El sol apenas comenzaba a calentar las hojas del bosque. Shisui y Itachi se sentaron frente a frente, observando el suelo cubierto de ramas y musgo.
—Antes de hacer cualquier jutsu físico —dijo Shisui—, debes entender algo: el genjutsu no es fuerza bruta. No es manipular chakra como un golpe. Es percepción, es engañar los sentidos del enemigo.
Itachi frunció el ceño, cruzando los brazos.
Percepción… hmm. Como manipular información sensorial, como un programa de computadora…
—¿Cómo funciona exactamente? —preguntó finalmente.
Shisui sonrió, divertido.
—Piensa en la mente como un sistema de circuitos. Cada percepción es un dato. Si logras alterar la interpretación de esos datos, puedes hacer que alguien vea lo que tú quieras.
Itachi asintió lentamente, absorbiendo cada palabra.
—Entonces, si entiendo los patrones y la propagación del chakra que afecta los nervios sensoriales… podría modelar ilusiones en forma controlada.
Shisui levantó una ceja.
—Interesante. Pero recuerda, esto no es teoría. La práctica requiere timing, precisión y control de tu chakra.
El primer ejercicio fue sencillo: concentrar chakra en un punto fijo frente a él y alterar ligeramente la percepción de Shisui.
Itachi visualizó ondas de energía, pensó en ellas como impulsos eléctricos que podrían engañar la visión. Concentró su chakra, y de repente Shisui parpadeó.
—Interesante —dijo—. Has alterado la percepción, aunque de forma mínima.
Itachi anotó mentalmente cada detalle: intensidad, tiempo de reacción, duración de la ilusión. Para él, esto era experimentación pura: variables, hipótesis, pruebas, mediciones.
—Ahora intenta manipular un objeto —dijo Shisui—. Haz que parezca que se mueve o desaparece.
Itachi tomó una piedra pequeña y concentró su chakra alrededor, tratando de "reprogramar" la percepción de Shisui. La piedra no se movió físicamente, pero Shisui parpadeó y extendió la mano hacia donde creyó que estaba.
—Funciona —susurró Itachi, fascinado—. Las ilusiones son manipulaciones de información sensorial, controladas por flujo de chakra.
Durante horas, continuaron los ejercicios. Shisui enseñaba los principios de Gengutsu:
Cómo manipular canales de percepción específicos. Cómo crear ilusiones parciales primero, para luego combinarlas en patrones complejos. Cómo medir el tiempo de reacción del objetivo.
Itachi tomaba notas mentales de todo, comparando con su experiencia pasada en física:
Si esto es información sensorial, podría cuantificarla, alterarla y predecir resultados… como un experimento de laboratorio.
Al final del día, ambos se sentaron sobre la hierba, cansados pero entusiasmados.
—Tienes talento —dijo Shisui—. No solo por el control del chakra, sino por cómo piensas.
Itachi sonrió, pero su mente ya volaba:
Puedo mapear los canales de percepción, medir la intensidad de las ilusiones, incluso intentar crear un genjutsu que funcione como un experimento… sin depender de la fuerza bruta.
El bosque estaba en silencio, y por primera vez, Itachi sintió que tenía a alguien con quien compartir sus teorías y experimentos, alguien que lo empujaría a explorar la frontera entre ciencia y shinobi.
El bosque amanecía silencioso. Itachi estaba concentrado frente a un pequeño arroyo, con varias hojas y ramas alineadas a su alrededor. Había decidido un experimento ambicioso: probar la afinidad elemental de su chakra y, al mismo tiempo, avanzar en el control de su Rasengan, que hasta ahora solo podía formar parcialmente y por breves segundos.
Concentró chakra en su palma, creando un mini Rasengan. Esta vez no lo hizo al azar: moduló la rotación, la compresión y la estabilidad como si fueran variables en un laboratorio. La esfera apareció, girando con un zumbido tenue. Parecía perfecta… y luego, desapareció.
Itachi frunció el ceño y decidió aplicar un principio que recordaba de Shisui: genjutsu. No lo pensó como ilusión sobre otra persona, sino como un auto-genjutsu, un pequeño engaño dirigido a sí mismo. Concentró chakra, alterando sutilmente la percepción de sus sentidos: hizo que su mente creyera que el Rasengan ya estaba funcionando completamente.
Y entonces ocurrió algo inesperado. La ilusión no solo engañó su percepción: su cerebro y chakra se alinearon como nunca antes, desbloqueando un control real que hasta ahora no podía sostener. La esfera se estabilizó en su palma, girando perfectamente, sin desintegrarse.
Itachi abrió los ojos y vio los flujos de chakra en el arroyo, en las hojas, incluso en el viento que se movía entre los árboles. La emoción fue tan intensa que su corazón se aceleró y un calor recorrió su visión: el Sharingan se despertó.
No hubo dolor, ni miedo. Solo una claridad absoluta: podía ver los flujos de chakra y los canales energéticos como si fueran líneas de fuerza en un experimento físico. La combinación de descubrimiento, control y asombro activó su poder ocular.
Luego de estabilizar el mini Rasengan, Itachi comenzó con las pruebas de afinidad:
Una hoja se arrugó al contacto con su chakra → afinidad fuego. Otra se partió con un ligero toque de viento → afinidad viento incipiente. El agua del arroyo vibró levemente al ser tocada → afinidad rayo potencial.
Itachi anotó mentalmente los resultados: había múltiples atributos posibles, aunque el fuego seguía siendo dominante. Esa información sería clave para entrenar sus jutsus de manera precisa y desarrollar combinaciones más complejas.
Shisui apareció en silencio, observando con atención.
—Veo que algo ha cambiado —dijo—. Tienes control… y algo más.
Itachi sonrió con una mezcla de satisfacción y curiosidad científica.
—No solo control… puedo ver cómo funciona todo. Y he conseguido algo que antes creía imposible: mi Rasengan funciona completamente.
Shisui asintió, intrigado:
—Lo has logrado con tus propias manos… y con un genjutsu aplicado a ti mismo. Interesante. Nunca había visto un despertar tan ligado al descubrimiento y la emoción intelectual.
Itachi comprendió que su mundo había cambiado: ahora podía experimentar sin límites, combinando Rasengan, genjutsu y control de chakra. Cada hoja, cada corriente de agua, cada flujo de energía sería un laboratorio en miniatura.