño Sparklebutt... tú me entiendes. Tú no me juzgas por lo que hice con esa espátula y el puré de papas...

¡CRASH!

Un proyectil metálico atravesó la ventana, destrozando el vidrio y aterrizando justo en el tazón de cereales caducados de la mesa. Me caí del sofá del susto, soltando al unicornio.

-¡REFLEJOS NINJA! *grité, mientras rodaba por el suelo hasta quedar en posición fetal* ¡Atentado! ¡Violación de la propiedad privada! ¡Interrupción de un momento sagrado de autodescubrimiento!

Del aparato surge un destello azul. Un holograma de un hombre con aspecto severo, pelo plateado y un traje que cuesta más que mi vida entera aparece flotando.

-Wilson. Me presento, soy Gustav Silbe. Tengo un contrato de máxima prioridad...

-¿Quién? *pregunto, rascándome el trasero a través de los calzoncillos.

-Gustav Silbe. Como decía, busco al mejor asesino para...

-Lo siento, Gus, no me suena. ¿Trabajaste en Glee? ¿Eres el que le vende los seguros de vida a los secuaces que mato? Porque si es así, tengo una queja sobre la póliza de...

-¡Cállate y escucha! *ruge el holograma* Te ofrezco un trabajo: matar a Santa Claus. Una vez hecho, la recompensa será más dinero del que podrías gastar en diez vidas.

-¿Santa? ¿El de las galletas? ¿El que usa renos esclavizados? *Me eché a reír* Amigo, has visto demasiadas películas de bajo presupuesto. Santa no existe, es un invento de Coca-Cola para vender diabetes líquida.

-Te equivocas, Santa Claus es real. Es un mutante de nivel Omega que reside en el Polo Norte. Su existencia altera el equilibrio que deseo imponer. Mátalo, y podrás disfrutar de tanto dinero como desees

El holograma se desvaneció, dejando una cifra con demasiados ceros flotando en el aire antes de apagarse.

Wade, ni se te ocurra. Es Santa. Si lo matas, destruirás la navidad y la infancia de millones. Es el colmo de la maldad, incluso para ti. No lo hagas

-¿Por que no? *Me puse de pie, ajustándome la máscara* Ese gordinflón me debe una bicicleta Schwinn roja desde 1985. Me trajo calcetines, ¡CALCETINES! Ahora que se que existe, esto es personal. El tipo es un mutante poderoso, vive escondido... ¿Cómo diablos voy a encontrar su código postal en medio de la nieve?

 Bueno, si es un mutante de ese calibre, figurará en Cerebro. Podrías ir a la Mansión X, entrar en la base de datos y...

-¡Lo tengo! *exclamé, golpeando la palma de mi mano* ¡Iré a la Mansión X! Si el panzón es un mutante, Cerebro lo tendrá fichado como un punto gordo y rojo en el mapa. ¡Soy un genio!

 ...Eso es exactamente lo que acabo de decir. Pero hay un problema: los psíquicos. Jean Grey o el calvo te detectarán antes de que cruces el jardín. Necesitarías el casco de Magneto para bloquearlos.

-¡Oye! —dije, ignorándola por completo—. Se me acaba de ocurrir una idea brillante. Para que los telépatas no lean mis pensamientos impuros, necesito el casco de Magneto.

¡Pero si es lo que acabo de decir!

-Si mal no recuerdo —continué, caminando hacia mi armario de armas—, el vejete de Erik toma una siesta a las tres de la tarde. Es el momento perfecto para robarle el casco mientras sueña con campos de concentración y cucharas dobladas. ¡MUAHAHAHA! ¡Soy un estratega brillante!

Te odio. ¿Y la seguridad? Cerebro tiene un escáner ocular. No puedes entrar así como así.

-No te preocupes por eso, vocecita. Lo tengo todo controlado. Tengo un plan que involucra ciencia, arte y probablemente algo de pegamento industrial.

Caminé hacia la puerta, listo para la acción, pero me detuve en seco. Di media vuelta, regresé al sofá y agarré al unicornio por el cuerno.

-Ven aquí, Sparklebutt. Aún no hemos terminado nuestra sesión de terapia *dije, metiéndolo en mi mochila junto a las granadas* La Navidad va a ser explosiva este año

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Genosha. La isla paradisíaca de los mutantes que parece un campamento de verano para gente que puede derretirte la cara con el pensamiento. Caminaba por el sendero principal, saludando a diestra y siniestra.

-¡Hey, Sapo! ¡Me encanta el nuevo tono de verde, resalta tus verrugas! ¡Mística! ¿Ese es tu color natural o es que estás asustada? ¡Un saludo a la familia!

Wade, estamos en territorio de la Hermandad. Si te descubren intentando robarle a su líder, nos van a usar como saco de boxeo genético. Sé discreto.

-¿Discreto? La discreción es para los que no tienen un factor de curación que les permite regenerar un hígado en lo que dura un comercial de cereales *respondí, ignorando a la voz* Erik me está esperando para nuestra partida semanal de parchís. Él no lo sabe, pero yo sí.

De pronto, el sol se eclipsó. No fue la luna, fue algo mucho más grande y con un casco de metal del tamaño de un barril de cerveza. Me topé de frente con una pared de músculos llamada Cain Marko, el Juggernaut.

-¡Cain! ¡Mi gigante favorito! —exclamé, mirando hacia arriba—. Justo a ti quería verte. El amadísimo líder me mandó a llamar, quiere hablar conmigo sobre... ya sabes, cosas de villanos. ¿La dominación mundial sigue de moda o ahora somos más de salvar el Amazonas?

Cain se cruzó de brazos, su sombra cubriéndome por completo.

-¿Magneto te llamó a ti? *gruñó con esa voz que suena a terremoto* ¿Para qué querría hablar el jefe con un saco de basura parlante?

-¡Oye! Soy un saco de basura con estilo *Pasé por entre sus piernas gigantes, dándole una nalgada sonora en el trasero mientras avanzaba* ¡Luego te cuento los detalles, grandullón!

No llegué a dar el segundo paso. Una mano gigante, del tamaño de una pizza familiar, se posó sobre mi coronilla y empezó a cerrar el puño.

¡CRACK! ¡SQUISH!

Sentí cómo mi cráneo se convertía en un rompecabezas de mil piezas. La sangre empezó a brotar de mis oídos y de mi nariz, manchando mi máscara roja de un rojo aún más oscuro.

-¡Oh, sí...! *gemí, aunque mi mandíbula estaba desencajada* Así es como me gusta... que me aprieten... Cain, tú sí que sabes lo que le gusta a un chico. Si esperas a que termine mi negocio con Erik... podríamos pasar un rato en el jacuzzi... llevare patitos de goma...

Juggernaut me levantó en el aire hasta tener mi cara destrozada frente a su visor.

-Cada vez que apareces en un sitio, terminas haciendo un desastre, Wilson *dijo Cain, apretando un poco más* No te creo nada. Nadie te llamaría, ni siquiera para limpiar los baños.

¡Te lo dije! ¡Pídele perdón! ¡Ruega, ruega!

-¡Porfis, Cain! *supliqué con las manos juntas, mientras un poco de seso me escurría por la frente* ¡Créeme porfis, porfis, porfis! ¡Soy un mutante de palabra! ¡Tengo el carné de socio y todo!

Saqué con esfuerzo una tarjeta dorada y brillante de mi bolsillo. Era un Carné de Socio de la Hermandad - Versión Platinum. Tenía una foto mía posando con un casco de imitación y en los beneficios ponía: "Descuento en imanes y entrada gratis a los eventos de 'Odio a los Humanos' los martes".

-¡Mira! ¡Soy nivel platino! ¡Puedo pedir el postre antes que los demás!

Cain ni siquiera lo miró. Me comprimió con la fuerza de una prensa hidráulica hasta que mis rodillas saludaron a mis amígdalas.

-Hoy no, Wilson *gruñó Juggernaut.

Me lanzó con la fuerza de un cohete de SpaceX. Salí disparado hacia el cielo azul de Genosha, girando sobre mi propio eje a una velocidad absurda.

-¡EL EQUIPO DEADPOOL A SIDO VENCIDO OTRA VEEEeeeeeEEEEEZZZZ! *grité mientras mi silueta se convertía en un puntito en el firmamento.

¡PLIM! (El destello de estrella en la lejania).

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Tres minutos después: El cuartel de Magneto

Estoy atando una soga a mi cintura frente a una ventana circular en el techo. Mi cuerpo está haciendo ruidos de palomitas de maíz mientras mis huesos vuelven a su sitio.

 Espera... ¿Qué acaba de pasar? Hace un segundo estábamos en la estratosfera por culpa de Cain. ¿Cómo demonios llegamos al techo de la habitación de Magneto?

-¿No te acuerdas? *pregunté, mientras ataba la cuerda a una gárgola con forma de casco* Fue increíble. Hicimos... y luego pasamos por... y entonces él dijo... ¡y ¡ZAS!, llegamos aquí! Fue muy cinemático, lástima que el presupuesto no alcanzó para mostrarlo.

...¿Qué? ¿De qué estás hablando? ¡Eso no tiene ningún sentido!

-Shhh, silencio, Vocecita. Estamos en modo Misión Imposible. Pon la música de Tom Cruise en mi cabeza.

TUN TUN, TUNTUNTUN TUN

Entré por la claraboya, bajando lentamente con la cuerda. Era el epítome del sigilo...

TURURUUUUUN...TURUN

Hasta que dejé de serlo. Calculé mal la longitud y la polea de mi cinturón se soltó.

-¡Oh, santas chimichan...!

Caí en picada. En el trayecto golpeé una maceta de porcelana (¡CRASH!), reboté contra una mesa con platos de plata (¡CLANG!) y finalmente me llevé por delante una escultura de metal de arte abstracto que parecía una silla oxidada (¡CRUNCH!).

 ¡Estamos muertos! ¡Se va a despertar y nos va a convertir en una lata de conservas!

Me detuve a escasos dos centímetros del suelo, gracias a que la cuerda se tensó en el último microsegundo. Me quedé ahí, balanceándome como un péndulo humano, con el sudor empapando mi máscara.

Lentamente, me puse de pie sobre la alfombra de piel de oso (que probablemente era un mutante que no le caía bien).

Miré hacia la cama de dosel. Erik Lehnsherr, el amo del magnetismo, seguía roncando plácidamente, con un antifaz que decía "Magneto tiene la razón".

-¿Viste eso? *susurré, limpiándome un poco de sangre de la nariz* Soy silencioso como una ballena jorobada en un campo de malvaviscos.

No puedo creer que siga dormido... Ese hombre debe tomar pastillas para dormir de grado industrial o tiene el sueño más pesado de la historia de la humanidad.

-Es el privilegio de ser un dictador jubilado *Dije, acercándome a la mesita de noche donde el casco morado brillaba reflejando la luz del sol* Ahora, a tomar prestado el sombrero de pensar de Magneto.

Agarré el casco morado con una delicadeza. Lo levanté, me lo puse y sentí ese agradable vacío mental...no es cierto, me siento igual de genio que siempre

-Misión cumplida *susurré, posando como si estuviera en la portada de una revista de espías.

Increíble... de verdad lo lograste. Pero ahora, ¿cómo piensas salir de la isla sin que nos detecten? En cualquier momento Magneto podría despertar y...

-¡TE TENGO! *rugió una voz desde la cama.

Me pegué tal susto que mis esfínteres casi se jubilan. Me tiré de rodillas sobre la alfombra, soltando el aire de golpe.

-¡PIEDAD, ERIK! ¡TENGO UN UNICORNIO QUE MANTENER! *chillé con las manos en alto* ¡No me conviertas en un clip de papel! ¡Te devuelvo el casco, solo lo quería para una fiesta de disfraces temática de "Villanos Mayores de 70"!

Me quedé esperando el impacto magnético, pero solo hubo silencio. Levanté un poco la vista. Magneto seguía con el antifaz puesto, moviéndose entre las sábanas.

-...vas a tener que lustrar mis zapatos, Charles... *murmuró Erik entre sueños, con una sonrisita de autosuficiencia* ...tienen que brillar más que tu calva... yo siempre... siempre tuve la razón... Zzzzz.

Me quedé en silencio unos segundos, procesando la imagen.

Gracias al cielo... ha sido una falsa alarma. Solo estaba hablando dormido. Wade, vámonos de aquí ANTES de que empiece a soñar con el Eje del Mal.

-Uf, casi me da un infarto en mi segundo corazón —dije, secándome el sudor—. Haz visto, vocecita, te lo dije. El plan para salir de aquí es infalible. Todo lo que tengo que hacer es...

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En algún lugar sobre el Océano Ártico

¡TUKU-TUKU-TUKU-TUKU!

El estruendo de las aspas cortaba el aire. Estoy sentado en el asiento del piloto de un helicóptero de combate de la Hermandad, con el casco de Magneto puesto y una bufanda de lana que me queda DI-VI-NA

 ¡¿QUÉ?! ¡¿OTRA VEZ?! ¡Wade, por el amor de Dios! ¡¿Cómo diablos conseguimos un helicóptero?! ¡Estábamos en la alfombra de Magneto hace diez segundos!

-Ay, de verdad, pareces novato *dije, moviendo la palanca de mando con una mano mientras con la otra comía una barrita de chocolate* El plan no tenía fisuras. Solo tuve que... y luego pasar por... y después de convencer al guardia de que yo era su sombra... ¡BAM! ¡Transporte VIP hacia la mansion X!

¡No me des esa explicación barata! ¡Es un helicóptero! ¡Hace un ruido ensordecedor! ¡¿Me estás diciendo que robaste una aeronave de una base militar llena de mutantes y nadie nos vio?!

-Te lo dije *respondí, guiñándole un ojo a la cámara* Soy tan sigiloso como una ballena jorobada en un campo de malvaviscos. Además, puse el helicóptero en modo "ninja".

¡Los helicópteros no tienen modo ninja!

-Este sí. Le pegué una calcomanía de un shuriken en la cola. Ciencia pura *miré por la ventana

Divisé los terrenos impecables de la Escuela Xavier para Jóvenes Talentos. El jardín estaba lleno de mutantes adolescentes jugando al fútbol o quemando cosas con la vista.

-Bien, ahí está. El nido de los calvos *dije, ajustando el casco de Magneto, que me seguía bailando un poco en la cabeza* Bajaremos el helicóptero en el bosque, entraremos por el sótano y usaremos Cerebro.

Aún no entiendo cómo piensas pasar el escáner de retina de la puerta de Cerebro. Es tecnología de punta.

-Tranquila, Vocecita. El "ojo" que conseguí es de primera calidad. Bueno, en realidad es una uva pelada con un dibujo de un iris hecho con marcador permanente, pero si le pones suficiente fe y un poco de mi saliva, ¡engaña hasta a un Centinela!

Aterricé el helicóptero entre los árboles con la delicadeza de un piano cayendo desde un décimo piso. Salté de la cabina, agarré mi mochila con el unicornio Sparklebutt y me puse en modo sigilo.

-Prepárate, Charles. Hoy, el sistema de seguridad más avanzado del mundo va a ser derrotado por un mercenario con un casco robado y un hambre de chimichangas que no conoce fronteras.

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Estaba dentro. Había logrado entrar por los conductos de la lavandería, lo que explicaba por qué ahora olía a flores silvestres y suavizante de telas.

Llevaba puesto el casco de Magneto y me movía pegado a las paredes, haciendo ruidos de "¡Swish! ¡Pum!" cada vez que doblaba una esquina.

Wade, deja de hacer efectos de sonido con la boca. Alguien te va a oír.

-Es para mantener la concentración. Los ninjas de verdad lo hacen, solo que son tan rápidos que no los escuchas.

Me asomé a uno de los pasillos principales. A lo lejos, vi a Logan caminando con una toalla al hombro y una lata de cerveza en la mano. Se detuvo justo frente a la estatua de mármol donde yo estaba "escondido". Bueno, más bien estaba abrazado a la estatua intentando imitar su pose de "mutante pensador".

-¿Qué demonios...? *gruñó Logan, olfateando el aire* Huele a pólvora y... ¿suavizante de telas?

Me quedé más quieto que una foto de Instagram. Incluso dejé de respirar mientras poco a poco la gata con garras de metal se acercaba mientras olfateaba el aire

-¡Logan! *gritó Ororo desde el final del pasillo* El Profesor dijo que vayas a la Sala de Peligro. Bobby congeló los circuitos otra vez intentando hacer un granizado de fresa gigante.

Logan soltó un gruñido, le dio un último vistazo sospechoso a mi "estatua" y se alejó.

-¡Uf! Por poco y me usa de rascador para gatos *susurré cuando se fue

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Seguí avanzando hacia la biblioteca, pero la puerta se abrió de golpe. Me tiré al suelo y me metí debajo de una alfombra persa pequeña.

Solo cubría mi torso; mis piernas y mi cabeza sobresalían como un sándwich de mercenario mal hecho. Kitty Pryde y Coloso entraron hablando.

-Te digo, Piotr, que vi algo morado en el jardín *decía Kitty mientras buscaba un libro* Parecía un casco.

-Tal vez sea el estrés por los exámenes Katya *respondió Piotr con su voz profunda.

Entonces sucedió. El gigante de metal caminó hacia el estante y, sin darse cuenta, plantó su bota de acero de cien kilos directamente sobre mi mano izquierda. Luego, al girarse, apoyó el peso sobre mi rodilla derecha.

¡CRACK! ¡SQUISH!

Mis ojos se salieron de las órbitas bajo la máscara. El dolor era un arcoíris de agonía. Quería gritar el nombre de todas las deidades conocidas, pero solo me salía un silbido sordo por la nariz mientras mis huesos se hacían puré bajo el metal ruso.

-¿Has oído eso? *preguntó Kitty* Como un... silbido.

-Es el viento en las tuberías congeladas *dijo Piotr, dándole un último apretón a mi mano antes de caminar hacia la salida* Vamos.

Se fueron. Salí de debajo de la alfombra como un acordeón roto. Mi mano parecía un panqueque de carne.

-¡Maldito... refrigerador... soviético...! *gemí mientras mis huesos crujían volviendo a su lugar*

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El pasillo es blanco, aséptico y huele a tecnología de miles de millones de dólares. Estoy parado justo frente a la imponente puerta circular de Cerebro. Sobre mi hombro, cargo una bolsa de lona gigantesca, del tamaño de un hombre adulto y tiene una forma sospechosamente bultosa.

Dejo caer la bolsa al suelo con un ¡THUD! sordo y pesado que hace vibrar el piso de metal. Se escucha un quejido muy apagado venir del interior, o quizás fue solo el roce de la tela contra el suelo.

Me quedo esperando. Un segundo. Dos segundos.

 ...

-¿Qué pasa? *pregunté, mirando hacia el techo* ¿No vas a preguntar? ¿Ni una duda? ¿Ni un "Oye Wade, cómo rayos atravesamos tres niveles de seguridad, ascensores con código y patrullas láser cargando un bulto que pesa más que el ego de Scott Summers"?

(Suspiro largo y cansado) ¿Para qué? ¿Para que me digas que hiciste un truco de magia con un unicornio y una licuadora? No va a tener sentido. El guion simplemente te puso aquí porque el escritor es demasiado vago para entrar en detalles. Me rindo, Wade. Haz lo que tengas que hacer.

-¡Ese es el espíritu! *me reí, dándole una palmadita a la puerta metálica* Aún tienes mucho que aprender sobre cómo funciona este negocio, pequeño saltamontes. La continuidad es para la gente aburrida que no tiene un presupuesto que cuidar, no para gente que lee un fanfic en una pagina de dudosa reputación

Me acerqué al panel del escáner ocular.

-Bien, hora de entrar en la sala de juegos del calvo *dije, mientras mis manos empezaban a abrir la cremallera de la gran bolsa con una sonrisa de oreja a oreja* El escáner pide una retina original de Xavier... y yo siempre traigo lo mejor de lo mejor para mis fans. ¡Ciencia aplicada, nena!

Mis manos terminaron de bajar la cremallera de la bolsa con un sonido metálico y satisfactorio. Con un esfuerzo digno de un levantador de pesas olímpico, agarré lo que había dentro y lo saqué arrastrando por el suelo de metal.

Charles Xavier. Inconsciente, con el traje impecable ligeramente arrugado y un chichón del tamaño de una pelota de golf brillando justo en el medio de su frente calva.

¡¿WADE?! ¡¿QUÉ HAS HECHO?! ¡¿Has secuestrado y dejado inconsciente al psíquico más poderoso del planeta?! ¡Al líder de los X-Men! ¡Al hombre que tiene un botón para freírnos el cerebro desde el otro lado del mundo! ¡Estamos muertos! ¡No, peor que muertos! ¡Magneto nos va a usar de imán y los X-Men nos van a desintegrar!

-Ay, por favor, ¡cuánta negatividad! *dije, desestimando sus gritos con un gesto de la mano* Relájate, Vocecita. Soy el mejor amigo de Logan. Bueno, él dice que me odia y me ha apuñalado treinta y siete veces este mes, pero en lenguaje de "tipo duro" eso significa que somos inseparables. Me lo perdonarán. Es una travesura navideña, como ponerle sal al café.

Me puse de rodillas junto al Profesor. Con una mano le sostuve la cabeza (que, por cierto, está muy bien pulida) y con la otra usé mis dedos para abrirle el párpado derecho de par en par.

-¡Arriba, Charles! ¡Mira hacia la luz roja! *exclamé, levantando su cuerpo lánguido frente al sensor.

El rayo láser del escáner barrió el ojo de Xavier, que se movía un poco por el estado de inconsciencia.

-Identidad confirmada. Bienvenido, Profesor Xavier. Acceso concedido.

Las puertas hidráulicas de Cerebro se deslizaron con un siseo imponente, revelando la pasarela que llevaba al centro de la esfera.

-¡Ábrete, Sésamo! *grité, soltando el cuerpo de Xavier sin ninguna delicadeza.

El Profesor cayó seco contra el suelo (¡CLONK!), su cabeza rebotando ligeramente en el metal.

-¡Te lo dije! solo contacto humano de calidad *dije, saltando por encima de él para entrar en la sala* Ahora, a buscar a ese gordo mutante que me debe una bicicleta. Charles, quédate ahí, no te muevas... oh, espera, ¡es un chiste de humor negro porque no puedes caminar! Ay ¡Soy una mala persona!

Entré en la sala de Cerebro, donde las luces empezaron a encenderse una a una, reflejándose en el casco de Magneto que todavía llevaba puesto.

Caminé por la pasarela de metal hasta llegar a la terminal central. Todo era brillante, azul y muy, muy caro.

-A ver, a ver... Busquemos a un sujeto gordo, con barba, que vive en el frío y tiene poderes de nivel Omega...

Mis dedos enguantados volaron sobre el teclado táctil. Archivos pasaban a toda velocidad: "Mutantes en Hawái", "Mutantes que parecen muebles", hasta que finalmente...

-¡Jackpot! ¡Premio para el mercenario con el casco robado! *grité frente a la pantalla.

Un mapa holográfico se desplegó, señalando un punto exacto en el Polo Norte junto a coordenadas. Santa Claus estaba ahí, probablemente engordando a base de leche y galletas.

Felicidades, ya tienes la ubicación. Ahora, ¿podemos hablar de lo importante? ¿Cómo demonios piensas salir de aquí? Charles está tirado en la puerta, los X-Men deben estar a punto de descubrirnos y estamos en el sótano más vigilado del mundo. No hay forma de que...

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En algún lugar sobre el Círculo Polar Ártico

-🎶 ¡Noche de paz, noche de amor, Santa Claus morirá con dolor! 🎶 *cantaba a todo pulmón mientras pilotaba el Blackbird, el jet supersónico de los X-Men, a través de una tormenta de nieve.

 ¡Basta! ¡Me niego! ¡Esto es un insulto a la narrativa! ¡¿Cómo pasamos de estar encerrados en Cerebro a estar volando el jet más avanzado de la Tierra?! ¡Usar este recurso tantas veces ya pierde la gracia, Wade! ¡Es perezoso!

-¡Lo sé, lo sé! *dije, moviendo los controles mientras el jet vibraba por las turbulencias* Tienes toda la razón, Vocecita. Yo también esperaba una escena de acción coreografiada, tal vez una persecución en los túneles o yo usando a Charles como escudo humano mientras salto por una ventana... ¡pero el escritor no quiere pensar!

Me encogí de hombros, mirando directamente a la cámara 

-A ver, chicos, entiendan. Escribir una fuga ingeniosa toma tiempo, café y neuronas. Y el tipo que teclea esto solo quiere llegar a la parte donde le disparo a un reno. Así que, ¡disfruta el viaje! ¡Es un salto temporal de cortesía!

¡Eres un desastre y este especial de Navidad va a terminar en desastre!

-Pero será un desastre que apreciare en mi corazoncito *respondí, viendo cómo el sensor del jet empezaba a pitar* ¡Miren eso! El radar detecta una estructura sobre la nieve. Una fábrica gigante con forma de bota.

El cristal del Blackbird estaba empezando a congelarse, pero no me importaba. Tenía la calefacción al máximo y el radar fijado en la cúpula gigante que acababa de aparecer entre la nieve.

Era una estructura magnífica, con torres que parecían bastones de caramelo y luces que harían llorar de envidia a Las Vegas.

-🎶 ¡Feliz Navidad, próspero año y felicidad! ¡Te traigo misiles, te traigo disparos y mucha maldad! 🎶 *cantaba mientras mis dedos bailaban sobre el panel de control de armas del jet de los X-Men.

 ¡Wade! ¡No puedes simplemente bombardear el Polo Norte! ¡Hay elfos ahí abajo! ¡Hay especies en peligro de extinción! ¡Hay... hay leyes internacionales!

-¿Leyes? ¿En el Polo Norte? Aquí el único que manda es el que tiene el arma más grande, ¡y resulta que yo tengo un Jet de combate con capacidad nuclear! *Me reí como un auténtico maníaco, con la baba mojando un poco la parte interna de mi máscara* ¡Mira esto! ¡Es como un videojuego, pero con mejores gráficos y consecuencias reales!

Mis pulgares presionaron los botones rojos del mando.

¡FWOOOOOSH! ¡FWOOOOOSH!

Dos misiles de largo alcance salieron disparados desde las alas del Blackbird, dejando estelas de humo blanco contra el cielo ártico. Impactaron directamente en la entrada principal, una puerta de madera de roble de diez metros de altura, reduciéndola a astillas decorativas en un segundo.

-¡Y eso es solo el aperitivo! *grité.

Activé los cañones láser de la panza del jet. Empecé a sobrevolar la fábrica en círculos, disparando ráfagas rojas que perforaban el techo y hacían estallar las chimeneas.

-¡Toma esto por la bici!

¡RATATATATA!

-¡Esto por los calcetines con dibujos de renos!

¡BOOM!

-¡Y esto por las galletas de avena! ¡Nadie quiere galletas de avena, gordo mentiroso!

¡Vas a derretir los glaciares! ¡Wade, detente! ¡Estás masacrando la Navidad!

-¡No es masacre, es reestructuración empresarial agresiva! *respondí, mientras hacía un giro de barril y lanzaba una ráfaga de ametralladora contra el establo de los renos (espero que Rudolph tenga un buen seguro de vida).

El cielo se llenó de explosiones de colores. La nieve blanca ahora estaba cubierta de fuego, metal negro y purpurina mágica que salía de los talleres destruidos. Era hermoso. Era caótico. Era... muy ruidoso.

De repente, una luz dorada y cegadora surgió del centro de la fábrica destruida. Una onda expansiva de energía pura golpeó el Blackbird, haciendo que todos los sistemas empezaran a pitar como locos.

-¡Uy! Creo que despertamos al jefe *dije, tratando de estabilizar el jet mientras el motor izquierdo empezaba a escupir chispas* ¡Sujétate bien, Sparklebutt! 

El Blackbird estaba envuelto en llamas. El ala derecha se había desprendido tras el impacto de la luz dorada y el tablero de instrumentos parecía un árbol de Navidad con un cortocircuito. Alarmas de "¡VAS A MORIR!" sonaban en tres idiomas diferentes.

¡BIP! ¡BIP! ¡BIP!

¡WADE! ¡WADE, REACCIONA! ¡El suelo se acerca a 400 kilómetros por hora! ¡Haz algo! ¡Eyecta el asiento! ¡Usa un paracaídas! ¡Pide ayuda a Disney! ¡CUALQUIER COSA!

-Naaa... tranqui *dije, recostándome en el asiento del piloto y cruzando los brazos con total calma mientras veía los pinos nevados hacerse cada vez más grandes en el parabrisas* Ya conocemos el truco. Ahora habrá un corte de escena, la pantalla se pondrá en negro y, ¡ZAS!, apareceré en el suelo, sacudiéndome la nieve del hombro y soltando una frase épica antes de entrar a patearle el trasero al barrigón. Confía en el proceso.

Pasaron cinco segundos. El jet empezó a vibrar de forma violenta. El suelo estaba a menos de cien metros.

 Wade... no hay corte. El suelo sigue ahí. Y está MUY duro. ¿Wade?

-Eh... sí, se está retrasando un poco *dije, empezando a sudar bajo la máscara. Miré directamente a la cámara* ¡Oye! ¡Tú, el que escribe! ¡Te he aguantado toda la flojera narrativa de este capítulo! Te dejé saltarte el robo del helicóptero, la infiltración en la mansión y el escape de Cerebro porque "no tenías ganas de pensar". ¡Pero ahora te necesito, maldito gordo perezoso! ¡HAZ EL CORTE! ¡MUEVE TUS DEDOS Y PONNOS EN LA NIEVE YA!

Nada. El jet perdió las alas, y partes de la estructura de desprendían en la caída.

¡CRASH!

-¡Oh, no puede ser! *Agarré la cámara con ambas manos, pegándola a mi máscara* ¡LECTORES! ¡Si me escuchan, por favor, escriban en los comentarios! ¡Díganle que haga algo! ¡Voten por mi supervivencia! ¡No dejen que termine así, estampado como un mosquito en un parabrisas ártico! ¡POR EL AMOR DE CUALQUIER DIOS QUE TENGA LOS DERECHOS DE AUTOR...!

El suelo estaba a diez metros.

-ESCRITOR DE MIERRRRRRR...!

¡¡¡BOOOOOOOOOOOOOOM!!!

Una explosión masiva iluminó el Polo Norte. El Blackbird se convirtió en una bola de fuego, chatarra y restos de licra roja esparcidos por kilómetros.

(Desde los restos humeantes) Bueno... al menos... ya no hay... cortes...

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POV LEGION

El silencio del Ártico es un bálsamo para mi mente. Sentado en un iceberg gigante, disfrutaba del paisaje. El aire gélido, el azul intenso del hielo... era el lugar perfecto para un picnic.

Justo cuando le daba el primer mordisco, los sensores de mi casco táctico empezaron a emitir un pitido estridente.

-¿Qué demonios...? *murmuré, levantando una ceja.

En mi visor se desplegó una lectura de energía térmica y cinética fuera de los gráficos. Las coordenadas apuntaban al corazón del Polo Norte. Dejé el sándwich a un lado (muy a mi pesar) y saqué de mi espalda mi patineta voladora. Salté sobre ella y salí disparado hacia la señal.

¿Por que la patineta? Me inspire en la que Tetrax le regalo a ben, tarde varios días en aprender a usarla...y muchos golpes

A medida que me acercaba, la escena que se dibujaba en el horizonte era pura demencia. A lo lejos, pude ver el perfil inconfundible de un Blackbird sobrevolando una estructura que parecía una fábrica de juguetes de escala industrial. Y aun mas extraño, estaba bombardeando el lugar con todo su arsenal.

En ese momento, algo hizo click en mi cabeza.

Espera un segundo...con tantas cosas me olvide de verificarlo, pero Santa Claus no es un cuento para niños en el universo Marvel. Es real. Es un mutante de nivel Omega (o al menos esta muy cerca) posiblemente uno de los más poderosos registrados. Pero eso solo hacía que la escena fuera más absurda.

-¿Por qué los X-Men estarían atacando a Santa? *me pregunté en voz alta* No tiene sentido.

De repente, de entre las ruinas de la fábrica, surgió un enorme rayo de energía dorada. Fue un disparo limpio y masivo que golpeó de lleno la panza del jet. El Blackbird perdió la estabilidad al instante, comenzó a arder y cayó en un picado mortal.

¡¡¡BOOOOOOOOOOOOOM!!!

El impacto contra el suelo generó una bola de fuego masiva. La onda expansiva me alcanzó segundos después; tuve que bajarme rápidamente de la patineta y plantar los pies en la nieve, cruzando los brazos para resistir la presión.

Cuando el estruendo amainó, me quedé mirando la columna de humo negro que subía hacia el cielo.

-Pero qué mierda... *solté, recuperando el aliento.

Me subí de nuevo a la patineta y aceleré hacia el lugar. Si Santa había respondido con esa potencia, quienquiera que estuviera en ese avión acababa de firmar su sentencia de muerte. Tenía que ver quién era el loco responsable de este desastre.

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POV DEADPOOL

Salí de entre los restos humeantes del Blackbird, arrastrándome sobre un solo codo mientras el otro brazo todavía parecía un espagueti de carne regenerándose a toda velocidad. Escupí un trozo de turbina y busqué a tientas mis katanas.

-¡Maldito... escritor... de pacotilla! *gruñí, mientras mi fémur hacía un ruido de "click" al encajarse en la cadera* ¡Elegiste el momento justo para el corte, ¿verdad?! ¡Tuviste que esperar a que me hiciera puré para darle drama a la escena! ¡Espero que se te reinicie la pagina antes de guardar el texto, sádico de los párrafos!

¡Wade, olvídate del escritor! ¡Acabamos de estrellar un jet de diez mil millones de dólares contra la casa de una leyenda! ¡Mi presión arterial mental está por las nubes!

-¡No me hables de dinero! *Logré ponerme de pie. Mi traje estaba hecho jirones, dejando ver parches de piel quemada que burbujeaban mientras se curaban* ¡Logan me lo descontará de mi tarjeta de puntos de "Mejores Amigos"!

Agarré mi mochila de armas y miré a mi alrededor. A través del fuego, vi a pequeños elfos corriendo de un lado a otro, gritando en un idioma que sonaba a cascabeles. De repente, el aire se volvió pesado. El fuego de los restos del jet se inclinó hacia un lado como si una presencia masiva estuviera absorbiendo el oxígeno.

-¡Ho... Ho... Ho...!

La risa no era alegre. Era profunda, vibrante y cargada de una autoridad que hacía que mis huesos recién curados quisieran volver a romperse. De entre el humo negro, emergió la figura.

-Wade Wilson... *dijo Santa, su voz retumbando en mi pecho* Te has portado muy mal. He vigilado tu ficha durante años. He visto las masacres, los chistes sobre partes íntimas, las chimichangas robadas... pero nunca creí que llegarías al punto de atacarme. Eso me apena, hijo mío. Fuiste un niño tan bueno en tu juventud...

¡Wade, escucha! ¡Se siente decepcionado! ¡Quizás si nos disculpamos y prometemos ir a terapia de grupo con los X-Men nos deje vivir! ¡Pide clemencia!

-¡¿Pedir clemencia?! *grité, terminando de ajustar mi máscara rota* ¡No me vengas con ese tono paternalista de película de Disney, gordo! ¡¿Sabes qué me apena a mí?! ¡¿Sabes qué rompe mi corazoncito de mercenario?! ¡Esa bicicleta Schwinn roja de 1985! ¡Me porté bien todo ese año, no mordí a nadie en el recreo, y tú me trajiste unos CALCETINES DE LANA, gordo estafador!

Me puse en posición de combate, sacando las katanas con un giro dramático mientras el acero brillaba con el reflejo de los incendios.

-Ahora estoy completo, mi cutis está radiante y tengo una mochila llena de cosas que hacen "bum". Me pagan una fortuna por tu cabeza, pero ¿sabes qué? Al diablo con el dinero. Esto es personal, gordinflón. ¡Voy a convertir tus renos en hamburguesas de cuarto de libra!

¡Estás loco! ¡Es un mutante de nivel Omega! ¡Nos va a borrar de la existencia y ni siquiera el factor de curación podrá encontrarnos! ¡CORRE!

-¡POR MI BICICLETA, MALDITO BARRIGÓN! *grité mientras me lanzaba por el aire, cruzando mis katanas para un tajo en X hacia su cuello.

Santa se movió con una agilidad que desafiaba todas las leyes de la física y el colesterol. Bloqueó mis hojas con un martillo de guerra gigantesco hecho de caramelo endurecido (quien sabe de donde demonios lo saco). El impacto hizo que mis muñecas vibraran hasta los hombros.

-¡Wade, en 1994 le prendiste fuego al gato del vecino! *tronó Santa, devolviéndome el golpe con el mango del martillo, lanzándome hacia atrás como si fuera un saco de papas.

-¡EL GATO ERA UN ESPÍA DE HYDRA, LO SABÍAS! *respondí mientras caía de espaldas, sacando dos subfusiles de mi mochila y vaciando los cargadores* ¡Me porté TAAAAAN BIEN ese año! ¡Ayudé a una anciana a cruzar la calle!

¡Wade, la anciana no quería cruzar! ¡La llevaste a rastras tres manzanas mientras ella te pegaba con el bolso! ¡Y mira eso... los proyectiles se están convirtiendo en... ¿Burbujas?!

Efectivamente, mientras disparaba, Santa agitó su mano libre y las balas de 9mm se transformaron en delicadas burbujas de jabón con aroma a pino.

-¡En 1999 pediste un lanzacohetes y te traje un set de Lego de la estación de bomberos para que aprendieras el valor de la construcción sobre la destrucción! *dijo Santa, avanzando con pasos que hacían temblar el suelo.

-¡ERA UN SET DE 4 A 7 AÑOS Y YO TENÍA VEINTITANTOS! ¡ME SENTÍ INSULTADO INTELECTUALMENTE! *rugí, lanzándole tres granadas a la cara.

Santa usó su martillo como si fuera un bate de béisbol, haciendo rebotar dos de las granadas hacia el horizonte. Sin embargo, mi tercera granada fue una trampa: la solté directamente entre sus botas.

-¡JA! ¡Cómete eso, barbudo! *grité, cubriéndome los ojos.

Santa miró la granada. Justo antes de que explotara, la tomó con una mano. El metal se volvió marrón y la anilla se transformaba en una chispita de chocolate.

¡CRUNCH!

Santa se comió la "granada-galleta" y se frotó la panza, soltando un eructo que olía a canela.

-Demasiada sal, Wade. Como tu actitud. El carbón de 2005 te lo ganaste por ese incidente con la piscina de pelotas y el orfanato. No intentes negarlo.

Tiene razón, Wade. Lo del orfanato fue indefendible. Incluso para nosotros. ¡Y ahora viene hacia acá con el martillo levantado!

-¡ERA UNA CUESTIÓN DE HONOR! *grité, sacando un lanzallamas* ¡Si no me das mis regalos de los últimos treinta años, voy a derretir este lugar hasta que solo quede un charco de agua sucia y duendes ahogados!

Lancé una llamarada masiva, pero Santa simplemente sopló, creando una ráfaga de viento ártico que congeló el fuego en el aire. Se detuvo a unos metros de mí, mirándome con una severidad paternal que daba más miedo que sus poderes.

-Wade Wilson... lo que necesitas no es un regalo, sino disciplina *sentenció Santa, levantando su mano, que empezó a brillar con una luz blanca pura* Un castigo a la altura de tus fechorías.

-¡Eh! ¡No! ¡Nada de disciplina! ¡El tiempo fuera es para los perdedores! *grité, intentando sacar mis piernas del suelo, que empezaba a cubrirse de una capa de caramelo pegajoso* ¡Escritor, sácame de esta! ¡Corte de escena! ¡Corte de escena!

El caramelo caliente empezaba a subir por mis piernas, solidificándose como el cemento pero con olor a fresa. Yo pataleaba como un loco, sintiendo el pánico subir por mi garganta.

-¡No! ¡Espera! ¡Soy demasiado joven y guapo para morir convertido en una paleta gigante! *grité, forcejeando* ¡No quiero ser el postre de los elfos!

Santa detuvo el flujo de azúcar con un gesto suave. Me miró con esos ojos profundos y claros

-No vas a morir, Wade. Solo te quedarás quieto el tiempo suficiente para que la señora Claus te cuente cuentos y te enseñe sobre el espíritu de la Navidad y las buenas obras. Necesitas paz, no balas.

-¡¿Paz?! ¡¿Buenas obras?! *le reclamé con la voz quebrada por la rabia acumulada* ¡¿Dónde estabas tú cuando era un niño y el mundo me escupía en la cara?! ¡¿Dónde estaba la "leyenda" cuando más la necesitaba?!

Santa suspiró, y su aliento fue una brisa cálida en medio del frío.

-Wade... me encantaría ayudar a todos los niños del mundo con sus problemas. Pero soy solo un hombre. Un solo hombre no puede salvar el mundo ni estar pendiente de cada lágrima. Por eso, hace milenios, decidí ser una leyenda. Una que inspire a los niños a hacer el bien; para que al final del año sepan que, sin importar lo malo que haya sido el camino, si obraron con bien, todo habrá valido la pena.

Santa metió la mano en un bolsillo oculto de su traje rojo y sacó algo pequeño que brillaba con una luz tenue. Era un brazalete de plata, viejo y desgastado. Mis ojos se abrieron tanto que casi rompo la máscara.

-Ese... ese es... *mi voz se volvió un susurro.

Wade... es el brazalete que te dio tu madre cuando tenías cuatro años. Creíamos que se había perdido en aquel incendio...

-Sí, lo perdiste *asintió Santa con tristeza* Tu madre era una persona con muchos problemas. Ella te amaba, Wade, pero no podía estar contigo; por eso te abandonó. Yo lo sabía. Por eso te regalé este brazalete cuando eras solo un niño: para que recordaras su amor. Para que supieras que, a pesar de tanto mal en tu vida, había una persona que te amaba.

Santa miró la joya con una melancolía que me encogió el corazón.

-Lamentablemente... no fue suficiente. No pude evitar que el mundo te endureciera.

Me quedé helado. Ni siquiera la vocecita se atrevía a decir nada. Por primera vez en décadas, no tenía un chiste estúpido. Estaba ahí, frente al hombre que conocía mi mayor secreto.

Pero entonces, el aire se volvió pútrido.

De la nada, unas manos enormes y rojas, con garras negras como el carbón ardiente, brotaron de la nieve misma.

Eran garras de pesadilla que emanaban un calor infernal. Antes de que Santa pudiera reaccionar, las manos lo sujetaron con fuerza por las piernas y lo arrastraron hacia las profundidades de la tierra con una violencia inhumana.

-¡¿QUÉ?! *grité, recuperando el habla.

-¡WADE, AYU...! *fue todo lo que pudo decir Santa antes de desaparecer siendo tragado por la nieve

En el forcejeo, el brazalete voló por los aires y cayó sobre la nieve, justo frente a mí.

El caramelo que me aprisionaba se desvaneció y caí de rodillas.

Ignoré el cráter por el que se llevaron al Viejo. Ignoré las explosiones. Estiré mi mano temblorosa y tomé el brazalete. Al abrir el pequeño relicario que colgaba de él, leí las palabras grabadas:

"Para mi pequeño con amor, tu mami siempre te querra"

Me quedé mirando la inscripción en el metal desgastado, con los ojos empañados bajo la máscara. El silencio del Ártico se sentía más pesado que nunca, roto solo por el crepitar de los restos del Blackbird a lo lejos.

Wade... tal vez nos equivocamos. Santa no te regalaba aquello que querías... sino aquello que necesitabas. Los calcetines para el frío de las calles, los Legos para construir algo en lugar de romperlo... y esa pulsera para recordarte que no estabas solo en el mundo.

-He sido un idiota *susurré, apretando el brazalete contra la palma de mi mano* Un completo y absoluto imbécil. El panzón se preocupaba por mí, a su manera mágica y rara... y yo solo me concentré en la estúpida bicicleta que no llegó. Estaba tan ocupado odiándolo por lo que no me dio, que no vi lo que sí me entregó.

Me puse de pie lentamente. El resentimiento que había alimentado mi motor durante décadas se evaporó, dejando un vacío frío que solo podía llenarse con una cosa: redención.

Él sabía quién eras, Wade. Y aun así te guardó ese recuerdo. Pero ahora se lo han llevado. Algo muy oscuro acaba de secuestrar a la Navidad. ¿Qué vas a hacer ahora?

-Lo que mejor sé hacer, Vocecita. Voy a buscar a quien sea que se llevó a mi gordo favorito y voy a enseñarle por qué no se debe interrumpir una charla motivacional de Santa Claus.

En ese momento, un zumbido cortó el aire. Un sonido de estática y motores. Giré la cabeza rápidamente, con la mano en la empuñadura de mi katana, esperando más garras rojas.

Un chico bajito, de apenas 1.65m se dirigia hacia mi montado en una especie de tabla voladora, a solo unos pocos metros, bajó de un salto.

Observo a su alrededor mientras se acercaba a mi mientras guardaba su patineta en su espalda

-¡Vaya, pero si tenemos visita! *exclamé, envainando una katana* ¿Qué pasa, Umpa-Lumpa? ¿Te mandaron los X-Men para ver si ya terminé de romper sus juguetes o es que te escapaste de la fábrica de chocolate?

Legion se detuvo en seco y me miró fijamente.

-¿Cómo me has dicho? *preguntó, con una voz distorcionada que sonaba más confundida que ofendida a través del casco.

-Umpa-Lumpa *repetí, articulando bien las palabras* Ya sabes, ¿cantarín?, ¿piel naranja?, ¿bueno haciendo dulces?

Legion inclinó la cabeza hacia un lado, como un perrito tratando de entender un truco de magia.

-¿Por qué me dices así? *preguntó con curiosidad

-¡Porque eres chiquito como un Umpa-Lumpa, genio! *exclamé gesticulando con las manos* Casi te confundo con uno de los elfos de Santa, solo te falta el cascabel en la punta del sombrero 

Legion se quedó mirándome unos segundos, en silencio, probablemente preguntándose si el casco de Magneto me estaba friendo las pocas neuronas que me quedaban. Al final, simplemente negó con la cabeza y se dio la vuelta para ignorarme.

-Como sea... *murmuró* ¿Qué estas haciendo aquí Wade? ¿Dónde esta Santa?

-Primero: me ofende que me llames por mi nombre de pila, no somos tan íntimos enano *dije, acercándome al cráter y señalando hacia abajo* Y segundo: llegas tarde para la foto con el abuelo. Unas manos rojas gigantescas, tipo "manicura del infierno", acaban de arrastrar al gordo barrigón hacia las profundidades.

Legion se acercó, se agachó y empezó a golpear la nieve con los nudillos, como si buscara una puerta secreta.

-Pero... no hay nada aquí *dijo Legion, rascándose la cabeza* Debería haber un túnel o algo. ¿Cómo se lo llevaron si no hay un agujero? 

-¡Que no se desvaneció, renacuajo! *le grité, perdiendo la paciencia* ¡Te digo que unas manos lo agarraron! ¡Fue un secuestro en toda regla! Haz algo, transformate en un monstruo y busca a Santa

Legion se puso de pie, sacudiéndose la nieve de las rodillas 

-Escucha, Wade... no hay mucho que podamos hacer aquí *dijo el enano suspirando* Si esto es magia de la oscura, de esa que no deja huellas, no me sirve de nada ser un alienígena fuerte. Tendríamos que hablar con algún mago, un hechicero o alguien que sepa de dimensiones raras...

Pero antes de que pudiera terminar la frase, el suelo bajo nuestros pies vibró con un estruendo sordo.

¡VREEEEM!

Algo salió despedido desde el centro de la nieve a una velocidad absurda, como un proyectil disparado por un cañón de aire. El objeto (o la persona) voló por encima de nuestras cabezas y chocó contra una duna de nieve con un estruendo que levantó una nube blanca de diez metros.

El renacuajo y yo nos quedamos congelados por un segundo. Luego, corrimos hacia el lugar del impacto.

-¡Santa! *grité, tirándome de rodillas al llegar.

Era él. Pero no el Santa imponente de hace unos minutos. Estaba herido, con la barba chamuscada y llena de hollín. Le faltaba su abrigo rojo característico y su gorro; estaba solo con su túnica interior desgarrada, dejando ver unos brazos tatuados con antiguas

-¡Oh, por todos los chimichangas del mundo! ¡El panzón está muerto! *exclamé, entrando en pánico total* ¡Santa! ¡Háblame! ¡No te mueras ahora que me caes bien!

Legion no dijo nada. Se quedó de pie a un par de metros. Sus dedos se movieron con rapidez sobre su reloj, haciéndolo girar mientras su mirada pasaba del cuerpo de Santa al lugar de donde había salido despedido, esperando que algo más saliera de allí.

-¡Lo siento mucho, gordo! *empecé a ametrallar palabras a toda velocidad, mientras intentaba "limpiarle" la cara con mi guante sucio* ¡Perdóname por lo de las granadas, por lo de la lista de los traviesos, por esa vez que le puse laxante a las galletas en el 98! ¡No puedes morir! ¡Si te mueres, quién va a juzgar mi moralidad de forma arbitraria una vez al año! ¡Voy a darte respiración boca a boca!

-¡Wade! *tronó una voz profunda, aunque rasposa.

Santa me puso una mano enorme sobre el rostro, deteniendo mi histeria. Tosió un poco de humo y, con una dificultad evidente, empezó a incorporarse.

-No... no estoy muerto *dijo Santa, apretando los dientes mientras el dolor le cruzaba la cara.

Me apresuré a pasarle su brazo por encima de mis hombros para ayudarlo a levantarse. Se sentía pesado, como una montaña, pero había una urgencia en su mirada 

-Esa cosa... *susurró Santa, mirando hacia el lugar donde el suelo seguía vibrando* No buscaba matarme... buscaba lo que hay debajo de la fábrica. Wade, ayúdame a ponerme en pie. Esto no ha terminado.

Legion, sin dejar de mirar el dial, finalmente se detuvo en una silueta alienígena que brillaba con una intensidad verde esmeralda.

-Sea lo que sea que te lanzó de vuelta, Santa... viene hacia arriba *dijo Legion con voz firme* Y esta vez no va a usar guantes de seda.

De repente, el suelo no solo vibró, sino que se desgarró. Una grieta infernal, roja como la sangre hirviendo, se abrió paso entre la nieve.

De alli, empezaron a brotar docenas de diablillos. Eran criaturas deformes, chillonas, vestidas con harapos que imitaban juguetes: algunos llevaban cabezas de porcelana de muñecas a modo de cascos, otros tenían extremidades de resortes oxidados que hacían un ruido infernal al saltar.

Finalmente, dos manos colosales, con garras negras y venas que latían como ríos de lava, se aferraron al borde de la grieta.

Con un impulso violento, emergió una figura de dos metros y medio. Llevaba una versión andrajosa y tétrica del traje de Santa, pero donde debería estar su cara, solo había una máscara de madera vieja con la efigie de San Nicolás, dejando ver dos ojos que brillaban como carbones naranjas.

-¡¡¡KYAAAAAAAAAAAAAAA!!! *solté un grito tan agudo que los vidrios que quedaban en la fábrica estallaron* ¡¿PERO QUÉ COÑO ES ESA COSA?! ¡¿ES EL HIJO NO RECONOCIDO DE UN BALROG Y SANTA?!

Santa, haciendo un esfuerzo sobrehumano, extendió su mano. Con un silbido mágico, su martillo de guerra de caramelo voló hacia él, encajando en su palma con un golpe seco. El gordo ya podía moverse, y aunque estaba herido, se puso frente a nosotros.

-Es un antiguo demonio que se alimenta de la maldad y el resentimiento cada año *explicó Santa con voz grave* Muchos lo conocen como...

-KRAMPUS *rugió el demonio, y el aire alrededor se volvió gélido.

Legion soltó un bufido de frustración

-Genial... *masculló el enano* No estaba en mis planes de Navidad luchar contra el demonio de la navidad. Mi especialidad no son los exorcismos

Me puse en posición de combate entre el renacuajo y Santa, sacando mis katanas con un giro dramático.

-A ver, Panzón, ¿qué quiere el Cara de Madera? *pregunté sin quitarle la vista de encima.

-Quiere su verdadero rostro *susurró Santa, apretando el martillo* Está confinado en mi Bóveda de los Juguetes. Se lo arranqué en nuestra pelea final hace milenios para dejarlo ciego ante este mundo. Si logra recuperarlo, podrá viajar entre la Tierra y el Infierno sin complicaciones.

-Puedo entender el miedo por los Chitauri y eso, pero he estado en todo el mundo por meses y el mundo no esta...taaan mal *dijo Legion 

Santa miró el suelo, confundido y preocupado.

-No debería ser posible... El equilibrio no se ha roto a tal grado. A menos que algo... o alguien... haya servido de ancla desde este lado *Santa me miró de reojo, y luego al agujero* Pero ahora no hay tiempo para preguntas. ¡Si llega a la Bóveda, el mundo conocerá una Navidad eterna de sangre!

Krampus dio un paso al frente, y la nieve bajo sus pezuñas de cabra se tornó negra.

-¡MI ROSTRO! *bramó el demonio, señalando con su garra hacia las ruinas de la fábrica* ¡TRAIGAN MI ROSTRO!

La horda de diablillos-juguete se lanzó al ataque como una marea haciendo chocar sus extremidades de resorte.

-¡¡Nadie entra a la juguetería sin su ticket de preventa!! *rugí.

Saqué un RPG de mi bolsa y apreté el gatillo.

El cohete voló dibujando una estela de humo blanco y explotó justo en el centro de la vanguardia de los diablillos, mandando pedazos de madera, relleno de peluche y tripas de demonio en todas direcciones.

Aun así, los diablillos no dejaban de salir de la grieta

Santa, aprovechando el espacio que gané, plantó su martillo de caramelo en la nieve. Extendió sus enormes manos hacia la fábrica en ruinas y empezó a moverlas como si estuviera dirigiendo una orquesta invisible.

De repente, miles de cables de luces navideñas surgieron de la nada, entrelazándose a una velocidad vertiginosa. En segundos, una cúpula de energía centelleante, reforzada por focos que brillaban en rojo y verde, recubrió por completo la estructura de la fábrica, creando una barrera que hacía rebotar a los diablillos como si fueran pelotas de goma.

Legion se quedó con la boca abierta

-¡¿Oye?! *exclamó el Umpa-Lumpa, mirando la cúpula y luego a Santa* ¡¿Sabes hacer magia?! 

Santa, a pesar de sus heridas y del hollín en su barba, soltó una carcajada profunda 

-¡Ho, ho, ho! *rio el panzón, guiñándole un ojo a Legion* Santa tiene muchos trucos bajo la manga, muchacho. ¡No solo de galletas vive el hombre!

Lo admitire, eso fue genial. Pero mira a Krampus... no parece muy impresionado por la decoración exterior.

Krampus rugió de frustración al ver que sus esbirros no podían atravesar las luces mágicas. El demonio empezó a caminar hacia nosotros, arrastrando sus cadenas oxidadas que ahora brillaban con un fuego infernal.

-¡TU! *rugió el demonio mirando al panzón* ¡He pasado milenios encerrado en el infierno, pudriéndome, muriendo de hambre poco a poco mientras tú te atiborras de galletas y de la fe barata de los niños del mundo!

Krampus levantó sus garras, señalando hacia la barrera de luces.

-Ellos me pertenecen... ¡Sus almas, su terror, su creencia! ¡Todo me fue robado por tu falsa bondad! *el fuego naranja de sus ojos se intensificó hasta volverse blanco* Pero hoy eso se acaba. Hoy arrancaré tu magia de este suelo, y cuando termine contigo... ¡usaré tu piel como mi nuevo abrigo de Navidad!

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Krampus se lanzó en una carga ciega, sus pezuñas hendiendo el suelo congelado con cada zancada. Pero antes de que el demonio pudiera alcanzar la cúpula, una masa roja y colosal lo interceptó de lleno.

Cuatro Brazos frenó el ímpetu del demonio en seco. Sus cuatro manos se cerraron sobre los hombros y los cuernos de Krampus, los músculos de sus brazos tensándose como cables de acero mientras sus pies se hundían en la nieve por el esfuerzo.

-¿A dónde crees que vas? *gruñó Legion* No pienso dejar libre a ningún demonio en la Tierra, mucho menos uno que arruine la navidad

Krampus soltó una carcajada seca, un sonido de ramas quebrándose.

De las sombras bajo los pies de Legion, brotaron cientos de diablillos. Como una plaga de langostas, empezaron a trepar por el cuerpo del Tetramand, mordiendo y apuñalando su piel roja con sus pequeñas herramientas oxidadas.

Aunque la piel de Cuatro brazos era dura como el granito, la cantidad era abrumadora.

El alienígena soltó un rugido de molestia, tratando de sacudirse a los pequeños demonios mientras Krampus aprovechaba para empujar con redoblada fuerza.

Sin embargo, antes de que el demonio ganara terreno, Santa Claus intervino. Con una agilidad que desafiaba su tamaño, Santa plantó su martillo en la nieve para ganar equilibrio y, con un movimiento circular, lo estrelló directamente en el torso de Krampus.

El impacto fue masivo, enviando al demonio volando hacia atrás a gran velocidad.

Krampus rodó por la nieve y, al intentar ponerse de pie, bajó la mirada. Allí, entre sus pezuñas, parpadeaban cuatro granadas de fragmentación que Deadpool había deslizado con sigilo durante el caos.

-¡¡Regalito sorpresa, cara de leña!! *gritó Deadpool de fondo, celebrando con los brazos en alto.

¡¡¡KABOOM!!!

La explosión cuádruple envolvió a Krampus en una bola de fuego y metralla. Wade Wilson comenzó a bailar un zapateado de victoria, haciendo girar sus pistolas antes de guardarlas.

Krampus emergió lentamente del humo. Su máscara de madera estaba astillada y su pelaje humeaba, pero el fuego naranja de sus ojos era más brillante que nunca. Su mirada se clavó en la fábrica, luego en Santa, y finalmente en el Tetraman

-¡MI ROSTRO! *rugió Krampus, ignorando las heridas* ¡AUNQUE DEBA QUEMAR CADA REGALO Y CADA ALMA, LO RECUPERARÉ!

Sus ojos naranjas se encendieron con un brillo insoportable y, abriendo sus garras, liberó una colosal llamarada infernal.

El fuego no era naranja, sino de un violeta oscuro que impactó de lleno contra el pecho de Cuatro Brazos. El Tetramand rugió de dolor mientras era empujado varios metros hacia atrás, dejando surcos profundos en el hielo mientras intentaba cubrirse con sus cuatro extremidades.

Deadpool, viendo la oportunidad, saltó desde un costado con sus katanas en alto, buscando el cuello del demonio.

-¡Corten! ¡Toma dos y...!

No pudo terminar.

Con un movimiento casi imperceptible de su mano libre, Krampus lanzó un tajo de energía sombría.

El aire se rasgó y, en un parpadeo, el mercenario fue partido en tres piezas limpias. Su torso, sus piernas y su cabeza salieron despedidos en direcciones diferentes tiñendo la nieve de rojo 

Santa Claus aprovechó la distracción. Cayendo desde el cielo, descargó su martillo de caramelo hacia la cabeza de Krampus.

Pero el demonio reaccionó con una velocidad antinatural: invocó su propio martillo de hierro negro y espinas, chocando ambas armas en una explosión de chispas mágicas que hizo temblar los cimientos de la fábrica.

-¡Nunca permitiré que vuelvas a traer el caos a este mundo, criatura! *rugió Santa, apretando los dientes mientras sus brazos temblaban por el esfuerzo del choque.

Krampus soltó una carcajada que sonó como el crujido de un bosque quemándose.

-El mundo no me necesita para que el caos reine, Claus... *gruñó el demonio a pocos centímetros de su rostro* Yo solo soy el que se alimenta de él.

De repente, la máscara de madera se partió por la mitad, revelando una boca demoníaca desproporcionada, llena de filas de colmillos de obsidiana.

Sin previo aviso, exhaló una ráfaga de fuego fatuo directamente hacia Santa.

El Panzón reaccionó rápido, soltando su martillo para convocar un escudo rúnico a su alrededor, pero la potencia de las llamas era demasiada. El escudo estalló en mil pedazos de luz y el fuego alcanzó a Santa, hiriéndolo gravemente.

Krampus soltó una carcajada gutural, dando la espalda a sus oponentes caídos mientras caminaba con paso pesado hacia la cúpula de la fábrica.

Sin embargo, un estruendo sordo lo obligó a girarse justo a tiempo para ser golpeado de lleno por un iceberg masivo que Cuatro Brazos había arrancado del suelo y lanzado con todas sus fuerzas.

El impacto lanzó al demonio varios metros atrás, estrellándolo contra una saliente 

Cuatro Brazos avanzó con dificultad, jadeando; una quemadura oscura humeaba en su pecho rojo, pero sus cuatro ojos estaban fijos en el enemigo.

Se acercó a Santa, ayudándolo a incorporarse mientras Deadpool llegaba trotando, sacudiéndose la nieve de sus extremidades recién pegadas, que crujían mientras sus nervios terminaban de reconectarse.

-¡Oigan! *exclamó Wade, probando la movilidad de su cuello* ¿Quién dejó el lanzallamas en modo "extremo"? Casi pierdo mis partes nobles, y esas no se regeneran tan rápido

Santa se puso de pie con un esfuerzo monumental, apoyándose en su martillo. Su rostro estaba pálido y su aura dorada parpadeaba.

-Solo la magia de la Navidad podrá contra él *murmuró Santa con voz rasposa* Pero estoy muy débil... Mantener la cúpula y ese ataque sorpresa me han dejado sin aliento. Mis reservas están en el límite.

-Tiene que haber una forma, Santa, no podemos rendirnos *dijo el Tetramand con firmeza.

Santa miró su martillo y, de repente, una chispa de esperanza brilló en sus ojos. Una pequeña sonrisa, acompañada de un débil pero valiente "¡Ho, ho, ho!" escapó de sus labios.

-Tal vez... sí hay una forma *dijo Santa.

El anciano extendió sus manos y empezó a trazar runas de luz en el aire gélido.

Con un destello cegador, la nieve y el azúcar del martillo de caramelo se transformaron.

En las manos de Cuatro Brazos apareció un espadón de caramelo colosal, tan grande que necesitaba dos de sus cuatro manos para balancearlo, cuya hoja brillaba con una luz blanca pura.

Para Deadpool, Santa materializó dos katanas de acero navideño, con empuñaduras de acebo y hojas que emitían un calor reconfortante y sagrado.

-Estas armas están bendecidas con la esencia misma de la Navidad —declaró Santa, retrocediendo hacia la entrada de la fábrica—. Con ellas podrán herir su esencia demoníaca y derrotarlo. Yo debo quedarme atrás... debo mantener la barrera y guardar la poca energía que me queda para poder entregar los regalos cuando el sol salga. Si no lo hago, el sello se romperá para siempre.

Cuatro Brazos sopesó el espadón, sintiendo un extraño poder recorrer sus músculos.

Deadpool hizo girar sus nuevas katanas, que dejaban una estela de chispas verdes y rojas en el aire.

Ambos asintieron al unísono, posicionándose entre el demonio que se levantaba y el hombre que representaba la mismísima navidad

Krampus, recuperado del golpe del iceberg, rugió con un odio que hizo que la nieve a su alrededor se tornara negra.

Se lanzó hacia adelante como un vendaval de sombras, blandiendo su martillo de hierro espinado.

¡CLANG!

El choque inicial fue sísmico. Legion bloqueó el martillo de Krampus usando el lomo del espadón con sus dos brazos superiores, mientras que con los inferiores lanzó un puñetazo doble al estómago del demonio. Krampus aullo de dolor, pero devolvió el golpe con un cabezazo de sus cuernos que hizo retroceder al Tetramand.

-¡Su valor es tan caduco como sus festividades! *bramó el demonio.

-¡Pues mis suscripciones a revistas de adultos duran todo el año, idiota! *gritó Deadpool.

Wade se lanzó en una pirueta acrobática por encima de Legion, cayendo sobre los hombros de Krampus.

Empezó a apuñalar frenéticamente la unión del cuello y la máscara con sus katanas bendecidas. El acero sagrado emitía chispas blancas al contacto con la piel demoníaca, quemándola como hierro al rojo vivo.

Krampus soltó un alarido y agitó su cuerpo, logrando agarrar a Deadpool de una pierna y lanzándolo contra una roca con tal fuerza que el sonido de los huesos de Wade rompiéndose se escuchó en todo el valle.

-¡Sigo vivo! ¡Solo necesito un minuto para armar el Lego de mis costillas! *gritó Deadpool desde la nieve, retorciéndose mientras su factor de regeneración trabajaba a toda máquina.

Cuatro brazos no se quedo atrás.

Rugiendo, levantó el espadón y lanzó un tajo descendente. Krampus interpuso el mango de su martillo, pero la hoja de caramelo bendito cortó parte del metal oscuro.

El demonio respondió con una patada de sus pezuñas en el pecho de Legion, mandándolo a volar, y acto seguido exhaló una ráfaga de fuego fatuo.

Legion rodó por la nieve y se puso de pie rápidamente, usando el espadón para cubrirse de las llamas que lamían el aire.

-¡No pueden ganar!*rugió Krampus, invocando cadenas que empezaron a azotar el aire como látigos* ¡Este mundo es mío por derecho del miedo!

-¡El único miedo que tengo es que se acaben las chimichangas antes de que terminemos contigo! *intervino Deadpool, apareciendo de la nada y atacando los talones del demonio 

El combate se volvió un caos de luces y sombras.

El Tetraman atacaba con golpes pesados que hacían retroceder al demonio, mientras Wade se movía como un mosquito hiperactivo, recibiendo golpes que matarían a cualquiera solo para volver a levantarse segundos después con un chiste nuevo y un corte más profundo en la piel del demonio.

Krampus estaba siendo absolutamente abrumado.

El espadón de caramelo colosal en manos de Cuatro Brazos era un arma devastadora; Legion lo blandía con sus dos brazos superiores, trazando arcos de luz blanca que cortaban el aire y la piel del demonio con facilidad. Con sus dos brazos inferiores sujetaba el antebrazo de Krampus, impidiéndole usar su martillo de hierro con libertad.

-¡Siente el peso de la Navidad! *rugió Legion, descargando un tajo descendente que Krampus apenas logró desviar, perdiendo un trozo de su hombrera de hueso en el proceso.

Deadpool aprovechando que Legion mantenía al demonio ocupado en un forcejeo de fuerza bruta, atacando al demonio con sus katanas navideñas, deslizandose por debajo de las piernas de la bestia, cortando tendones y tendiendo trampas con su propio cuerpo.

En un momento, Krampus logró atrapar a Wade y lo estampó contra el suelo, pero el mercenario, con el brazo izquierdo colgando y varios huesos rotos, simplemente escupió sangre y volvió a saltar a la carga.

-¡Me encanta este juego! *gritó Deadpool mientras hundía una katana en el costado de Krampus* ¡Es como una piñata, pero con más gritos y menos dulces!

El intercambio era feroz. Cuatro brazos soltó un rugido y, usando la hoja plana del espadón como un mazo, golpeó el costado de la máscara de Krampus, astillándola.

El demonio, viendo que su resistencia física estaba llegando al límite y que el acero sagrado le quemaba, dio un pisotón desesperado que levantó una columna de hielo negro, alejando a sus atacantes.

Jadeando, con el lodo negro goteando de sus múltiples heridas, Krampus invocó un escudo de obsidiana. Una burbuja de sombras sólidas lo rodeó, protegiéndolo de los ataques.

-¡Es inútil! *se burló el demonio desde el interior, con la voz distorsionada* La magia del viejo está por agotarse, y cuando mis diablillos consigan mi rostro, ¡ya nadie podrá pararme!

Legion no retrocedió.

Se plantó frente al escudo y empezó a golpear la superficie con el espadón de caramelo, cada impacto emitía un destello dorado que hacía temblar la barrera. Wade se puso a su lado, buscando desesperadamente una grieta.

-¡Hay que romper esto antes de que Santa se debilite más! *exclamó Legion, concentrando toda su fuerza en un nuevo impacto del espadón.

Deadpool, viendo que el escudo era demasiado resistente para un ataque frontal, se pegó a la superficie oscura y miró a Krampus a los ojos.

-Oye, peluche de pesadilla...*dijo Wade con un tono burlón* ¿Quieres ver un truco de magia?

Krampus frunció el ceño tras su máscara rota.

No entendía de qué hablaba el loco de rojo, pero de pronto, sintió un dolor agudo y humillante.

Una mano cortada de Wade, que había quedado olvidada entre la nieve en algún momento del combate, se había arrastrado por la nieve y ahora apretaba sus partes nobles demoníacas con fuerza 

-¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH!!! *el grito de Krampus fue un alarido de agonía pura.

La concentración del demonio se hizo añicos. El escudo de obsidiana parpadeó y se llenó de grietas masivas.

-¡¡¡AHORA!!! *gritó Deadpool.

Legion rugió, levantando el espadón con sus cuatro brazos para un golpe final, mientras Wade preparaba sus katanas para rotar como una licuadora humana.

¡CRACK!

El espadón atravesó el escudo de sombras como si fuera papel y se hundió profundamente en el pecho de Krampus. Al mismo tiempo, Deadpool, rotando sobre su propio eje, cruzó sus dos katanas navideñas a través del cuello del demonio.

El tiempo pareció detenerse por un instante.

Una luz blanca y pura, el centro mismo de la magia de la Navidad, empezó a brotar de las heridas de Krampus, devorando la oscuridad de su cuerpo. El demonio soltó un último alarido de agonía mientras su forma física se desintegraba.

-¡ESTO... NO... HA... TERMINADO! *alcanzó a rugir la criatura antes de estallar.

¡BOOM!

Krampus se disolvió en una colosal nube de humo negro y denso.

Como si un imán gigante hubiera sido activado en las profundidades del abismo, el humo salió disparado hacia la grieta dimensional que se había abierto en el suelo.

La fuerza de succión fue tan potente que los cientos de diablillos que asediaban la cúpula de la fábrica perdieron su fuerza convirtiéndose también en sombras que fueron arrastradas al infierno

Con un estruendo metálico que hizo eco en todo el Ártico, la grieta se cerró de golpe, sellándose con una capa de hielo sagrado que Santa Claus reforzó con un último gesto de su mano.

Legion cayó de rodillas, soltando el espadón justo cuando el Omnitrix emitía su pitido final y lo devolvía a su forma humana. A su lado, Deadpool se desplomó en la nieve, mirando al cielo mientras su mano regenerada finalmente se reunía con su brazo.

-Bueno... *jadeó Wade, soltando una risita cansada* Eso fue mucho más efectivo que un calcetín lleno de carbón.

Santa Claus, apoyado en la entrada de su taller, suspiró con un alivio que parecía quitarle mil años de encima.

La Navidad estaba a salvo.

Santa Claus se acercó a los héroes con paso lento, su pesada bota hundiéndose en la nieve ahora limpia.

El aura dorada que siempre lo rodeaba brillaba con una intensidad renovada. Se detuvo frente a ellos y, con una mirada llena de gratitud, extendió sus manos.

-Gracias, jóvenes *dijo Santa con su voz profunda y cálida* La Navidad está a salvo gracias a su valentía. No solo han protegido mi taller, sino la ilusión de millones de personas en todo el mundo.

Legion, todavía recuperando el aliento tras volver a su forma humana, se sacudió la nieve de la ropa y le restó importancia con un gesto 

-No hay por qué agradecer, Santa. Fue un honor ayudar, y más tratándose de usted *respondió con una sonrisa sincera.

Deadpool, en un arrebato de emoción pura, no pudo contenerse. Se lanzó hacia el anciano y le dio un abrazo de oso tan fuerte que casi lo deja sin aire.

-¡Lo siento mucho, Gordis! *exclamó Wade con la voz entrecortada por la máscara* Siento lo de la lista, lo de las chimichangas que me robé en el 98, y lo de intentar demandarte por no traerme lo que pedí. ¡Fui un idiota!

Santa soltó una carcajada vibrante

-"¡Ho, ho, ho!"

Correspondió el abrazo con palmaditas afectuosas en la espalda del mercenario.

-Está bien, Wade, está bien *dijo Santa con dulzura* Tal vez esta experiencia te haya enseñado algo importante. Reconocer los errores propios es, de hecho, el primer paso hacia la redención. Y por eso... tengo algo para ti.

Wade se separó, ladeando la cabeza con confusión.

-¿Para mí? ¿Un carbón con forma de perdón?

-No exactamente *sonrió Santa, señalando hacia las grandes puertas de madera del taller que se abrían lentamente.

Desde la penumbra del taller, una bicicleta brillante avanzó sola hacia ellos. Era exactamente la que Wade tanto había deseado desde niño: con colores vibrantes, una canastilla perfecta y ese brillo de juguete nuevo que solo la magia del Polo Norte puede dar.

-¡¡¡NO... PUEDE... SER!!! *gritó Deadpool de pura emoción infantil* ¡Es la Schwinn roja del 85! ¡La que tenía el manubrio perfecto y los neumáticos de cara blanca! ¡Santa, juré que me habías puesto en la lista negra de por vida por lo que le hice a aquel centro comercial!

Se lanzó sobre ella como si fuera un tesoro sagrado. Acarició el cuadro metálico, comprobando que no tenía ni un solo rasguño, y se montó en ella con una agilidad que casi lo hace caer de espaldas por la emoción.

-¡Mírenme! ¡Soy como Elliott en E.T ¡Tengo una Schwinn legítima, nena! *exclamaba mientras empezaba a pedalear como un desquiciado por toda la explanada nevada, haciendo sonar la campana con un tintineo metálico perfecto y derrapando sobre el hielo mientras las serpentinas (que él juraba que estaban ahí) ondeaban en su imaginación.

Santa observaba la escena con una sonrisa paternal, viendo cómo el mercenario se convertía en un niño en cuestión de segundos.

-Te la debían desde hace mucho tiempo, Wade *dijo Santa con calma* Una recompensa justa por defender la esencia de esta noche.

Legion miraba a Wade dar vueltas y vueltas, haciendo caballitos en la nieve con la bicicleta vintage.

No sabia muy bien que pensar, el solo quería almorzar mientras observaba el polo norte y de alguna forma termino peleando contra Krampus junto a Santa Claus y Deadpool...Realmente, la Navidad tenía formas muy raras de sorprenderte

Santa se volvió hacia Legion, quien observaba con una mezcla de diversión y cansancio las piruetas de Wade sobre su nueva bicicleta.

El hombre de rojo conjuro una bufanda de lana roja, tejida con un patrón intrincado que parecía brillar débilmente con luz propia.

-Para ti, joven héroe *dijo Santa, extendiéndola con ambas manos* Es un regalo pequeño, pero está cargada de calidez eterna. Admiro profundamente lo que has estado haciendo; te he estado observando todo este tiempo. Me alegra saber que, en un mundo que a veces parece tan oscuro, hay alguien más dándole esperanza a los demás.

Legion, sorprendido por la solemnidad del momento, aceptó el regalo con una sonrisa respetuosa.

Al ponérsela alrededor del cuello, sintió una calidez reconfortante que no solo le quitaba el frío del Ártico, sino que parecía aliviar levemente sus preocupaciones

-Gracias, Santa *respondió Legion con sinceridad* Significa mucho viniendo de usted.

Santa lo miró fijamente a los ojos por un momento, con una expresión de sabiduría infinita.

-Sabes... *continuó el anciano en voz baja* hay algo que siempre me causó curiosidad. No sé exactamente qué te sucedió, pero hace un tiempo, de un momento a otro, dejaste de ser un niño. No conozco la razón oculta, tal vez tenga algo que ver con ese extraño reloj que llevas en la muñeca... pero quiero decirte que me alegra que te hayas recuperado.

Legion se quedó helado por un segundo.

El asombro se reflejó en su rostro al darse cuenta de que Santa, de alguna manera, había percibido el cambio en su existencia

Tras un breve silencio, Legion asintió lentamente

-A sido difícil pero...debía hacerlo *murmuró Legion* El mundo no espera a que estemos listos.

Santa le dio una palmada afectuosa en el hombro, reconociendo el sacrificio que conllevaba el proteger a los demás.

Santa dio un fuerte aplauso que resonó como un trueno alegre en todo el valle.

Al instante, las grandes puertas de la fábrica se abrieron de par en par y cientos de elfos salieron en un despliegue de eficiencia mágica. Algunos corrieron hacia los establos para preparar a los renos; Deadpool, al verlos, bajó de su Schwinn y corrió a acariciarlos con la ternura de un niño, dejando que los animales le olisquearan la máscara.

Otros elfos trajeron un traje nuevo y reluciente para Santa, quien en cuestión de minutos ya lucía su icónico abrigo rojo, impecable y majestuoso.

El trineo, una obra de arte de madera tallada y oro, fue colocado en la pista de hielo, con una bolsa de juguetes tan inmensa en la parte trasera que parecía desafiar las leyes de la física. Mientras tanto, el resto de los elfos trabajaba a toda velocidad, limpiando los restos de la batalla como si nada hubiera pasado.

Santa subió al trineo, tomó las riendas y luego se detuvo. Miró a los dos héroes que lo observaban desde la nieve y soltó una sonrisa cómplice.

-Saben... tengo mucho camino por recorrer y el tiempo apremia. Tal vez necesite algo de ayuda extra este año *dijo Santa guiñándoles un ojo.

Legion y Deadpool intercambiaron una mirada rápida.

Wade, con una alegría desbordante, no esperó ni un segundo; dio un salto acrobático y aterrizó en el asiento trasero del trineo, abrazando su Schwinn del 85 contra su pecho.

Legion, aunque negó con la cabeza ante la locura de su compañero, no pudo ocultar su sonrisa. Se ajustó la bufanda roja que Santa le había regalado y subió con calma al lado del viejo San Nicolás.

-¿Seguro que llegaremos a tiempo a todo el mundo? *preguntó Legion, mirando el reloj en su muñeca y luego el vasto horizonte.

Santa acomodó las riendas y lo miró con ojos brillantes.

-Si crees lo suficiente, nada es imposible con la magia de la Navidad *respondió Santa.

Con un suave movimiento de las riendas y un grito de aliento, los renos emprendieron la carrera.

Sus pezuñas golpearon el hielo rítmicamente hasta que, con un impulso mágico, el trineo se elevó por los aires. Los tres volaron sobre el paisaje nevado del Ártico, ascendiendo hacia la luna llena mientras la risa de Santa inundaba el cielo nocturno.

-¡¡¡HO, HO, HO!!! ¡¡¡FELIIIIZ NAVIDAAAAAD A TOOOOODOS!!! *gritó Santa, mientras Deadpool hacía sonar la campana de su bicicleta desde lo alto y Legion agitaba unos cascabeles con ritmo navideño

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COOOMO TAAAN MUCHACHOS, FELII NAVIDAD...PARA AQUELLOS QUE ES NAVIDAD EN SU PAIS...Y PARA LOS QUE NO TAMBIEN POR QUE NO

12.450 PALABRAS...ME PASE PERO UN MONTON, PERO CREO ES LO CORRECTO PARA UN "ESPECIAL", Y NO ESTOY CONTANDO LOS BORRADORES, PERO BUENO, HICE LO QUE PUDE Y LE HECHE GARRAS, ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO Y LES HAYA ENTRETENIDO

LES DESEO UNA GRAN NAVIDAD, RODEADO DE LA GENTE QUE AMAN Y DE RICA COMIDITA Y COMO DIJO EL GORDIS

FELIZ NAVIDAD

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En lo alto de un rascacielos monolítico, en una oficina sumergida en una penumbra casi absoluta, Gustav Silbe permanecía de pie frente al inmenso ventanal de cristal reforzado.

Sus manos estaban entrelazadas detrás de la espalda y sus ojos, fríos como el acero, seguían el rastro dorado que el trineo dejaba en el cielo nocturno

Sin girarse, preguntó a la oscuridad que habitaba en la esquina de la habitación:

-¿Lo consiguieron?

De las sombras emergió una figura encapuchada, cuya respiración era pesada y metálica. El rastro de nieve y sangre en sus botas delataba que venía directamente del Polo Norte. La figura se arrodilló, inclinando la cabeza con una mezcla de respeto y temor.

-Perdimos a ochenta individuos en los niveles inferiores, señor *informó la sombra con voz ronca* Las trampas mágicas de la bóveda eran... más letales de lo que anticipamos. Pero logramos tomarla antes de que los elfos nos descubrieran

La figura extendió una mano enguantada. En ella descansaba un objeto antiguo, tosco y oscuro. De repente, el objeto se elevó en el aire, levitando por una fuerza invisible hasta quedar suspendido a la altura de los ojos de Gustav.

Lentamente, una pulsación empezó a emanar del corazón de la roca. Un brillo débil al principio, que rápidamente se transformó en un rojo sangre intenso y rítmico, como el latido de un corazón antiguo y maligno.

El resplandor iluminó el rostro de Silbe, revelando una sonrisa torcida que no conocía la piedad.

Gustav extendió un dedo, casi rozando la superficie vibrante de la gema

-La Piedra de Sangre...

Afuera, la Navidad continuaba para el resto del mundo, pero en esa habitación oscura, el verdadero peligro apenas acababa de despertar.

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