Ficool

Chapter 3 - Capitulo 3

La rutina en la casa Uchiha era silenciosa, casi solemne. Fugaku rara vez hablaba, y cuando lo hacía era breve. Aquella mañana, apenas señaló el bosque cercano.

—Practica. Concéntrate en tus pies.

Eso fue todo. Sin más explicaciones, lo dejó allí.

Itachi entendió: si quería progresar, debía hacerlo solo.

El árbol frente a él parecía un muro imposible. Colocó un pie sobre la corteza, liberó chakra en la planta… y cayó de inmediato. Lo intentó de nuevo, regulando la cantidad como si abriera una válvula invisible. Poco a poco, comprendió la diferencia entre demasiado flujo (que lo hacía rebotar) y muy poco (que lo dejaba resbalar).

Cada error era un dato. Cada caída, una variable descartada.

—Esto no es fuerza bruta… es equilibrio. —murmuraba.

Después de docenas de intentos, logró subir más de medio metro. Cuando por fin alcanzó la mitad del tronco, se detuvo jadeando. Su cuerpo pequeño sudaba, pero sus ojos brillaban. Era un experimento exitoso.

En los días siguientes, practicó también sobre el agua. El contacto con la superficie líquida le reveló un principio fascinante: el chakra creaba un campo de presión que lo sostenía.

Es un fenómeno de repulsión. Como una fuerza electromagnética estabilizada.

Aquella noche, exhausto pero incapaz de dormir, su mente saltó a otro recuerdo. No de este mundo… sino del anterior.

Un recuerdo difuso, de una serie que había visto años atrás, sentado frente a una pantalla. El protagonista rubio de aquel anime realizaba un jutsu esférico devastador.

Rasengan.

No era un fanático. Pero recordaba la idea general: un núcleo de chakra rotando y comprimiéndose al mismo tiempo.

La imagen lo fascinó.

¿Qué pasaría si lo intento ahora? No como ninja, sino como físico. Una esfera autoestabilizada, un mini-reactor en la palma.

Concentró chakra en la mano. Lo moldeó como una esfera invisible. Intentó girarlo, forzando la rotación mientras lo comprimía. Al principio fue solo un cosquilleo eléctrico. Luego, un zumbido tenue en el aire. Por un segundo, creyó tenerlo…

La esfera colapsó con un estallido, lanzándolo de espaldas. El impacto lo dejó aturdido, con la mano ardiendo y el pecho agitado.

Se echó a reír, sofocado.

—Funciona… al menos un poco.

No había conseguido el Rasengan, ni de cerca. Pero había demostrado que la idea era posible.

Y para él, eso era suficiente: un nuevo experimento por perfeccionar, un desafío que requería método, paciencia y más hipótesis.

En la oscuridad de su habitación, con los dedos aún temblando, supo que había dado con algo que lo obsesionaría durante mucho tiempo.

Itachi extendió su mano y volvió a concentrar chakra. Esta vez no lo hizo por instinto, sino siguiendo un método que había decidido la noche anterior.

Paso uno: rotación.

Imaginó la esfera como un giroscopio, un pequeño planeta girando en su palma. Canalizó el chakra en torbellino, intentando que cada corriente se curvara en círculo.

Paso dos: compresión.

Mientras giraba, forzó el chakra hacia el centro. Como un gas atrapado en una cámara a presión. El aire alrededor zumbó.

Paso tres: estabilización.

Ese era el más difícil. El chakra tendía a dispersarse en explosión.

Es como controlar un reactor nuclear sin contención. Necesito un balance entre empuje hacia afuera y colapso hacia adentro.

La esfera colapsó otra vez, con un chasquido sordo. Esta vez no lo lanzó lejos, pero dejó la piel de su mano enrojecida.

Itachi sonrió.

—Avance parcial.

Horas después, mientras descansaba bajo la sombra, recordó algo que había leído en la biblioteca: la afinidad elemental del chakra. La familia Uchiha dominaba el fuego, pero… ¿y él?

Necesitaba saberlo.

Sabía el método: una hoja. Si el chakra era fuego, la hoja se arrugaría; si era viento, se partiría; si era rayo, se fragmentaría; si era agua, se humedecería; si era tierra, se volvería polvo.

El problema era conseguir hojas de calidad para el test. Decidió que al día siguiente buscaría un buen lote en el mercado del clan.

Mientras tanto, alguien lo observaba.

—Eres Itachi, ¿no? —la voz provenía de una rama cercana.

El niño levantó la mirada. Un joven de cabello oscuro y mirada aguda lo contemplaba con una sonrisa tranquila.

—Soy Shisui —dijo el recién llegado, saltando al suelo con gracia felina.

Itachi lo reconoció. Era famoso incluso entre los adultos: el genio de los Uchiha, el prodigio que dominaba el shunshin como si fuera un juego.

—Estabas haciendo algo raro con tu chakra —comentó Shisui, inclinando la cabeza—. No parecía un jutsu del clan.

Itachi lo evaluó en silencio.

¿Debo decirlo? Si le hablo de giroscopios y compresiones quizá no entienda…

—Es un experimento —respondió al fin—. Quiero moldear el chakra de una forma nueva.

Los ojos de Shisui brillaron con curiosidad.

—¿Un experimento? Eso suena… diferente. La mayoría solo repite lo que aprende.

Itachi sintió algo extraño: por primera vez desde que despertó en este mundo, alguien parecía dispuesto a escucharlo.

—Tal vez —dijo— podamos descubrir juntos cómo funciona de verdad el chakra.

Shisui sonrió.

—Me gusta cómo piensas.

Y así, bajo la luz dorada del atardecer, comenzó la primera conversación entre dos genios que cambiarían para siempre el destino del clan Uchiha.

Después de la primera conversación, Itachi se quedó solo bajo el árbol, practicando el control de chakra que había aprendido hasta ahora. Con manos temblorosas, intentó recrear la esfera de energía que había visto en su vida pasada: un mini Rasengan apenas perceptible, girando en la palma de su mano.

Shisui lo observaba desde la distancia, intrigado.

—Eso… ¿qué es? —preguntó.

Itachi, nervioso pero orgulloso, levantó la mano mostrando la esfera diminuta que giraba apenas unos segundos antes de desintegrarse.

—Lo llamo Rasengan… es un experimento, quiero entender cómo se puede comprimir el chakra y mantenerlo estable.

Shisui se acercó, cruzando los brazos. Una sonrisa apareció en su rostro.

—Interesante. No muchos niños piensan así. —Pausó un momento—. Mira, yo puedo enseñarte algo que quizás complemente eso. Genjutsu. Si comprendes cómo engañar la percepción, podrías controlar no solo la energía, sino cómo los demás la perciben.

Itachi lo miró con ojos brillantes. Su mente de físico ya empezaba a analizar posibilidades: Si puedo manipular la energía y la percepción al mismo tiempo… podría crear efectos imposibles de predecir.

—Está bien —dijo finalmente—. Te mostraré lo que sé sobre el Rasengan y tú me enseñas genjutsu.

Shisui asintió, satisfecho.

—Trato hecho. Pero no esperes atajos: todo es práctica, precisión y concentración.

Y así se formó el primer intercambio de conocimientos entre dos genios: Itachi con sus experimentos "científicos" y Shisui con los secretos tradicionales del clan Uchiha.

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