[Por Favor lea el capítulo Auxiliar para entender la metodología de escritura]
1 de septiembre de 1991, Londres. Estación 9¾.
Era una mañana fría con un cielo nublado. Apenas unos pocos rayos de sol lograban abrirse paso entre las nubes, brindando un leve respiro al frío.
Aún era bastante temprano y la estación de tren se veía casi desierta, con apenas unas pocas personas dispersas por el lugar. Junto al andén aguardaba un gran tren negro y rojo, de diseño rústico, pero bien cuidado. De vez en cuando, el vapor de la locomotora se escapaba y se disipaba en el aire helado, rompiendo la quietud de la mañana y dando un poco más de vida al paisaje.
El tren no era demasiado largo por fuera, pero, misteriosamente, su interior parecía mucho más amplio de lo que sugería su apariencia. Cada vagón contaba con varios compartimentos que formaban pequeñas habitaciones, donde podían viajar hasta seis personas algo apretadas o, como era costumbre, cuatro con total comodidad.
En uno de aquellos compartimentos se encontraba sentado un niño.
Estaba junto a la ventana, con la mirada perdida en sus pensamientos mientras contemplaba el cielo nublado. Incluso para los estándares de aquel mundo, su apariencia resultaba extraordinaria y excéntrica.
Tenía once años; sin embargo, con sus 1,47 metros de altura, era considerablemente más alto que la mayoría de los niños de su edad.
Vestía un elegante traje negro. A simple vista ya transmitía una sensación de calidad, pero una observación más detenida revelaba que se trataba de una prenda costosa, aunque bastante común entre quienes pertenecían a su clase social.
No obstante, lo que más llamaba la atención eran sus rasgos.
Su cabello, de un blanco platino, estaba surcado por sutiles matices púrpura que, en algunos mechones, formaban finas vetas del mismo color, acentuando aún más su singular apariencia.
Sus ojos, de un profundo tono púrpura, ocultaban una profundidad imposible de descifrar, otorgándole un aire enigmático. A ello se sumaba un leve aspecto depredador, producto de sus pupilas, mayormente verticales, semejantes a las de un felino o un reptil.
Sin embargo, incluso dejando de lado el color de su cabello y la peculiaridad de sus ojos, su rostro por sí solo podía considerarse atractivo y encantador, algo aún más llamativo si se tenía en cuenta su corta edad.
Su nombre era Extimum Izorim.
[Anteriormente "Shadowless". Disculpas a los viejos lectores, pero se reformulo. Se buscaba algo mas original]
Extimum se encontraba reflexionando sobre su vida, sobre lo que había sido hasta ese momento y lo que probablemente le depararía el futuro. Durante los primeros cinco años de su vida, todo había transcurrido con una aparente normalidad.
Sin embargo, la mañana de su quinto cumpleaños, su mente sufrió un repentino impacto, como si dos platillos de orquesta hubieran chocado justo dentro de su cabeza. En un instante, recuerdos de una vida pasada inundaron su conciencia.
Aquellos recuerdos eran vagos y estaban plagados de lagunas, pero la información que conservaban, al fusionarse con su mente, dio un significado completamente distinto a todo cuanto había vivido. Fue casi como despertar de un largo sueño.
Su realidad se volvió, al mismo tiempo, más clara y más confusa. Sin embargo, había una certeza de la que nunca llegó a dudar: había renacido. Y, gracias a los pocos recuerdos que conservaba, también sabía en qué mundo lo había hecho. Aun así, aquellos recuerdos apenas influyeron en su personalidad o en su forma de pensar.
Después de todo, él pertenecía a este mundo. Había nacido aquí, había crecido aquí y toda su identidad se había formado en este lugar. Además, los recuerdos de su vida anterior estaban tan fragmentados que apenas podía reconstruir parte de ellos con los conocimientos que había adquirido en su vida actual.
Pero dejando todo eso de lado, había renacido en el mundo de Harry Potter... aunque con algunas diferencias.
Algunas resultaban evidentes, y su situación actual era prueba suficiente de ello. Otras, en cambio, seguían siendo un completo misterio y solo las descubriría con el tiempo. Sin embargo, había algo que sí sabía con certeza: su familia, el clan Izorim, jamás había existido en la historia original.
La familia Izorim era ampliamente reconocida en este mundo y formaba parte de los Sagrados Veintiocho. Sin embargo, más que una simple familia, podía considerarse un auténtico clan, pues los Izorim tenían presencia en prácticamente todos los grandes países con una comunidad mágica. Aunque sus orígenes históricos se remontaban a Gran Bretaña, la rama que residía actualmente allí no era más que una entre muchas.
Cada una de aquellas ramas permanecía separada de las demás, pero todas estaban estrechamente unidas, formando una red autodirigida e independiente entre sus miembros. No existía un líder supremo del clan; las decisiones de importancia se tomaban mediante el consenso entre los jefes de cada rama familiar.
Gracias a ello, el clan poseía un enorme poder militar y una considerable influencia política, tanto a nivel local como internacional. Sin embargo, también era una de las familias más discretas y, por norma general, mantenía una postura neutral, lo que le permitía ejercer una enorme influencia sin llamar demasiado la atención.
Aun así, aunque la rama británica de los Izorim gozaba de un gran prestigio, no podía decirse que el entorno familiar de Extimum fuera especialmente cercano.
Desde que nació, casi podía contar con los dedos de una mano las veces que había visto a su padre. Y, más raro aún que verlo, era que este le dirigiera la palabra.
Su madre, por otro lado, era apenas un poco más accesible. Sin embargo, ese "poco" significaba únicamente que, una vez se aseguró de enseñarle lo suficiente para que no avergonzara a la familia en cuestiones básicas de conocimientos y etiqueta, terminó volviéndose casi tan esquiva como su padre. Al menos, durante sus primeros años llegó a verla con algo más de frecuencia que a él... hasta que, simplemente, dejó de aparecer.
Debido a ello, Extimum creció bajo el cuidado del elfo doméstico de la familia, Bob, quien atendía prácticamente todas sus necesidades, aunque también era un ser de pocas palabras.
Gracias a Bob, pudo acceder a la biblioteca de la mansión y dedicar gran parte de su tiempo a aprender más sobre este mundo.
Fueron tiempos difíciles. Sin embargo, los escasos recuerdos de su vida pasada todavía le proporcionaban una perspectiva mucho más amplia de la realidad.
Así que decidió concentrarse en aquello que sí tenía. Volcó toda su atención en la lectura y el aprendizaje, ignorando tanto su situación como el frío trato de su familia. Después de todo, dejando de lado la forma en que lo trataban, nunca le faltó nada esencial: un lugar cómodo donde vivir, alimento y prácticamente cualquier cosa que el dinero y la influencia de la mansión pudieran proporcionarle, dentro de ciertos límites.
A costa de su joven corazón y de sus propios sentimientos, su personalidad fue volviéndose poco a poco más fría e insensible, hasta el punto de entorpecer su propia capacidad para comprender aquellas emociones. Mientras tanto, volcó todo su ser en el estudio de la magia.
No obstante, su renacimiento no había sido tan simple. Al igual que los fragmentos de recuerdos que conservaba, había venido acompañado de un regalo.
Poseía el linaje del Zorro Celestial.
Aquello aclaró varias de las incógnitas que lo habían acompañado desde pequeño.
Explicaba la diferencia entre sus rasgos y los del resto de su familia, así como otras peculiaridades que hasta entonces había pasado por alto: sus sentidos anormalmente desarrollados, como la vista y el olfato o el hecho de que su fuerza física superara con creces la de cualquier niño de su edad. En cuanto a las demás ventajas, habilidades o implicaciones que pudiera traer consigo aquella línea de sangre, por el momento las desconocía por completo.
Los recuerdos que había recuperado solo contenían información sobre las películas y algunos detalles de los libros de Harry Potter. Basándose en ellos, Extimum había reflexionado profundamente sobre su situación y el futuro que le esperaba.
No fue hasta que comprobó la fecha en un periódico que comprendió que, con toda probabilidad, tenía la misma edad que Harry Potter. Eso significaba que asistirían al mismo curso en Hogwarts, por lo que verse arrastrado, de una forma u otra, a los problemas que inevitablemente rodeaban al famoso niño era una posibilidad muy real.
Aun así, todavía no había decidido si intentaría acercarse a él. Después de todo, no lo conocía personalmente ni sabía si realmente valdría la pena entablar una amistad. Sin embargo, tampoco descartaba relacionarse con él si terminaba agradándole. Incluso ayudarlo, llegado el momento, era una posibilidad que no rechazaba por completo.
Al fin y al cabo, aquella era su vida. No pensaba lanzarse imprudentemente a convertirse en un héroe ni a intentar salvar a todo el mundo. Aunque, siendo sincero, sí sentía cierta curiosidad por Hermione. Su personalidad al principio podía resultar bastante irritante, pero tampoco era como si no pudiera intentar domes*ejem... ayudarla a mejorar un poco su carácter.
Después de darle muchas vueltas a sus planes, decidió no complicarse demasiado las cosas. En aquel momento apenas tenía cinco años y todavía faltaban seis para que la historia comenzara.
Eso le dejaba tiempo más que suficiente para descubrir cuáles eran realmente sus capacidades y comprender la verdadera dificultad de la magia. Además, desconocía la razón de su renacimiento y, dado que no recordaba prácticamente nada de quién había sido en su vida anterior, no tenía sentido obsesionarse con ello.
De hecho, los conocimientos y recuerdos que había heredado únicamente lo habían vuelto más sabio y maduro para su edad, pero, al final del día, seguía siendo solo un niño.
Gracias al libre acceso a los recursos de su familia y a la ayuda de Bob, comenzó a construir una sólida base de conocimientos sobre la magia. Naturalmente, aprovechó lo que recordaba de la historia para organizar sus prioridades de estudio.
Entre ellas se encontraban la legeremancia, la oclumancia y cualquier libro que pudiera ayudarlo a comprender mejor la sociedad mágica.
Aquella etapa de estudio se prolongó durante un año y medio, tiempo en el que se dedicó a aprender todo cuanto pudiera resultarle útil para comprender el mundo mágico y prepararse para el primer curso de Hogwarts.
Tampoco tenía demasiado interés en adelantarse en exceso para luego aburrirse durante las clases. Además, incluso si hubiera querido hacerlo, dudaba mucho que pudiera aprenderlo todo por su cuenta, especialmente la magia de los cursos superiores, más aún teniendo en cuenta la enorme cantidad de libros que complicaban innecesariamente conceptos bastante simples.
Durante ese tiempo también descubrió que poseía memoria eidética. Aunque eso no significaba que comprendiera automáticamente todo lo que leía, sí era capaz de recordarlo con absoluta precisión. En ese mismo período también recibió, de forma ocasional, algunas lecciones impartidas por su madre sobre etiqueta y la historia de la familia.
Asimismo, acompañó a su padre a varias reuniones políticas, principalmente por ser el heredero actual de la familia.
Fue durante una de aquellas reuniones cuando descubrió que tenía un tío paterno llamado Rhys. A diferencia de sus padres, él siempre lo trataba con amabilidad y estaba dispuesto a conversar con él con total normalidad, algo que resultaba sorprendentemente reconfortante. Aun así, tampoco se veían con frecuencia y nunca llegaron a estrechar demasiado su relación.
Con el paso del tiempo, además de continuar estudiando magia, incorporó una rutina de entrenamiento físico. Aunque él mismo la consideraba moderada, en realidad era bastante exigente. Su cuerpo aún era joven, pero gracias a su línea de sangre poseía un potencial muy superior, lo que hacía necesario un entrenamiento mucho más intenso para desarrollar plenamente sus capacidades.
Fue también durante sus estudios cuando descubrió que, en ese mundo, para poder utilizar la magia eran necesarias dos cosas.
La primera era el linaje; la segunda, el núcleo.
Respecto al linaje, los libros no explicaban demasiado. Tan solo mencionaban que era necesaria la posesión de sangre mágica para poder utilizar la magia. En cuanto al núcleo, lo describían como una especie de músculo adicional presente en todos los seres mágicos, el cual se desarrollaba gradualmente con el tiempo y el entrenamiento.
No obstante, el crecimiento del núcleo variaba según las circunstancias de cada individuo. En algunos casos alcanzaba un desarrollo excepcional, mientras que en otros permanecía estancado. Aunque aquella clasificación era más bien teórica, los magos solían dividir su desarrollo en cinco grandes niveles, desde el despertar de la magia hasta el límite conocido del poder mágico.
(más información en Datos).
Tras aprender todo aquello, Extimum no pudo evitar hacerse una pregunta: ¿eran realmente humanos los magos?
Después de todo, si para utilizar la magia era indispensable poseer un determinado linaje, quizá los magos fueran una rama evolutiva derivada de los humanos y, por tanto, otra clase de criatura mágica.
O tal vez ocurriera lo contrario. Quizá simplemente fueran otra especie mágica con apariencia humana, pero distinta de los muggles.
Al final decidió no seguir dándole vueltas al asunto. Aun si descubría la respuesta, no cambiaría absolutamente nada para el Extimum de aquel momento.
Los años siguientes continuó dedicándolos al estudio de la magia y al entrenamiento físico. Al mismo tiempo, comenzó a experimentar para descubrir si era capaz de ejercer algún grado de control sobre la magia sin necesidad de una varita.
También le pidió a Bob que intentara encontrar a alguien dispuesto a enseñarle esgrima o, al menos, el manejo de la espada. Sabía que el estilo variaba según el tipo de espada utilizada y, además, dudaba que fuera fácil encontrar un instructor dispuesto a desplazarse hasta la mansión, especialmente cuando él ni siquiera tenía permitido salir de ella, salvo en contadas ocasiones junto a su madre.
Lo cierto era que nunca había empuñado una espada, pero siempre había sentido una extraña fascinación por ellas. Aunque era poco probable que pudiera conseguir una en un futuro cercano, confiaba en que, tarde o temprano, tendría la oportunidad de hacerlo.
*Toc toc*
En ese momento, alguien llamó a la puerta del compartimento, sacando a Extimum de sus pensamientos.
Un instante después, la puerta se abrió y un niño asomó la cabeza. Era un chico de cabello castaño, vestido con un traje gris bastante común. Echó un rápido vistazo al interior, como si estuviera buscando a alguien y, al no encontrarlo, volvió a cerrar la puerta antes de marcharse sin decir una sola palabra.
Extimum no le dio mayor importancia y volvió a dirigir la mirada hacia el exterior. El flujo de personas que subían al tren era mucho mayor que unos minutos antes y cada vez había más familias despidiéndose en el andén. Probablemente faltaba poco para la hora de partida.
Como había llegado temprano, se había tomado el tiempo para descansar en su compartimento, alternando entre observar el paisaje y hojear un libro, hasta que terminó perdiéndose en sus propios pensamientos.
Mientras contemplaba el movimiento del exterior, la puerta volvió a abrirse.
Esta vez entró un niño algo delgado y bajo para su edad. Tenía el cabello negro, ojos verdes y vestía unas ropas claramente demasiado grandes para él. Unas gafas de montura redonda descansaban sobre su rostro, donde también se reflejaba un ligero nerviosismo.
Harry Potter:" ¿Hola, está desocupado este lugar?".
A pesar de claramente no había nadie más en el compartimento aparte de Extimum, Harry aun pregunto.
Extimum: "Oh, Hola, adelante, está libre".
Extimum se sorprendió de encontrarse con Harry Potter tan pronto, no es como que no hubiera pensando en encontrarse con el aquí, pero no pensó que habría tal coincidencia.
