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Chapter 36 - Segunda Temporada: Un día de Clases Infernal y una Tormenta Rosa. Parte 1

[Pasillos de la U.A.]

[Punto de vista: Tercera persona]

El zumbido del pasillo era sutil, pero cada paso de la silla retumbaba en los oídos de Hades como un eco hueco en un ataúd cerrado. A su lado, Recovery Girl caminaba en silencio, apoyándose en su bastón con cada paso firme. Del otro lado, Aizawa empujaba la silla con su andar desganado, los ojos cargados de su usual insomnio, pero con una energía difícil de ignorar.

—Hey, mocoso, hoy no vas a esforzarte —murmuró Aizawa, sin mirarlo.

Hades refunfuñó con la mandíbula apretada, abriendo la boca para replicar, pero antes de que pudiera articular siquiera una palabra, Aizawa torció el rostro con una sonrisa amplia, tan extraña en él que hizo que el muchacho se congelara.

—Ya que desde ahora eres bienvenido... —añadió, con esa misma sonrisa siniestra—, a tu día infernal de clases teóricas.

Hades apenas tuvo tiempo de parpadear. El bastón de Recovery Girl se adelantó un paso y con un suave shff, deslizó la puerta del salón 1-A. Un golpe de luz blanca lo desorientó. Sus pupilas, aún sensibles por el encierro hospitalario, se contrajeron. Pero la luz fue solo el inicio... la verdadera emboscada vino después:

—Woaah, ¡Hades!

—¡Eh, miren quién volvió más brillante que nunca! Aunque claro... no tanto como yo.

—¡Maldición, por un momento creí que no lo volveríamos a ver!

—¡Qué bueno que estás bien, hermano!

—¡Te extrañamos, idiota!

La clase estalló como una chispa cayendo sobre pólvora contenida desde días que fueron acompañados por voces, risas, incluso uno que otro intento de palmada fallida hacia su hombro. Hades, por su parte chasqueó la lengua, preparado para ignorarlos... pero cuando finalmente giró su mirada hacia la marea de rostros y uniformes, una voz lo atravesó como un rayo:

—¡Esa cicatriz se ve malditamente varonil! —Kirishima, más emocionado que nadie, levantaba el puño al aire como si fuera su propia victoria.

Otros se le unieron con entusiasmo. Iida, con la compostura de un mayordomo nervioso, se adelantó con pasos mecánicos y tomó las manillas de la silla con ambas manos.

—Permítame escoltarle a su asiento, Hades —dijo con una sonrisa seria, pero con brillo en los ojos.

Pero, mientras lo guiaba, Iida notó las gafas dobladas que descansaban sobre las piernas de Hades. No dijo nada, pero sus ojos se suavizaron ligeramente.

Bakugo, por su parte, no dijo ni una sola palabra. Se quedó al fondo, de brazos cruzados al igual que Ochako, ambos viendo a Hades en esa silla. Sus labios eran una línea tensa, y su ceño estaba ligeramente fruncido, como si la escena les dejara diferentes tipos de sabores.

Entonces, Aizawa aplaudió. Un solo clap, seco y filoso, como un latigazo en medio de la algarabía. El silencio cayó sobre la clase como una manta pesada. Iida se detuvo a centímetros del pupitre de Hades, como si el aplauso lo hubiera sellado en el tiempo.

—No tenemos tiempo para este tipo de tonterías —advirtió el maestro, frío, impasible—. Hoy es un día importante.

Giró lentamente sobre sus talones, observándolos uno a uno con sus ojos rojos cansados. La tensión en el aire se volvió densa.

—El día de hoy... —hizo una pausa, larga y calculada, una sonrisa demacrada comenzó a colgar desde sus labios.

Los alumnos se tensaron visiblemente, algunos murmurando cosas casi imposibles, otros temblando en sus asientos, pero, antes de que sus pensamientos se vuelvan preguntas, el maestro continuó con su declaración.

—Comienza la clase infernal de recuperación de materias especial.

Un suspiro de alivio general escapó de los estudiantes... pero luego, llegó el eco de esa simple palabra. "Recuperación" no sonaba como una bendición, sino como una condena. Y uno por uno, los rostros de los estudiantes palidecieron. Los hombros se hundieron. Las pupilas se dilataron.

Kirishima tragó saliva. Sero murmuró algo inaudible. Mina intentó reír, pero se le atragantó. Ochako solo puso los ojos en blanco, con un puchero tan amplio que le robó la atención a Bakugo y Akemi que hasta ese momento estaba en silencio.

Y junto a todos ellos, Hades, aún en su silla, sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda.

Sus músculos ni siquiera tuvieron tiempo de tensarse.

Aizawa se cruzó de brazos al frente de la clase, con la mirada fija sobre sus alumnos, ahora algo más calmados, aunque no menos tensos. El zumbido del proyector aún no encendido llenaba el aire como un mosquito invisible.

—La jornada de hoy será larga —dijo al fin, arrastrando las palabras con natural desgano—. Empezamos con una tutoría de introducción y anuncios institucionales.

Algunos bajaron la mirada. Otros suspiraron, resignados.

—Después: Historia, Literatura y Ciencias Naturales. Al terminar, tendrán su primer descanso de treinta minutos para almorzar, así que, más les vale no desperdiciarlos —remarcó, mirando directamente a sus alumnos más problemáticos.

Hubo un silencio incómodo que iba creciendo con cada nuevo sonido proveniente del proyector.

—Luego regresaremos con Historia del Arte Moderno... —un par de alumnos se enderezaron, curiosos por la materia—, después tendrán matemáticas, la clase más extensa del día, y para cerrar, una tutoría especial con héroes invitados. 

Cuando su última palabra cayó, el silencio opacó todo pensamiento ajeno al tema, varios se enderezaron. Otros sonrieron. Incluso Bakugo alzó una ceja. Las chicas se miraron entre ellas con pequeñas chispas de emoción; los murmullos comenzaron a agitar la sala como una brisa creciente. Pero, de entre todos, una mano se alzó.

—¿Quién da la clase de arte moderno? —preguntó Sero, rompiendo el murmullo con voz clara.

Pero, cuando el maestro iba a hablar, fue abruptamente interrumpido por un golpe.

¡CLAC!

Un golpe seco sacudió la habitación, y todos giraron la cabeza hacia el origen del sonido.

Recovery Girl se erguía al lado de la silla de ruedas con el bastón en alto. A sus pies, Hades se encogía apenas, llevándose la mano a la cabeza.

Un chichón comenzaba a nacer en su cráneo, creciendo lento como una fruta maldita.

Su gruñido fue tan bajo, tan lastimero, que más que dolor parecía un cachorro empapado tratando de parecer valiente. Se mordió el labio inferior con fuerza, cerrando los ojos, negándose a emitir el más mínimo sonido.

Mina estalló en una carcajada disimulada, mientras Momo sonreía con los labios apretados. Tsuyu murmuró un "ribbit" de lástima. 

Los chicos, en cambio, rodaron los ojos, algo molestos por la interrupción y el escándalo del par.

Shoto, por su parte, se mantuvo tan serena como una hoja en agua tranquila. Miraba de reojo a Akemi, quien no había levantado la mirada de su cuaderno desde que su atención fue robada por Ochako. Parecía escribir sin descanso, como si el bullicio fuera solo un eco lejano.

—Y ni se te ocurra usar tu quirk hasta la tarde —espetó Recovery Girl al muchacho, blandiendo el bastón como si pudiera leerle la mente.

Hades solo asintió con la mandíbula tensa, mientras una pequeña vena palpitaba en su sien. La anciana afiló los ojos, y añadió con voz firme, clara, capaz de quebrar el aire:

—Si me entero que intentas usarlo... te juro que te pondré un collar supresor de quirks por un mes entero.

El silencio se hizo absoluto. No lo dijo en broma. Nadie lo dudó. Hades tragó saliva y murmuró algo incomprensible, mientras la anciana se dirigió hacia la puerta.

Aizawa, mientras tanto, tosió, rompiendo la quietud del momento, sin importarle el creciente chichón de su alumno.

Todos volvieron sus ojos a él. El profesor pasó la vista lentamente por cada rostro, y esta vez, cuando habló, su tono fue distinto: No era una queja, ni una orden. Era una advertencia.

—Prepárense... —Su voz era ronca, pero firme—, el Festival Deportivo está a tres días de iniciar, y tendrán el día libre previo para descansar... —Hizo una pausa, y sus ojos brillaron levemente bajo el cabello—. Así que más les vale no malgastarlo.

Los alumnos tragaron saliva casi al unísono. Y aunque nadie lo dijo en voz alta, la tensión subió como un termómetro al rojo vivo, ya que, después de todo, el reloj ya había comenzado a correr.

Los murmullos de todos los alumnos comenzaron como una simple brisa sin importancia, pero pronto, se convirtieron en una tormenta de palabras a medio formar que se perdían bajo voces más fuertes que las suyas. Todos estaban pendientes y algunos anhelando para que el tiempo pase más rápido y poder debutar frente a todo Japón.

Mientras tanto, después del anuncio, el maestro se apoyó con un hombro contra el marco del pizarrón que tenía una pequeña lámina de polvo grisáceo, los brazos cruzados y el cabello algo más ordenado de lo usual.

—¡Silencio! —ordenó, su cabello comenzó a flotar y sus ojos brillaron en carmesí.

Y con es simple orden, el mar de palabras sin sentido se ahogó sobre sí misma y todos se quedaron en silencio, atentos a las ordenes de su maestro. Desde su silla, Hades se acomodó ligeramente. A su costado, Iida ajustó las gafas con un gesto formal.

Bakugo bufó por lo bajo, y Uraraka levantó la mirada solo cuando oyó el tono familiar del maestro.

—Quiero que entiendan algo —empezó Aizawa, sin rodeos—. Lo que pasó en el USJ... no fue un incidente aleatorio. Fue un mensaje.

Varias miradas se cruzaron. Algunos bajaron la cabeza. Akemi, sin moverse, apenas trazó una línea más en su cuaderno.

—Pero más allá del miedo que intentaron sembrar —prosiguió, levantando un dedo—, lo que lograron fue algo distinto. Lograron que los ojos del país entero se vuelquen sobre ustedes.

Dejó que las palabras calaran en los oídos de cada pupilo antes de continuar.

—Varios héroes profesionales han alzado la voz y solicitaron una clase —continuó, cerrando los ojos por un momento—, entre ellos algunos que ni siquiera aceptan pupilos... han mostrado interés en la clase completa.

Sero parpadeó sorprendido ante ello, Kirishima apretó los puños, emocionado. Incluso Tokoyami se tensó como un cuervo en medio de una ráfaga de viento imprevista.

—Durante esta semana —añadió Aizawa, volviendo a ver a sus alumnos— algunos de ellos vendrán a dar charlas. No serán clases comunes, pero no las subestimen. Escuchar lo que tienen que decir... podría marcar la diferencia cuando llegue el momento de elegir con quién querrán hacer prácticas.

—¿Serán evaluadas, sensei? —preguntó Momo, sin alzar demasiado la voz.

—Todo lo que hagan, todo lo que digan, todo lo que muestren... cuenta —replicó Aizawa con la mirada fija en ella—. No se engañen. El Festival Deportivo es una vitrina, sí, pero los verdaderos observadores empiezan desde ya.

Un murmullo leve se movió como una marea entre los asientos. Todoroki permanecía inmóvil, las manos entrelazadas sobre su pupitre. Mina murmuró por lo bajo solo para ser oída por Jiro, quien asintió discretamente.

—¿nos van a mirar desde ya?

Hades, mientras tanto, permanecía en silencio absoluto. Los lentes descansaban sobre sus oídos; el vendaje del cuello se marcaba bajo el uniforme, recordándole a sí mismo que aún no estaba entero.

Aizawa giró hacia él un momento, y sin emoción, añadió:

—Dado que el presidente de clase se encuentra incapacitado —comentó como si hablara de un mueble averiado—, la organización de grupo se volcará en el vicepresidente.

Iida se puso de pie de inmediato, estirando una mano hacia su frente como un rayo.

—¡Acepto la responsabilidad con honor, Aizawa-sensei!

—No hay honor aquí, Iida —bufó el maestro, medio cerrando los ojos—. Solo papeleo. Pero haz lo tuyo.

Iida asintió con más fuerza de lo recomendado y volvió a tomar asiento.

—Ahora... —murmuró el maestro, para sí mismo, pensando en que decir, pero, más pronto que tarde, volvió a alzar la voz—. Las clases de hoy serán normales, salvo por los refuerzos de seguridad. Y sí, me refiero a los drones que están sobrevolando la escuela. Si no los ven, mejor aún.

Kaminari levantó la vista, mirando como un par de drones sobrevolaba por el horizonte.

—¿Están armados? —preguntó, sin apartar la mirada de ellos, pero el maestro simplemente lo ignoró.

—Después de la última clase, tendrán la primer charla —afirmó, mirando con ligero fastidio como varias manos se levantaban—, pero no se molesten, ya verán quién es cuando llegue el momento.

Y sin miramientos, dejó caer una carpeta amarilla sobre su escritorio.

—Abran sus libros, iniciaremos con Historia. Y que quede claro... —El aire se tensó con una simple advertencia—, el que no participe activamente en clase, puede considerar perdida su oportunidad de lucirse en el festival.

Los alumnos tragaron en seco, mientras sacaban sus libros de la materia, Hades por su parte, simplemente se cruzó de brazos, recordando que no había traído su mochila.

—Hoy hablaremos del pasado... pero no de la misma basura de la época obscura de los quirks —empezó Aizawa sin levantar la voz—. Estoy hablando de antes. Mucho antes. Antes del "mocoso bombilla" en China. Antes de que supiéramos siquiera qué era un quirk.

Se levantó. Caminó hasta la pantalla táctil y proyectó una imagen de la gran pirámide de Guiza.

—Egipto. Dos mil quinientos setenta antes de Cristo. Una pirámide de seis millones de toneladas construida con bloques que pesan más que un auto blindado. Todo hecho sin grúas. Sin tecnología moderna. Sin quirks... al menos, según los registros oficiales.

Kaminari alzó la mano con torpeza.

—¿Y no fueron esclavos? O sea, eso es lo que siempre dicen, ¿no?

Aizawa simplemente lo ignoró, mientras manipulaba la pantalla para mostrar un collage de cientos de imágenes relacionadas, y haciendo zoom en una sección, volvió a hablar.

—Hace unos años, en Saqqara, se descubrió un jeroglífico oculto. Representaba a un hombre levantando una piedra de diez veces su tamaño. El grabado lo llamaba: "el que carga al Sol".

Yaoyorozu levantó la mano con seguridad.

—Ese grabado fue motivo de una investigación genética en momias reales. El sujeto "Sekhemka" presentaba una alteración en la cadena mitocondrial que algunos científicos asocian con una pre-mutación quirk.

—Correcto —dijo Aizawa, con tono seco—. Lo llamaron "Cadena D-1". No es concluyente. Pero si lo fuera... implicaría que los quirks nos han acompañado desde los albores de la humanidad.

Akemi, con una mano sosteniendo el mentón, murmuró sin levantar la mirada de su cuaderno.

—¿Y si no eran quirks, sino mutaciones primitivas? Algo como... una versión beta de los quirks.

Aizawa la miró de reojo.

—Esa es una teoría que ha empezado a cobrar fuerzas desde ese descubrimiento, pero no ha sido comprobada aún.

La pantalla cambió. Ahora mostraba un mosaico romano: un hombre envuelto en fuego, con el nombre "Vulcanus" bajo él.

—Plinio el Viejo describe a un legionario que no podía ser herido por metal o calor, pero descartaron como mito. Como lo hicieron con los "milagros" de Jesús en los manuscritos apócrifos.

Iida levantó la mano.

—Profesor. ¿Está insinuando que figuras religiosas podrían haber sido usuarios quirks primitivos?

—Estoy diciendo que los registros de la humanidad están llenos de personas que hacían cosas imposibles... y que ahora, las catalogaríamos como usuarios de quirks.

—¿Como Star and Stripes? —preguntó Tokoyami, desde el fondo—. Su quirk literalmente impone leyes físicas, algo parecido a lo que hacía Jesús en la biblia.

—Exactamente —afirmó Aizawa—. Un quirk así, en una era sin lenguaje para comprenderlo, habría sido visto como algo divino.

Kirishima abrió los ojos con fuerza.

—¿Entonces Jesús fue el primer héroe documentado?

Akemi levantó lentamente la vista.

—Tal vez fue el primero en ser crucificado por romper las reglas del mundo.

Un silencio denso se apoderó del aula y la pantalla se apagó por un momento. Aizawa volvió a sentarse sobre el escritorio, tomando su termo de café con desgano.

—¿Alguien sabe qué quiero que aprendan de esto?

Dejó que la pregunta flotara un segundo.

—Que la historia no comenzó con ustedes. Y que lo que creemos saber... rara vez es toda la verdad.

Se inclinó hacia atrás, bostezando apenas. Miró a Hades, que lo observaba con cierto interés desde su silla de ruedas.

—Y no descarten la posibilidad de que todo esto... vuelva a repetirse. Porque lo que duerme en la sangre, tarde o temprano... despierta. 

Iida levantó la mano otra vez, aún procesando.

—Sensei, si la "Cadena D-1" mencionada antes es una posible precursora de los quirks, ¿quiere decir que podríamos rastrear linajes enteros de usuarios hasta épocas remotas?

Yaoyorozu asintió, entrelazando los dedos, pero el nerviosismo traicionó su voz cuando la memoria le falló por un momento.

—Ehmm, recuerdo que había un libro. ¿La Epopeya de Gilgamesh...? ¿No fue considerada la obra narrativa más antigua del mundo? Y... el protagonista tenía fuerza sobrehumana, resistencia descomunal, y un compañero...

Kaminari se inclinó sobre su pupitre, emocionado por sus propios pensamientos.

—¡Eso me suena a All might! 

Akemi, sin levantar la cabeza de sus apuntes, murmuró:

—Gilgamesh fue considerado un casi dios... Y al final del relato, viaja para intentar traer de regreso a un muerto. Tal vez eran usuarios de quirks de larga data... —frotó su barbilla, pensativa antes de continuar—, ¿y si el mito era solo una versión embellecida de la realidad?

Sero, recordando algo, miró de reojo a Hades que se encontraba mirando fijamente hacia el proyector como si fuera lo más entretenido del mundo, pero, cuando Todoroki tomó la palabra, el apartó su vista de él.

—Eso sería como decir que los primeros héroes no llevaban capas... sino coronas.

Ashido se rió, medio incrédula.

—¡Y que los primeros villanos eran emperadores!

Un murmullo emocionado recorrió la clase. La atmósfera se sentía menos como una sala de clases y más como un templo donde alguien había descorrido el velo del tiempo. Entonces, Sero, con una sonrisa torcida, apuntó con el pulgar hacia Hades, aún en su silla, con el mentón en alto y los ojos medio entrecerrados.

—Oye, sensei... si todo eso de la sangre dormida es cierto... ¿qué hay de él?

Las miradas se desviaron. Hades alzó una ceja, sin sorpresa. Como si esperara que alguien dijera algo así. Sero continuó, entre risas nerviosas:

—Quiero decir, ¿vieron lo que hizo en el USJ? ¡Manos que lo levantaban cuando ya no podía moverse, una katana oxidada que cortaba como un sable láser! ¿Y si...? ¿Y si su quirk viene de uno de esos antiguos humanos que llamaban dioses? ¿Un descendiente de... no sé, Hades o Anubis?

—Gilga...mesh también bajó al inframundo, ¿no? —añadió Shoji, por lo bajo.

El ambiente se llenó de murmullos y risas. Kirishima se emocionó claramente, apretando los puños y listo para escupir su frase favorita, pero fue interrumpido.

Aizawa, aún de pie, se masajeó el puente de la nariz.

—No idealicen lo que no entienden.

Se giró hacia la pantalla y la encendió de nuevo. Esta vez apareció una figura oscura y antigua: un hombre con túnica negra, rostro cubierto por sombras y ojos pintados de rojo en un bajorrelieve babilónico.

—Ere...shkigal, el "juez de la fosa". A veces confundido con Hades. Se decía que podía volverse invisible, que su aliento robaba el alma y que ningún cadáver quedaba inerte a su paso. Un mito antiguo que, si alguien lo tuviera como base genética, sería un precedente más probable para un quirk como el de su compañero.

Se giró hacia él brevemente.

—Pero no invocaba esqueletos. Ni tenía desvaríos de personalidad.

Una carcajada leve, pero colectiva, llenó el aula.

Hades no dijo nada. Solo se cruzó de brazos con dificultad, los labios apretados en una mueca entre orgullo y molestia.

Aizawa dejó que la risa se consumiera.

—Lo que quiero que entiendan —continuó— es que los quirks no vinieron del cielo. No son regalos divinos. Son mutaciones. Algunas útiles. Otras... monstruosas. Pero todas tienen algo en común.

—¿Cuál? —preguntó Yaoyorozu, anotando sin cesar.

Aizawa se quedó callado un momento. Luego proyectó una última imagen: una inscripción en piedra de Mesopotamia con una figura con alas negras y cadenas en las manos.

—El miedo.

....

El silencio inundó el salón, todos mirando fijamente al maestro.

—Durante siglos, el mundo intentó domesticar lo que no podía comprender. Llamaron a estas cosas "Milagros". "Brujería". "Dones". Pero no hay nada puro en su origen. La historia de los quirks es también la historia del miedo de la humanidad a sí misma.

Dejó que la frase se asentara. No con la intención de impresionar. Sino porque era cierto. La clase entera permaneció en silencio. Algunos por respeto. Otros, por desconcierto. Otros, como Akemi, porque estaban pensando en cómo usar esa verdad a su favor. Y entonces, por fin, Aizawa cerró el proyector.

—Tienen un descanso de cinco minutos hasta que venga Cementos por la siguiente clase.

Justo cuando sus palabras terminaron de calar en los oídos de sus alumnos, el chirrido de la puerta interrumpió el vaivén hipnótico de voces y respiraciones con un sonido seco y metálico.

Todos giraron al mismo tiempo, con el alma en el suelo ya que no tendrán esos preciados cinco minutos. La figura que se alzó en el umbral era cuadrada, pesada, casi inhumana en su simetría. La luz del pasillo delineó su contorno como si lo moldeara en piedra.

Vestía de gris como siempre, con su piel terrosa agrietada por siglos de silencio. Sus pasos eran lentos, medidos. Parecía cargar con cada palabra que pronunciaría como si fuesen ladrillos antiguos.

Aizawa revisó su reloj de pulsera y, sin necesidad de gestos innecesarios, se hizo a un lado, buscando su saco amarillo.

—Hora de que se traguen un poco de literatura... —murmuró, acomodándose en un rincón, fuera de la vista de sus estudiantes.

Cementoss no hizo reverencias ni saludos efusivos. Simplemente avanzó hasta el estrado con la naturalidad de un bloque desplazándose.

—Buen día, clase. Guardad esos libros de historia por ahora... porque hoy vamos a hablar de los hombres que quisieron tocar el alma humana, no con espadas, sino con palabras.

Algunos alumnos murmuraron, cambiando rápidamente sus libros de historia por los de literatura. Otros, como Tokoyami, Yaoyorozu e Iida, se enderezaron ligeramente en sus asientos.

—Hoy... —dijo Cementos, con su voz grave como cemento fraguando— hablaremos de "la palabra". No como símbolo, sino como arma. El lenguaje, antes de los Quirks, era la única herramienta capaz de fundar imperios o aniquilar civilizaciones.

Giró hacia la pizarra electrónica y proyectó un título:

"Epopeyas y estructuras de poder: Gilgamesh, La Ilíada, y El arte de narrar dominación."

—La epopeya de Gilgamesh —continuó, señalando un pictograma del propio mito— es el texto más antiguo conocido por la humanidad. En ella, el protagonista no solo es un rey: es dos tercios dios, un tercio hombre. El primer gran héroe de la historia. El primer símbolo de poder casi divino. Pero... ¿alguien sabe qué buscaba?

La voz de Cementos se volvió más baja. Sus ojos, pese a no tener pupilas, parecían fijos en todos al mismo tiempo.

—La inmortalidad.

Un murmullo recorrió el aula.

—¿Suena conocido, no? —dijo, mirando de reojo a Hades, que mantenía la cabeza apoyada en su brazo izquierdo, aún sin hablar, aunque sus ojos entrecerrados no perdían ni una palabra—. La obsesión por no morir. Por trascender.

Momo alzó la mano con elegancia.

—Si no me equivoco... en los textos más antiguos, también se menciona a un compañero, una especie de igual creado por los dioses para equilibrar a Gilgamesh. Su existencia misma parece haber sido creada a través de una manipulación directa de la carne. ¿No podría considerarse un primer ejemplo de quirk?

—Buena observación, Yaoyorozu- san—respondió Cementos—. Aunque no hay forma de comprobarlo, la figura de Enkidu que acabas de mencionar, podría representar esa tensión eterna entre lo natural y lo manipulado. Entre el humano y el ser... con poder superior. Algo que vemos en sus rivales también. Monstruos creados por capricho de dioses. O... por manipulaciones inhumanas.

Iida levantó la mano con la precisión de un relojero.

—Cementos-sensei, Aquiles en la Ilíada también parece un sujeto que excede lo humano. Su furia... su fuerza... ¿Podría decirse que era un quirk de tipo berserker, tal vez?

—Exacto. El furor de Aquiles. Un "quirk" que podría activarse por una emoción extrema, elevando su fuerza y percepción, pero a un costo emocional brutal.

Cementos avanzó unos pasos.

—La literatura no predice los Quirks... pero, tal vez, los presiente. Las historias nacen de necesidades psicológicas y miedos colectivos. El héroe todopoderoso, el monstruo irrefrenable, la ciudad protegida por dioses. ¿Y si todas esas figuras eran maneras de describir a los primeros usuarios sin comprender aún la genética que los causaba?

—¿Como una memoria subconsciente? —preguntó Jirou, más interesada de lo normal— ¿O una forma primitiva de comprensión?

—Correcto —asintió Cementos—. El mito como memoria. El mito como advertencia. Y la literatura, entonces, no es solo entretenimiento: es un archivo.

—De aquí a las epopeyas medievales hay una evolución —prosiguió Cementos—. Beowulf, por ejemplo, enfrenta a Grendel, una criatura aberrante, que bien podría tener un quirk destructivo de tipo corporal. Y más adelante, en la literatura moderna, tenemos a Victor Frankenstein. ¿Qué fue él, sino el primer "científico de quirks"? Un hombre obsesionado con huir d ela muerte.

—Frankenstein es... casi como el villano —susurró Mina casi sin pensar, antes de que su comentario se ahogara en el silencio. No hubo risa. Solo una tensión momentánea.

—La diferencia —añadió Tokoyami, con su habitual tono oscuro— es que Frankenstein temía lo que creó. Nuestros enemigos lo abrazan.

Cementos asintió con gravedad.

—Y por eso estamos aquí. Para leer. Para entender. Para no repetir. La literatura es la historia de nuestras obsesiones. Si saben leerla bien, verán los reflejos de ustedes mismos, incluso entre los monstruos.

Y, con eso, proyectó en la pizarra una nueva diapositiva: una cita en latín con su respectiva traducción.

"Monstra etiam prodigia sunt humana."

—Incluso los monstruos son, al final, humanos.

La clase cayó en un silencio denso, que duró más de lo que nadie se atrevió a interrumpir, pero Hades, sintió como su corazón daba un vuelco, esa simple frase, le recordó su batalla contra el monstruo azabache de la USJ, y sin pensarlo mucho, habló.

—Si un monstruo puede sangrar... significa que puede morir.

Las miradas de todos los alumnos se voltearon enseguida hacia él, que mantenía su vista gacha, mirando fijamente su mano, casi recordando la sensación de sus puños contra la bestia. Pero, Cementos, con calma casi envidiable, culminó.

—Ahora, abran sus libros en la página 112. Vamos a analizar el monólogo de Enkidu antes de su muerte.

Mientras las hojas se abrían, lentamente, el aula volvió al movimiento, Hades por su parte, solo se inclinó para observar la página que tenía Momo a regañadientes. 

—No veo...

Momo, algo sorprendida por la intromisión de Hades, parpadeó confundida un par de veces, antes de resoplar e inclinar su libro. 

—Ponte bien las gafas primero. 

—No me digas que hacer, Momo. 

—Si no lo haces te dolerá la cabeza y forzarás mucho los ojos. 

—Si tan preocupada estas por mis ojos, entonces... 

—¡Los dos del fondo, presten atención y dejen de cuchichear! —advirtió Cementos, mirando fijamente al par. 

Momo se enderezó enseguida, asustada por la voz del maestro, mientras Hades solo suspiró, molesto y se cruzó de brazos.

....

Tiempo después, cuando Cementos cerró su libro con la solemnidad de quien guarda un grimorio, nadie se atrevió a hablar. Su silueta maciza avanzó hacia la salida, y con un breve gesto —casi ceremonial—, inclinó la cabeza en dirección a los alumnos. 

En cuanto la puerta se deslizó cerrándose tras él, una figura conocida emergió lentamente desde una esquina del salón, con una bolsa de puré de mango que se mantenía atrapada entre sus labios.

Durante toda la clase, había permanecido envuelto en un ovillo humano con ojeras que se confundía con una bolsa de viaje abandonada. Solo ahora, resurgía, arrastrando la cremallera hacia abajo con el fastidio de quien ha dormido mal por quinta vez consecutiva en la semana.

Se sentó sin prisa, frotándose la cara como si el mundo le debiera dos horas más de sueño.

—Hora de Ciencias —dijo con voz ronca, como si masticara grava—. Saquen sus cuadernos. Y sí, los que estaban pensando en dormirse... los estoy viendo —miró fijamente a Hades mientras frotaba con fastidio sus ojos.

El murmullo habitual de la clase volvió a surgir, más bajo que en clases anteriores. Todavía flotaba en el ambiente la densidad de lo discutido en Literatura. Akemi aún garabateaba una nota en el borde de su hoja con tinta negra. Momo preparó lápices de distintos colores como si fuese a diagramar una tesis. Tsuyu no dijo una palabra. Shoto bajó la mirada, revisando una hoja en blanco, como si pensara en otra cosa.

Pero Hades... ya estaba en su límite. Una finísima línea de vapor comenzó a emanar de su cabeza, entre las raíces del cabello, como si su cráneo fuera una tetera sellada con presión.

—¿Qué carajos...? —susurró Bakugo, girando lentamente hacia él.

—¡Su cerebro se está sobrecalentando! —se quejó Kaminari, reculando.

—¡No es mi culpa! —gruñó Hades, sin levantar la vista, empujando sus lentes por reflejo—. ¿Por qué demonios usan tantas fechas en un maldito cuento? ¡Y ahora ciencia...!

—Relájate —dijo Mina con un gesto similar al suyo. Humo también brotaba de su frente—. Mi cerebro está hirviendo igual que el tuyo...

Aizawa chasqueó los dedos, ignorando la ligera niebla en las esquinas del salón.

—Hoy veremos principios básicos de reacciones químicas. También hablaremos de homeostasis, mutaciones genéticas, y cómo algunas condiciones particulares podrían facilitar el surgimiento de mutaciones espontáneas que dieron origen a los Quirks.

Un par de alumnos alzaron la cabeza.

—¿Se refiere a cosas como radiación o ambientes extremos, sensei? —preguntó Iida, en alerta.

—No solo —respondió Aizawa, tomando una tiza digital y proyectando una tabla periódica holográfica frente a todos—. También al entorno social. El estrés ambiental prolongado, la adaptación evolutiva frente a amenazas, la selección natural provocada por guerras... todos esos factores alteran el material genético, generando anomalías. ¿Y qué son los Quirks sino eso? Mutaciones estabilizadas.

Hades bajó la mirada, en silencio. Sus dedos rozaron la cicatriz que recorría su mandíbula, y por un segundo, pareció ausente.

Aizawa lo notó.

—Y algunos Quirks más complejos, aquellos que parecen dividir la conciencia, alterar el metabolismo o desafiar la termodinámica —dijo, apartando su mirada y volviéndola hacia la pizarra—, podrían estar ligados a líneas genéticas que se reactivan bajo condiciones extremas.

El silencio fue breve.

—Como un trauma... —murmuró Tsuyu, en voz baja.

—O como una mutación forzada —agregó Yaoyorozu, sin levantar la vista.

Aizawa negó con la cabeza.

—Teorías. Algunas comprobadas. Otras, demasiado peligrosas para intentar.

El maestro se apoyó en su escritorio y cruzó los brazos.

—Ahora bien, saquen las guías. Resolveremos ejercicios sobre compuestos orgánicos, y después... se dividirán en parejas para un proyecto corto sobre la aplicación de energía dentro de un ecosistema modificado por Quirks. Algo básico.

—¿Básico...? —susurró Hades, con una mueca amarga, mirando a su alrededor para buscar algún compañero, el humo volviendo a salir—. Estoy jodidamente muerto.

—Estás jodidamente vivo —le corrigió Aizawa sin pestañear—. Así que te aguantas.

Y así, en medio del zumbido de lápices, tablets, suspiros y leves cortocircuitos mentales, comenzó una de las clases más agotadoras del día.

....

....

La campana sonó pesada, lenta, como si marcara no el inicio del almuerzo, sino la tregua entre dos campos de batalla.

Mina se desplomó sobre su cuaderno, los ojos hechos espirales y un hilo de baba resbalando del costado de sus labios. Murmuraba cosas sobre números que no existían y fórmulas que ojalá fueran fantasías.

A su lado, Hades parecía un alma exorcizada a medio proceso. La cabeza colgaba hacia atrás, con el cuello forzado en un ángulo inquietante, como si quisiera desprenderse del cuerpo por voluntad propia. Un humo denso, blanco y persistente salía de su coronilla, más espeso que antes. Olía a desesperación, papel quemado y ego en ruinas.

Pero antes de que pudiera ascender al cielo como un espíritu desdichado, una ráfaga de aire helado surcó el aula.

¡Shh!

El hielo se cristalizó sobre su cabeza, apagando el humo de forma brutal pero eficaz. Escarcha plateada descendía en filamentos por sus sienes. Shoto, de brazos cruzados, permanecía sentada a dos pupitres de distancia, sin apartar la mirada. Sus ojos heterocromáticos eran tranquilos, inquisitivos, pero demasiado tranquilos.

Al presenciar el espectáculo, Aizawa solo pudo alzar una ceja antes de continuar.

—Pueden ir a almorzar —dijo, bostezando por lo bajo y buscando su saco de dormir poco después.

No bien la frase abandonó sus labios, Hades sintió que algo lo estaba empujando hacia delante.

—¿Qué...?

Sus ojos se abrieron por reflejo y, frente a él, como la manifestación de una ley inexorable, brillaron los cristales relucientes de los anteojos de Iida. Reflejaban su rostro distorsionado, como un espejo de su desdicha.

—¿Por qué carajos me estás arrastrando, cuatro ojos...? —gruñó con voz pastosa.

—¡Porque se nos acaba el tiempo para llegar a la cafetería y el menú de hoy incluye udon y curry especial! —proclamó Iida, arreglando sus gafas con uno de sus dedos.

Mina apareció a un costado, caminando a duras penas, pero aún con una chispa de humor.

—Bueno... yo que tú también usas lentes... ¡ahora los dos son cuatro ojos! Qué tierno, hacen juego —proclamó, cubriéndose la boca para contener la risa que nacía desde su pecho.

Hades gruñó, listo para maldecir la boca de la chica a su costado, pero, cuando la puerta se abrió con un chirrido metálico, lo que les esperaba del otro lado no era un pasillo vacío... sino un mar. Decenas de alumnos aglomerados frente al aula 1-A, ocupando cada espacio del corredor. Era una marea de uniformes, miradas, cámaras de celular, susurros como olas chocando unas con otras. Los ojos se centraban todos en el mismo punto: la puerta.

—¿Qué demonios hacen estos mortales...? —murmuró Hades, su voz ahogada por la sorpresa.

Bakugo, que se había adelantado con las manos en los bolsillos, se detuvo a medio paso. Su mirada afilada barrió la multitud con desdén mal escondido.

—Están aquí —escupió con despreocupación— para ver a sus "mayores rivales". Los héroes de la USJ.

Dio un paso más, con el mentón en alto, desafiante. Las voces se apagaron como si alguien hubiese bajado el volumen de todo el mundo.

—No tiene sentido intentar enfrentarse a nosotros —dijo, la voz tan firme como una piedra—. Así que será mejor que se larguen, malditos extras.

Iida soltó el respaldo de la silla de ruedas y caminó detrás de Bakugo.

—Oe, Katsuki-san, un héroe no debería tratar de esa forma a sus compañeros no otras clases.

Hades, por su parte, se irguió por reflejo. El orgullo lo empujaba más que sus piernas. Quiso ponerse de pie, responder... ser él. Pero las piernas le temblaron como gelatina en un terremoto.

—¡Tsk...! —gruñó entre dientes, mientras forzaba sus piernas a mantenerse firmes.

Mina, que se había quedado a su lado, colocó una mano en su hombro y lo empujó de vuelta con suavidad, pero con firmeza. A su otro lado, Tsuyu lo sostuvo del respaldo de la silla con sus dedos alargados.

—No lo hagas, ribbit... No vale la pena meterse en una pelea verbal ocasionada por Katsuki-san.

En ese instante, una voz distinta cortó el aire. Era suave, pero llevaba un filo oculto.

—Así que... la clase 1-A es tan soberbia como creía.

Un chico de cabello púrpura oscuro dio un paso al frente. Su uniforme estaba perfectamente planchado, sus ojos eran perezosos pero despiertos, como si durmiera con un ojo abierto toda la noche. Las manos en los bolsillos. Y un aura de calma estudiada.

—¿Todos los del departamento de héroes son tan arrogantes? —preguntó, clavando los ojos en Bakugo—. Porque si es así... estoy realmente decepcionado.

El ambiente se congeló. Bakugo no dijo nada por un segundo. Solo lo miró. Lo evaluó. Y entonces, escupió al piso con desdén.

—¿Y tú quién demonios eres?

—Alguien del que deberías preocuparte —respondió el chico con voz neutra—. Como todos los demás que han estado esperando su oportunidad mientras ustedes se llenaban de fama —bostezó, mientras se masajeaba el cuello sin preocupación alguna a quien estaba frente suya—. Pero, gracias al festival, ahora tendremos una oportunidad para bajarlos del trono.

Los murmullos en la multitud crecieron. Las cámaras grababan. Algunos de los de clase general asintieron con la cabeza, callados pero con fuego en los ojos. Otros solo observaban.

Hades entrecerró los ojos, reconociendo su cabello y ojos tan cansados como los del vagabundo. El lo había visto en el archivo que Nezu le había mostrado. Era un posible miembro para "underdog". Alguien que no pasó a la clase de héroes, pero que el director mantenía vigilado.

Bakugo, mientras tanto, alzó una ceja.

—¿Y por qué carajos debería perder el tiempo con un don nadie? —escupió Bakugo, haciendo crujir los nudillos sin apartar la vista—. A diferencia de ustedes, la 1-A no juega a ser fuerte. Lo es.

Un rugido de aplausos estalló detrás de él, los compañeros vitoreando con esa mezcla de orgullo y locura que solo alguien como Bakugo podía arrastrar. En medio del ruido, Akemi avanzaba entre los cuerpos, intentando llegar al frente con expresión tensa, lista para meterse de lleno en la discusión, pero su andar se detuvo cuando el chico púrpura dejó de mirarlo a él y se enfocó en Hades.

—¿Los más fuertes, eh? ja... dicen eso, pero... dudo mucho que el más fuerte entre ustedes pueda tan siquiera mantenerse en pie.

Los ojos de todos giraron al unísono.

—Después de todo... —continuó con voz gélida— el que casi venció a ese monstruo de la USJ, no es más que un discapacitado.

El silencio que siguió fue abrumador. Un silencio que amenazaba con cuchillos en la garganta. Y fue ahí... justo ahí... cuando Hades alzó la cabeza. Y sus ojos ya no estaban del todo apagados.

La frase cayó como una piedra en un lago de fuego.

"El que casi venció a ese monstruo, no es más que un discapacitado."

Mina se giró tan rápido que sus trenzas casi cortaron el aire. Su sonrisa habitual se deshizo, reemplazada por una mueca de rabia contenida. Tsuyu entrecerró los ojos. Sus manos palmeaban el respaldo de la silla de ruedas como si prepararan un salto, una advertencia muda de que estaba lista para actuar.

Iida dio un paso más al frente con una brusquedad casi robótica. Sus anteojos destellaron con un fulgor ominoso mientras levantaba la voz:

—¡Retire sus palabras! ¡Esa clase de lenguaje no tiene cabida entre verdaderos héroes!

Pero Bakugo fue quien respondió con una calma anormal, un tipo de silencio que sólo anticipaba la tormenta. Una sonrisa cínica, casi de orgullo ajeno, se dibujó en su rostro.

—Hah... sigue ladrando, maldito nerd —escupió, sin moverse—. Solo haces que mi clase se vea aún mejor.

Detrás de ellos, Hades había apretado los nudillos con tanta fuerza que los huesos crujieron. El dolor en sus piernas no era nada comparado con el ardor que crecía en su pecho. Una furia tan pura que su cuerpo, desgarrado aún, respondió más por terquedad que por razón.

Y se puso de pie. Sus piernas, que no habían sostenido su peso en días, flaquearon al instante. El mundo giró durante un segundo. El corazón martilló en su garganta. Y entonces...

CLACK.

Del suelo emergió una espada hecha completamente de hueso.

Era alta, robusta, con garras que sobresalían desde el mango de la espada. No la invocó por fuerza, sino por rabia. Por puro deseo de no caer frente a ellos. Se apoyó en ella con todo su peso, el sudor brillando en su frente, la mandíbula temblando por la tensión. Las pupilas se afilaron como cuchillas. Sus ojos ardían como carbones encendidos, teñidos de un rojo profundo.

—Aplastaré... —comenzó, mientras se erguía en toda su altura. Tomó un nuevo respiro y continuó—. Los aplastaré a todos y cada uno de ustedes —gruñó, sus músculos abultándose por la presión que ejercía—. Simples mortales con ilusiones de grandeza.

Cada palabra fue un latigazo de fuego sobre su garganta. Su orgullo, más denso que su carne, era lo único que no temblaba. Era su condena. Su único sostén.

Bakugo, que aún seguía al frente, soltó una risa por lo bajo, apenas audible.

—Ahh... sí. Ese es el perro rabioso de la clase.

Un par de alumnos del otro lado se removieron incómodos. Momo entrecerró los ojos con preocupación. Tokoyami ladeó el rostro con solemnidad. Shoto no dijo nada, pero su mano izquierda, inconscientemente, se cerró en un puño sobre el pupitre.

El chico de cabello morado, en cambio, no se inmutó. Sólo giró los hombros, como si sacudiera el polvo de una frase sin importancia.

—No vale la pena —dijo, y su voz rebotó con eco seco en los muros del pasillo—. No necesito vencer a alguien que depende de un bastón para poder dar la cara.

Se dio la vuelta sin más. La multitud se abrió para dejarle paso mientras otros lo seguían, en silencio.

Y Hades...

Hades apretó los dientes hasta que dolió. Su brazo temblaba por el peso de su cuerpo, apoyado completamente en la espada de hueso. Sus piernas ya no respondían, sólo resistían, y apenas eso. Su vista se nublaba. La vergüenza y la furia batallaban por devorarlo desde adentro.

Pero entonces...

—Basta —dijo una voz dulce. Fría. Inapelable.

Los látigos de Akemi brotaron desde su espalda como serpientes que se enredaron en el torso de Hades y lo obligaron a sentarse de nuevo. No con violencia. Con una gentileza que ocultaba firmeza.

Hades quiso resistir, pero el cuerpo no obedeció.

—No vale la pena, Hades-kun —susurró ella, su tono calmado, casi protector—. Sólo quieren meterse en tu cabeza. Ya ganaron si te pones al nivel de su provocación. Y tú no eres como ellos, ¿verdad?

Él bajó la mirada, mordiendo su labio con furia. Su respiración era irregular. La espada de hueso se deshizo lentamente, evaporándose como polvo seco bajo la lluvia. Y con ella, parte de su orgullo... aunque no lo suficiente como para rendirse.

El grupo de alumnos apenas había comenzado a dispersarse por el pasillo, cuando un leve chasquido en sus comunicadores detuvo el paso de todos. La voz de Nezu, aguda y clara como una campanilla afilada, resonó por los dispositivos:

—Se solicita al estudiante Hades en la enfermería de forma urgente. Repito, Hades debe ser trasladado a la enfermería inmediatamente.

Todos se detuvieron. Como si alguien hubiese jalado de una cuerda invisible que los sujetaba por la espalda. Mina se giró. Tsuyu ladeó la cabeza. Iida se ajustó las gafas, mientras Momo cerraba su cuaderno lentamente. Nadie se movió. Ni una palabra. Solo un incómodo silencio que comenzó a flotar entre ellos.

Akemi, aún al frente, con una ceja arqueada y el control tácito del grupo en la mano, soltó un suspiro que pesaba más de lo que parecía.

—...¿Alguien quiere acompañarlo? —preguntó sin rodeos.

Sus ojos recorrieron cada rostro, pero la respuesta fue el vacío. Nadie levantó la mano. Nadie dio un paso al frente. Solo evasivas. Miradas hacia el suelo. Hombros tensos.

Simple desinterés o sin ganas de hacerlo.

Akemi frunció los labios. Su expresión no era de enojo, sino de resignación pulida. Como si ya esperara algo así.

—Muy bien —dijo con un suspiro—. Yo iré.

Pero al girarse... Hades ya no estaba.

—¿Eh? ¿Qué demonios? —murmuró, parpadeando.

Volvió la vista a ambos lados del pasillo, girando como una loba buscando a su cachorro. Algunos compañeros se unieron al gesto, mirando con confusión.

—¿Se fue solo? —preguntó Mina, apenas audible.

—Ese idiota va a perderse entre los pasillos... —añadió Bakugo, con la voz grave mientras se cruzaba de brazos.

Akemi, aún tensa, estaba por soltar otra orden, cuando sintió que una mano suave tomaba la suya.

Era Ochako.

—Lo vi... —dijo, su voz cálida como una brisa—. Cuando preguntaste, Todoroki-san ya se lo estaba llevando.

—¿Todoroki...? —Akemi entrecerró los ojos—. ¿Y por qué no dijo nada?

Ochako solo alzó los hombros, sin quitar la mano de la suya. Akemi chasqueó la lengua.

—Hmpf. Lo suponía... —susurró, mientras se daba la vuelta.

Por otro lado, Bakugo estaba empezando a adelantarse, molesto, con paso pesado. Pero antes de que cruzara la esquina, un látigo hecho de sombra carmesí le enredó el antebrazo y lo jaló hacia atrás.

—Ni lo pienses, perrito explosivo, tu vienes con nosotras —murmuró Akemi, sin siquiera mirarlo.

—Tsk... loca, no me llames así frente a todos... —masculló Bakugo, pero no se resistió.

[Mientras tanto...]

Shoto empujaba la silla con precisión quirúrgica. Los pasos medidos. Las ruedas giraban sobre el suelo pulido como si no tocaran del todo. El silencio entre ambos era denso. Pero no incómodo. Era el tipo de silencio que se siente cuando dos personas se entienden, incluso sin estar de acuerdo.

—No necesitas hacer esto —dijo Hades al fin, con un gruñido bajo mientras acomodaba su espalda—. Puedo ir solo.

Shoto no se detuvo. Ni desaceleró. Su voz fue firme, sin adornos.

—Lo hago porque quiero.

Hades giró el rostro, sin encontrar burla en su tono. Ni condescendencia. Solo la verdad, seca y directa como una cuchilla recién afilada. El resto del camino lo hicieron sin palabras. Aunque los pasos de Shoto eran suaves, Hades sentía cómo el eco de sus propias debilidades retumbaba más fuerte en cada esquina. No lo decía, pero su orgullo lo rozaba como sal en una herida mal cerrada. Al llegar al ala médica, la figura encorvada de Recovery Girl ya los esperaba, con el bastón en una mano y una paleta con forma de All Might en la otra.

—Gracias por traerlo, querida —dijo con una sonrisa—. Has hecho un buen trabajo.

Sin esperar respuesta, levantó la mano y puso el dulce en la mano de Shoto.

—Tómalo. Originalmente era para ese gruñón, pero... Ya tiene suficientes caries emocionales.

Shoto parpadeó, sorprendida por el repentino obsequio. Miró el caramelo con expresión neutra, pero asintió con emoción contenida, recordando lo que hablaron antes.

—Gracias.

—Puedes volver al almuerzo. No le quitaremos más tiempo.

Hades, aún en la silla, ladeó los ojos.

—¿No deberías preguntar antes de decir a la gente lo que hacer?

—Oh, cállate tú —resopló la anciana—. Entra, antes de que decida darte otra paliza con mi bastón.

Hades gruñó, pero no replicó. Solo bajó la mirada mientras ella abría la puerta. Shoto los observó hasta que la puerta se cerró. Sostuvo el caramelo en su palma un segundo más... y luego lo guardó con delicadeza en su bolsillo, dándose la vuelta para comenzar a caminar en dirección al comedor.

...

La puerta de la enfermería se cerró tras de sí con un clic suave. Hades apenas había tenido tiempo de acomodarse en la silla cuando lanzó su queja con el tono que le era natural: cansado, agrio, sin ganas de fingir cortesía.

—¿Y para qué demonios no me dejas ir a almorzar? —refunfuñó, ladeando la cabeza con fastidio.

Recovery Girl, ya con el bastón colgado del antebrazo, movía unas carpetas mientras acomodaba botellas con etiquetas ilegibles en una repisa. Ni siquiera lo miró.

—Rehabilitación asistida —dijo con tono firme—. Tu quirk necesita reeducación, y tu cuerpo, reentrenamiento.

Hades alzó una ceja, curioso. Su atención, sin querer, fue atraída por algo más.

Al otro lado de la habitación, donde antes solo había cajas de algodón y bandejas con vendas, ahora descansaban... 

—Oi, ¿eso son peces? —preguntó, señalando a una pecera rectangular, perfectamente limpia, con agua vibrante y seis peces dorados nadando con lentitud. 

A su lado, una jaula abierta. Dos conejos blancos de orejas largas lo observaban desde el rincón, uno de ellos masticando lechuga con absoluta calma.

—... ¿y eso? —inquirió, entre fruncido e intrigado.

La anciana le lanzó una media sonrisa.

—Tus nuevos instrumentos. O, mejor dicho, tus víctimas voluntarias. Si quieres dejar de hacer que te crezca hueso donde no debería cuando intentas curarte... tendrás que aprender con ellos.

Hades masculló algo ininteligible, pero antes de que pudiera replicar con fuerza, se cruzó de brazos.

—¿Y eso significa que me saltaré las demás clases?

—Exactamente —asintió ella, girando sobre sus talones—. Nezu ya cubrió ese asunto. Dice que te irá mejor si aprendes a no morir antes de tiempo.

Una sonrisa ladeada se dibujó en su rostro. No era arrogancia... era alivio.

—¡Entonces, empecemos!

Recovery Girl se acomodó los lentes con un dedo, aclarando su garganta con una ligera tos.

—Mi quirk acelera el proceso de curación natural. Es como... dar una orden urgente al cuerpo del herido para que haga lo que ya sabe hacer. A cambio, claro, toma parte de su resistencia. Si la persona está muy débil... puede morir en el intento. Por eso no lo uso sin cuidado.

Se giró hacia él, evaluándolo.

—Pero, según lo que presencié la última vez que trataste de curarte... no solo aceleras las células.

Hades la miró en silencio, una ceja levantada con curiosidad, y ambos brazos cruzados sobre su pecho.

—Tú fuerzas el cuerpo —prosiguió, dando unos cuantos pasos y tomando unos papeles—. Lo obligas a actuar. A construir más, más rápido, sin esperar. Tu... puedes regenerar lo que no exisite, reescribiendo el propio cuerpo. Por eso necesitas saber exactamente cómo está hecho un cuerpo, o acabas formando costillas en tus intestinos.

El muchacho bufó, poniendo los ojos en blanco por lo último dicho, pero decidió guardarse las palabras.

—Por eso estás aquí. No puedes seguir funcionando a base de instinto. Tu quirk fue obligado a mutar por el B-Resonance. Y ahora, lo poco que antes podías controlar... es un desastre similar a una motosierra sin portador.

Hades suspiró, al tiempo que el robot auxiliar se acercaba por detrás. Dos brazos metálicos lo sujetaron suavemente, levantándolo con el cuidado de un ayudante entrenado. Recovery Girl se posicionó a su lado, dándole soporte físico con su bastón y una correa de seguridad.

Frente a él, dos vallas metálicas de soporte, frías e inmovibles. Él respiró profundamente, mientras sentía el duro suelo bajo sus pies, sus piernas algo adormecidas le mostraban lucha con el mero intento de levantarlas... pero, en un esfuerzo que le hizo rechinar los dientes, logró dar el primer paso, pero...

El primer paso le dolió como si estuviera empujando rocas con los tobillos. El segundo lo hizo crujir. El tercero, simplemente dolió. Sus brazos temblaban mientras se apoyaba, jadeando apenas, con gotas de sudor perlándole la frente.

—Cuando tu quirk mutó —prosiguió la anciana, caminando a su lado, sin compasión pero con claridad—, cambió su raíz. Ahora, según lo que he visto... no sólo puedes regenerar tejido óseo. Apuesto mis arrugas que también puedes crearlo. Puedes inducir al cuerpo a formarse desde cero. Incluidas... extremidades faltantes.

Hades se detuvo.

Por un segundo, pensó que había escuchado mal. Giró la cabeza, lentamente. Sus ojos, enrojecidos por el esfuerzo, la miraron con una mezcla entre incredulidad y miedo.

—¿Estás diciendo...?

—Tu regeneración no es solo celular. Es morfogénica. Con grandes consecuencias para ti.

Hades parpadeó un par de veces, girando su cuello hacia ella con creciente molestia, y con un gruñido, respondió.

—En japones, vieja.

Ella gruñó, levantando su bastón por encima de su cabeza, pero con una exhalación profunda, prosiguió.

—Estoy diciendo que, en teoría, tu quirk tiene la capacidad de reconstruir un cuerpo. Pero en la práctica... lo más probable es que termines en coma. O peor. Tu cuerpo no tiene la resistencia para sostener ese nivel de habilidad.

Hades bajó la mirada. Una risa breve y ronca se le escapó por la nariz. Pero no había alegría en ella.

—Entonces, es una maldita papa caliente.

—Como todos los dones poderosos —dijo ella, mientras lo observaba llegar al final de las barras.

Con un suspiro, se dio la vuelta. El mismo robot lo sujetó con firmeza y lo ayudó a sentarse nuevamente en la silla. Sus músculos estaban temblando. Pero su quijada seguía apretada.

—Vamos despacio, Hades —dijo la anciana con voz más baja esta vez—. Pero vamos hacia adelante.

....

Mientras Hades terminaba de ajustarse en la silla y acomodaba su peso cansado sobre un costado, suspiró con voz seca:

—Supongo que... hoy tendremos la famosa charla con los héroes interesados en el incidente, ¿no?

Recovery Girl soltó un bufido, cruzando los brazos con una sonrisa orgullosa que arrugó sus mejillas aún más.

—Tonterías. ¿Charla con héroes? El único que te tomó como pupilo fui yo.

Hades frunció el ceño, apenas alzando una ceja con escepticismo.

—...¿Hablas en serio?

La anciana le devolvió la mirada con un brillo molesto en los ojos. Su bastón golpeó el suelo como un sello de sentencia.

—¿Acaso estás decepcionado?

Hades apenas soltó un bufido, girando la cabeza con resignación. Dio un paso más sobre las barras metálicas, pero antes de que pudiera terminarlo, un golpe directo y certero con el bastón impactó justo en su rodilla izquierda.

—¡Tch—!

El crujido de su equilibrio quebrándose resonó en la enfermería. Su cuerpo se tambaleó, apenas alcanzando a recuperar la vertical con un manotazo a una de las barras.

—Maldita sea... —gruñó, jadeando, con una ceja crispada por el dolor repentino.

Recovery Girl lo observó como quien mira a un hijo testarudo, su expresión grave pero llena de determinación.

—Estás ante la mejor heroína de tipo curación de todo Japón. Y deberías estar orgulloso de que alguien como yo haya decidido molestarse contigo.

Hades se recompuso, tragando saliva mientras el dolor se extendía como una punzada caliente por su muslo. Se sostuvo con más fuerza, respirando hondo para mantener el equilibrio físico y el emocional. El orgullo aún ardía, más fuerte que el dolor.

Pero la anciana no había terminado.

—Y hablando del festival deportivo... —dijo con tono serio, sus ojos filosos brillando—. Si no puedes controlar esa abominación que llamas curación en menos de cuatro días, te juro que personalmente te prohibiré participar.

Hades alzó la mirada. Un latido seco retumbó en su pecho. Las palabras se ahogaron en su garganta. Quiso responder. Decir que no podía perderse eso. Que no después de todo. Pero antes de articular sonido alguno, ella continuó:

—Claro que... —añadió, con voz más serena pero cargada de intención—, si logras el control necesario, yo misma te asistiré durante el festival. Con asistencia técnica directa de Power Loader. Y sí, eso incluye sus bebidas energéticas.

Hades sintió que un escalofrío se le arrastraba por la espalda como una serpiente de hielo, él las esperaba, estaba esperando tener entre sus manos esas bebidas que le salvaron la vida.

—...¿Hoy tendremos nuevas? —preguntó, intentando desviar la tensión con sarcasmo disfrazado de curiosidad.

La anciana se giró hacia unos documentos con indiferencia.

—Probablemente tendrás alguna para tu sesión de entrenamiento de control de—

TOC TOC TOC.

Unos golpes rápidos, pesados cortaron las palabras de la anciana de tajo, y la puerta tembló.

Recovery Girl ni siquiera parpadeó, algo molesta por haber sido interrumpida.

—Está abierta —anunció con un gruñido contenido, como si ya supiera quién era.

Y entonces, el mundo pareció detenerse. Una sombra proyectada en la pared reveló una silueta de rastas desordenadas. El cabello rosado vibraba como una ráfaga, sus ojos, dilatados, se miraban casi rabiosos mientras buscaban por cada rincón de la habitación a su presa. 

—¡Tú...! —gruñó ella.

Hades reconoció la voz antes de ver el rostro.

Sus piernas temblaron, pero no por debilidad, sino por pura anticipación. Dio un paso atrás con el instinto de un ciervo al ver al león.

Y cuando sus pupilas tan similares a un punto de mira telescópico, se posaron sobre el cuerpo tembloroso de Hades, ella corrió. Sus pasos retumbaron contra el suelo con una velocidad más cercana a un ataque que a un saludo.

Hades solo alcanzó a cerrar los ojos.

.....

....

Pero el impacto no llegó, una voz, tan pesada como el hierro resonó por la habitación con una orden irrevocable.

—¡Si lo atacas, estarás vetada del taller por una semana!

La voz de Power Loader retumbó como un trueno en el pasillo.

El cuerpo de Mei se detuvo a escasos centímetros de su rostro. Tan cerca, que el aliento cálido de ella le acarició la nariz. El sudor bajaba por su sien. Sus ojos, aunque fijos, temblaban entre la furia, la emoción y una chispa brillante de entusiasmo técnico.

—...Faltaste a tu promesa —dijo con el ceño fruncido, clavando el dedo índice en el pecho de Hades—. ¡Dijiste que probarías a mis bebés! ¡Y todavía no pruebas ninguno!

Hades parpadeó, aturdido por la cercanía, el escándalo y el volumen.

—¿Qué demonios estás diciendo...?

Recovery Girl sonrió por lo bajo mientras hojeaba un historial clínico. El drama había comenzado. Y aún no era ni mediodía.

Alzó la vista, justo a tiempo para ver una figura de rastas rosadas asomar por la puerta con el ceño fruncido y los ojos completamente encendidos.

—¡Tú... ! Tonto de ojos fundidos, ¿acaso te parece normal desaparecer así como si nada? —bramó Mei, dando unos cuantos pasos hacia atrás y cruzándose de brazos—. ¡Dónde demonios estabas cuando dije que probarías mis bebés!

—...¿Ojos de qué? —Hades parpadeó, desconcertado, las piernas fallándole un segundo, aunque volvió a agarrarse con fuerza—. No tengo ni la más remota idea de qué estás hablando rastas rosas.

—¡Tú prometiste! —volvió a gritar, tomando una lata desde su overol y lanzándola. 

El cuerpo de Hades se tensó casi al instante y levantando su brazo, logró atraparla, solo para mirarla con expresión tan agotada que era casi una provocación.

—¿De verdad prometí probar latas y tu fuerza de lanzamiento?

—¡Son herramientas de soporte asistido de alta ingeniería para potenciar el rendimiento quirksináptico en combate y rehabilitación! —escupió Mei sin respirar, inclinándose hacia delante.

—¡Agh, no puedes hablar en japonés o que, rastas rosas! —gruñó él, suspirando por tantos nuevos términos que se acaban de meter en su mente—. ¡Solo entendí "herramientas"!

—¡Eres un tonto, tú... ojos de LED quemados!

Desde el rincón, Power Loader y Recovery Girl observaban, conversando entre ellos como si los gritos fueran parte natural del ambiente.

—Doble carga de energía en la mitad del tamaño original. El nuevo diseño no debería por qué agotarse tan rápido a menos que el quirk se dispare de forma continua por más de cinco minutos —decía Power Loader con voz grave, revisando unas hojas que sostenía.

—¿Y el corazón? —preguntó la anciana con un gruñido nasal—. Si depende de eso, podría colapsar en mitad del festival.

—Aún no sabemos cómo interactúa con su consumo de resistencia. Habría que... probarlo. Con cuidado —replicó, frotando su mentón.

—Tch. Con cuidado... me encantan esos términos vagos de ingeniero —masculló ella, cruzando los brazos.

Pero el verdadero campo de batalla estaba unos pasos más allá, entre las barras paralelas donde Hades se mantenía en pie y la chispa caótica llamada Mei.

—¡Y además te apareces todo roto, con cara de cadáver y piernas de gelatina! ¿Qué demonios se supone que me vas a inspirar así? —soltó Mei, señalándolo de pies a cabeza—. ¡Pareces más una momia sin vendas que un candidato para el bebé prototipo 36!

—¡No soy tu maldito modelo de pruebas! —replicó entre dientes, sin perder el equilibrio pero sintiendo cómo su cuerpo pedía sentarse ya—. ¡Si tanto necesitas inspiración, invéntate un aparato que lo haga!

—¡No te atrevas a menospreciar a mis bebés, ojos LED! —gritó, acercándose aún más. Ahora estaban frente a frente. Su mirada vibraba de rabia, su boca crispada, y aun así... no se apartaba—. ¡El modelo 36 es especial! ¡Está pensado para aguantar idiotas tercos que creen que pueden caminar con las costillas rotas y los pulmones perforados!

—¡Entonces que esperas para dármelo, soy tu cliente ideal! —espetó él, el sudor comenzando a descender por su barbilla.

El silencio se apoderó del par, envolviéndolos en la penumbra por un único segundo. Uno solo. Sus respiraciones eran rápidas. Tensas. Las venas del cuello de Hades palpitaban con furia contenida. Mei... temblaba de pies a cabeza por la emoción, pero no retrocedía.

—Mira... —comenzó ella, ahora más baja la voz, aunque cargada de emoción—. No me importa que no te acuerdes. Pero tú me diste una idea. Cuando vi tu enfrentamiento contra el monstruo de bioingeniería, me percaté que tus piernas se rompían con frecuencia, y... eso me inspiró. El bebé 36... lo estoy haciendo para ti.

Hades la miró por varios segundos. No con ternura. No con asombro. Sino con ese silencio profundo que solo alguien herido conoce.

—Y... ¿qué demonios hace ese modelo tuyo?

—Un exoesqueleto blando asistido por presión distribuida en zonas de carga crítica. Protege los ligamentos. Previene fracturas en impacto. No te hará más fuerte, pero... evitará que te rompas como cristal. 

—Para alguien como yo... —dijo él, como si las palabras le pesaran.

Ella asintió, sin perder esa dureza en el rostro.

—Sí. Para idiotas que piensan que sus cuerpos no son más que un adorno de sus quirks.

Desde el fondo, Power Loader bufó con una sonrisa torcida.

—La manera en la que se gritan casi me hace sentir que se llevan bien.

—Es juventud... —gruñó la anciana, con una sonrisita torcida—. Apuesto que en un año se gustarán.

—¿Por qué tanto tiempo? yo creo que...

—Bueno... ese mocoso puede resultar muy molesto por su particular forma de ser —respondió, resoplando y sujetando su mejilla derecha con su palma—. Así que, tendrá que pasar mucho tiempo para que ese mocoso haga algo.

—¿Cómo era el término para eso...? —masculló power loader, rascando su casco. 

—Es un tsundere con delirios de divinidad y doble personalidad.

—Vaya... no creo que tenga muchas oportunidades para al menos hacer una amistad...

—Tu mocosa no es tan diferente al otro —afirmó, algo molesta por las palabras de su colega.

Power loader se tensó brevemente, pero aclarando su garganta, preguntó con cautela.

—A... ¿a qué te refieres?

—Mmmm... si no me equivoco, tu chamaca tiene TDAH y una pizca de TEA. 

El maestro suspiró, derrotado y bajando sus hombros asintió.

—Si... tienes razón, ha sido difícil tratar con ella... aunque es un genio, le es casi imposible entablar una amistad...

Mientras los adultos hablaban, Hades bajó la mirada un instante. Luego suspiró, el orgullo todavía latiendo como un tambor en su pecho.

—No te prometo que lo usaré. Pero... no te detengas.

Mei alzó una ceja, un poco sorprendida. Pero luego, sonrió. No con dulzura, si no con el mismo brillo maniático de siempre.

—Tú solo intenta no romperte otra vez, ojos LED. ¡Lo demás es cosa mía! —aclaró, levantando un pulgar, su sonrisa, por breves momentos iluminó el rostro del muchacho, pero, como una idea que resurgió, señaló la lata en manos de Hades—¿Ves esa lata? —señaló, con un gesto tan orgulloso como si acabara de inventar la rueda—. Power Loader-sensei y yo la trabajamos desde la noche del USJ. Viendo las grabaciones de tus peleas, análisis de tu consumo quirksináptico, hasta el ritmo de tu respiración... ¡Todo!

Hades la miró con una ceja arqueada. Bajó la vista y miró la lata con desprecio genuino. Ni siquiera necesitó abrirla para saber el veneno que contenía.

—Sabor limón... —murmuró con fastidio, apenas leyendo la etiqueta—. Otra vez esta basura...

La sostuvo con dos dedos como si fuera una maldición mal empacada.

—Dios, esto... Esto sabe como si hubieran exprimido ácido de fábrica, lo hubieran endulzado con muerte y lo hubieran enlatado con desesperación. Lo probé en la USJ, y es tan malditamente asqueroso, que casi lo escupo.

Mei levantó una ceja. Una vena le palpitó sobre la frente. Sus pupilas vibraron como lentes mecánicos a punto de disparar.

—¡Cómo que asqueroso! —dijo entre dientes—. ¡Recuerdo que Power loader-sensei dijo que tu dijiste que el de fresa era igual!

—¡Sí, joder! —Hades le sostuvo la mirada sin inmutarse—. 'Y juraría que estaba bebiendo un estúpido arcoíris sazonado con vómito de unicornio!

—¡Vómito de uni—! 

Se mordió los labios, mientras apretaba firmemente los guantes hasta hacerlos rechinar entre sí.

—¡A mí me gustó, tonto de mal gusto!

—¿Tienes paladar de princesa o qué?

La chica, inhaló profundamente, arrebatando la lata directamente de las manos de Hades, la destapó con violencia y sin pensarlo la probó sin mostrar duda.

Pero... lo que sí mostró fue asco.

El primer sorbo le dobló los labios hacia abajo, el segundo le hizo toser, y el tercero simplemente no sucedió. Escupió el líquido con tanta fuerza que salpicó el chasis del robot asistente, que pitó ofendido.

—¡Sabe a rayos! —gruñó con ojos vidriosos, y lanzó la lata vacía como proyectil, dejándola encajada en el hueco del soporte mecánico del robot—. ¡Power Loader-sensei! ¿Qué le metiste? ¡Sabe a ácido de batería de Litio recién exprimido!

—¡Yo te dije que no era buena idea usar electrolitos concentrados! —gritó el profesor desde la esquina, todavía hablando con Recovery Girl—. Pero tú querías "más potencia".

La anciana, por su parte, carraspeó y golpeó con el bastón el suelo tres veces con fastidio.

—¿Van a pelear por una lata o van a terminar el entrenamiento? ¡Malditos mocosos hiperactivos!

—¡Él/Ella empezó! —gritaron ambos al unísono, señalándose mutuamente.

—¡Ella me lanzó la maldita lata! —refunfuñó Hades.

—¡Él insultó mi paladar! —replicó Mei.

Pero el caos duró apenas unos segundos, hasta que Power Loader bajó la mirada hacia las piernas temblorosas de Hades.

—Hatsume —dijo con gravedad contenida—. Está en proceso de rehabilitación. ¿No crees que deberías tener un poco más de conciencia del estado físico de tu... sujeto estrella?

Ella frenó en seco. Miró las vallas metálicas. Las manos blancas sujetándolas con furia. Las piernas rígidas, desobedientes, cubiertas de sudor. Las venas de los brazos de Hades latiendo con rabia muda.

Su expresión se suavizó por primera vez.

—Tienes razón... —murmuró, bajando los ojos por un segundo.

Solo uno.

Porque al instante volvió a levantar la cabeza con una chispa frenética y volvió a abrir el bolsillo del overol. Sacó un rollo arrugado, grasiento y manchado con aceite.

—¡Pero si te sientes tan bien como para quejarte, entonces estás bien como para firmar esto!

Hades parpadeó, confundido. Mei desenrolló el papel con un gesto dramático.

—Contrato oficial de exclusividad con Hatsume Inc. —anunció con orgullo desbordante—. Al firmarlo, te conviertes en mi sujeto de prueba, héroe promocional y modelo de combate. 

Hades abrió los labios para gritarle que estaba loca. Pero entonces lo recordó lo que vio en el cuaderno de Akemi: la vida de Mei estaba dentro de la prioridad absoluta por salvar. Chasqueó la lengua. Estiró una mano temblorosa y tomó la pluma de las manos de Mei.

—Estás loca, ojos de mirilla.

—¡Y tú eres un cable de luces LED andante con ego por las nubes! —sonrió Mei, entusiasmada como si acabaran de comprometerse.

Y Hades firmó...

Cuando terminó, la chica sonrió ampliamente y llevando sus manos en la cintura, proclamó.

—A partir de ahora, solo usarás mis prototipos. ¡Y me das el 15% de tu sueldo profesional!

Hades se quedó sin palabras de inmediato, quiso refutar, pero el dedo de Mei voló directamente a sus labios, sellándolos de inmediato. Su rostro se acercó poco después y con una voz tan melosa como venenosa, susurró.

—Deberías leer los contratos antes de firmar, sujeto de pruebas número 1, Hades.

La voz se ahogó dentro de su lengua, la ira comenzó a burbujear, quería estrangularla, pero al mismo tiempo quería hacerse lo mismo.

—Maldita sea... —susurró, pero apartando el dedo de Mei, decidió cambiar el tema por su propia sanidad mental—. ¿Ya está lista esa cosa para las piernas o aún no? —gruñó, con la voz seca y la mirada entre los rizos que le caían a los lados.

Mei le sonrió como si le hubiese preguntado si estaba lista para ir al taller.

—Obvio que no, ojos LED. Primero necesito tus medidas exactas.

De su bolsillo trasero sacó una cinta métrica metálica, la cual chasqueó con violencia haciendo que se extendiera como una serpiente lista para morder.

—Así que quítate los pantalones.

Hades parpadeó. Una. Dos. Tres veces.

Y sus ojos cambiaron abruptamente de un rojo cargado de tensión a un verde esmeralda brillante y vibrante.

Mei lo notó al instante.

—¡Oye, qué fue eso! —exclamó, entre emocionada y curiosa.

Sin el menor respeto por el espacio personal, se acercó con pasos decididos. En menos de un segundo, sus narices se chocaron. El calor de su aliento chocaba con la vergüenza encendida de Haruto.

—Tus ojos... ¡Cambiaron de color! ¿Eso es parte del don? ¿Acaso generas luz en base al flujo de energía emocional? ¡O tal vez sea un efecto secundario del intercambio de polaridad cerebral!

—¡Y-Yo... yo no sé...! —tartamudeó Haruto, con las mejillas ardiendo como si el alma se le hubiese encendido—. ¡Q-Q-Quita...!

Intentó dar un paso atrás, pero olvidó que no tenía punto de apoyo. Sus piernas temblaron como gelatina a medio camino por cuajar y cayó.

Pero no lo hizo solo.

Mei, al estar tan cerca, se fue con él, en un efecto dominó tan absurdo, que incluso recovery girl se sorprendió.

Un golpe seco sacudió la enfermería. Ambos cayeron al suelo con una mezcla de gritos y risas rotas. Haruto tenía los ojos verdes como gemas sumergidas en llanto contenido, el rostro más rojo que el atardecer en junio. Y Mei... sólo reía. A carcajadas. Como si hubiera esperado todo el día ese desastre.

—¡Eso fue... increíble! ¡Increíblemente torpe! —dijo con una sonrisa gigante, mientras señalaba sus ojos—. ¡Y otra vez! ¡Verde como esmeraldas en ácido nítrico! ¡Dime que eso es una función secundaria de tu quirk, vamos! ¡A partir de ahora eres un árbol navideño!

Pero, antes de que pudiera seguir, dos pares de manos intervinieron al mismo tiempo.

Power Loader la levantó desde las axilas como si fuese una criatura inquieta.

—Mei... ¡Está en rehabilitación, por amor a la ingeniería estructural, así que enfríate un poco!

—¡Sólo estaba midiendo el potencial de mi sujeto de pruebas número 1 Hades! —se defendió ella entre risas nerviosas.

Al mismo tiempo, Recovery Girl ya estaba de rodillas junto a Haruto, que temblaba con el rostro vuelto hacia un lado, los labios apretados y el pecho subiendo y bajando como un fuelle roto.

—Tranquilo, respira —dijo la anciana con tono firme pero paciente.

Y entonces lo notó. Sus ojos volvieron a ser rojos.

—Cambiaste otra vez... —murmuró, mirando como el ceño, que parecía tan suave como el algodón, se volvía en uno rasposo y duro.

Power Loader giró la cabeza, aún sujetando a Mei con los pies colgando como una gata traviesa. Frunció el ceño con curiosidad.

—¿Qué ocurre con sus ojos?

Recovery Girl se incorporó, cruzando los brazos, mientras su bastón retumbaba una vez contra el suelo.

—Es parte de su Trastorno de Identidad Disociativa que mutó junto a su quirk. Cada una parece haber tenido una interacción única con su don y tenemos esto. Pupilas que cambian con su personalidad...

Power Loader dejó caer a Mei como una caja vacía, quien al caer hizo un pequeño sonido de protesta, pero no dejó de mirar fascinada a Hades. Este, aún en el suelo, estaba apretando los dientes, con los brazos tensos.

—¿Lo causó el B-resonance...? —preguntó Power Loader, más en tono clínico que curioso.

—Al parecer, ese es el caso.

—Y eso lo explica... —murmuró, con gesto pensativo.

—¡Y eso lo hace aún más interesante! —interrumpió Mei, ya de pie—. ¡Eso significa que cada versión suya tiene una reacción diferente a mis bebés!

—¡No soy un maldito conejillo de indias! —gruñó Hades, alzando el brazo para levantarse.

—Que pena... pero el contrato ya fue firmado.

Hades trató de refutar las palabras de la chica, pero se tambaleó como una simple hoja marchita, aún así, el bastón de la anciana fue más rápido que su orgullo.

—¡Quieto! —gruñó, golpeando el suelo con fuerza—. No me hagas usar la sedación intravenosa, muchacho.

El pecho de Hades se movía como si estuviera a punto de explotar. El corazón desbocado. Los latidos como tambores de guerra bajo su piel.

—¡Mierda...! —exhaló con fuerza, mientras sus ojos brillaban—. Seré usado como un muñeco de pruebas...

—Ese es el precio —respondió la anciana, esta vez con voz calmada—, por no leer bien un contrato sin antes leerlo de pies a cabeza... eres un estúpido muchacho.

Pero, cuando recovery girl se apartó, el depredador se reveló ante su presa.

—¡Ya estás listo, ojos navideños!

Esa fue la única advertencia que recibió Hades antes de que Mei saltara sobre él como una bestia mecánica desatada.

—¿Qué...? ¡Oye! —gruñó mientras trataba de retroceder, pero sus piernas no respondieron con la velocidad que exigía el momento.

Pero, simplemente, fue demasiado tarde.

Mei ya estaba en plena operación de "medición extrema": lo empujó contra la baranda de rehabilitación, sacó la cinta métrica y comenzó a rodearle el torso, los muslos, las pantorrillas y la espalda con una precisión casi maniática, mientras murmuraba números y fórmulas en voz baja como un científico loco. Hades sintió cómo su dignidad era manoseada junto con cada centímetro de su cuerpo.

—¡Estás loca...! ¿Dónde aprendiste a tomar medidas a esa velocidad?

—¡En la vida real, muchacho! ¡Y con un cliente tan explosivo como tú, el tiempo es oro, acero y engranaje! —gritó con una carcajada mientras anotaba algo en una hoja de papel que había sacado de su escote sin que nadie entendiera cómo lo guardó ahí.

Luego, tan repentinamente como apareció, salió corriendo por la puerta de la enfermería, con los brazos extendidos hacia atrás como un avión.

—¡Iré a hacer un nuevo bebé solo para ti, sujeto de pruebas número 1, Hades! —exclamó a lo lejos.

Power Loader se pasó una mano por el rostro y suspiró con resignación.

—Esa niña va a morir antes de los treinta si sigue así... —murmuró—. Pero bueno, al menos tiene propósito.

Se acercó a Hades, dejó dos latas sobre una pequeña mesa de metal. Una tenía una pegatina color naranja chillón, la otra era color tierra con letras verdes: "Concentrado de lúcuma silvestre – 2000 calorías por lata".

—Una para ahora, otra para mañana —dijo con una sonrisa apenas perceptible mientras se daba media vuelta—. Con eso deberías estabilizar tu resistencia mientras te adaptas a tu nuevo don. 

—¿Y esa otra lata? —preguntó Hades, mirando como una lata de color rosado sobresalía desde su overol.

—Oh... esta es para Mei —confirmó, terminando de guardarla dentro de su traje—, estoy seguro de que se desvelará haciendo sus nuevos proyectos, así que, le daré una pequeña ayuda.

Con sus palabras se empezó a ir, despidiéndose de la anciana con un simple gesto, pero, cuando estaba por sujetar el pomo de la puerta, se volteó, olvidando algo.

—Casi lo olvido. Tu nuevo traje está casi listo. Mei está usando todo lo que aprendió del incidente en el USJ. El diseño se mantendrá igual al que solicitaste al principio.

Hades soltó una risa por lo bajo, una enorme sonrisa se apoderó de sus labios, complacido con la noticia.

—Ya era ho...

Pero sus palabras se cortaron con un simple parpadeo cuando sus ojos se tornaron verdes, tan vivos como las primeras hojas tras un incendio forestal.

—¡Muchas gracias, Power Loader-sensei! —dijo Haruto con una voz suave, genuina y torpemente educada—. ¡Me aseguraré de usarlo con cuidado!

Un parpadeo.

El rojo regresó, como brasas reavivadas. Hades apretó los dientes.

—Genial... volvió el idiota —musitó la anciana, mientras el maestro salía con una pequeña sonrisa.

.....

[2 horas después]

—Y bien, ahora que puedes dar cinco pasos sin parecer una bolsa de huesos temblorosa, retomaremos lo importante —dijo Recovery Girl mientras se apoyaba sobre su bastón, mirando con aprobación la forma en que Hades se sostenía con una espada de huesos rústica.

—Qué conmovedor... —refunfuñó Hades, sudando por la frente mientras apenas se mantenía en pie.

—Silencio. —El tono de la anciana se volvió afilado como bisturí—. Vamos a empezar con lo que más fallaste: comprender tu cuerpo.

Hades ladeó la cabeza.

—...¿Ya empezamos?

—No seas tan ansioso, hoy te lo explicaré con palabras tan simples que hasta un bebé con pérdida auditiva podría entender.

La anciana se sentó con calma en una silla baja, sacó una libreta con diagramas y señaló un dibujo tosco de un cuerpo humano.

—Mira. Dentro de ti tienes sistemas. Todos los tenemos. Nervioso, muscular, óseo, linfático. Son como engranajes vivos que mueven al cuerpo, si uno falta... bueno, creo que ya lo entiendes.

—Ya veo... —murmuró Hades mientras se acomodaba sobre la silla—. No entendí nada.

—Y no espero que lo hagas... aún. Pero escucha.

Se inclinó hacia adelante.

—Tu quirk, cuando era funcional, era una extensión de tu biología. Lo moldeabas. Como respirar. Pero cuando mutó, esa extensión se convirtió en una fuerza autónoma que destruye más que cura. Porque tú no sabes en qué parte tocar.

—¿Tocar?

—Sí —asintió—. Si no entiendes dónde está el daño, tu quirk crea hueso donde no debe, piel donde ya hay, músculo sobre músculo. Y si no sabes cuánta resistencia tienes, te desangras por dentro sin darte cuenta.

Levantó su bastón, dando unos cuantos pasos hacia delante.

—Tu don ahora requiere precisión. Precisión quirúrgica.

Sacó una caja. Dentro, pequeños modelos de músculos, huesos y órganos.

—Así que aprenderás el cuerpo humano de cero. Cómo se mueve, dónde se conecta, qué partes deben evitarse. Para que el próximo cuerpo que repares no muera por culpa de tus buenas intenciones.

Hades tragó saliva, su espada se sentía más pesado de lo normal, mientras su imaginación lo traicionaba con él mismo siendo empalado por sus propios huesos.

—¿Y si me equivoco?

—Entonces aprenderás del error. ¡Pero no lo harás con personas! —aclaró, señalando los conejos y la pecera—. Empezarás con ellos.

Un silencio se instaló.

Hades se quedó viendo las criaturas vivas a su lado. Respiraban. Temblaban. Eran frágiles. Y ahora, su quirk no era solo una herramienta. Era una responsabilidad más grande de la que nunca creyó que tuviese.

—Genial... —murmuró—. Ahora soy un maldito estudiante de veterinaria.

La anciana sonrió con media mueca.

—Bienvenido al infierno de la medicina. Ahora, toma asiento, debes estar cansado.

Hades se sentó, con un suspiro de alivio acompañado, mientras su espada se mantenía apoyada en su muslo izquierdo mientras las piernas temblaban bajo el peso residual del esfuerzo. Recovery Girl arrastró una pequeña mesita metálica con ruedas, donde colocó varios modelos anatómicos y una tablet de pantalla agrandada.

—Vamos a empezar con algo que deberías saber si pretendes curar, niño.

Sacó una imagen impresa de un torso humano. Sin músculo. Sin hueso. Solo piel.

—Primera capa: epidermis. ¿Sabes qué es?

—¿La piel? —aventuró Hades con un tono plano.

—Más bien, la parte más superficial de la piel. Compuesta por cinco capas celulares. ¿Te suenan?

—No.

La anciana no pareció sorprendida.

—Stratum basale, stratum spinosum, stratum granulosum, stratum lucidum y stratum corneum. De abajo hacia arriba. Y sí, me los vas a memorizar.

Hades entornó los ojos. Ya no solo temblaban sus piernas.

—¿Y todas esas cosas hacen qué?

Recovery Girl sacó su teléfono, deslizó con precisión quirúrgica entre imágenes médicas.

—Protegen, regulan la temperatura, y sirven como barrera inmunológica. Además, contienen queratinocitos, melanocitos, y células de Langerhans.

—...¿Quera qué?

—Las células que fabrican queratina. La misma proteína que endurece uñas y cabello. Tus regeneraciones producen esta proteína como si fuera chicle. De ahí las placas rígidas que se te forman en la espalda cuando te excedes.

Le pasó la tablet con una imagen en alta resolución de una biopsia cutánea.

—Esto es piel dañada regenerándose mal. ¿Te recuerda algo?

Hades bajó la mirada. El recuerdo de su espalda cubierta por fragmentos óseos irregulares se coló como un susurro de dolor.

—Sí. Me recuerda a mí mismo después del USJ.

Recovery Girl asintió con gravedad.

—Segunda capa: dermis.

Deslizó hacia una nueva imagen.

—Contiene vasos sanguíneos, terminaciones nerviosas, glándulas sudoríparas y folículos pilosos. Si sanas esta zona mal, puedes causar necrosis parcial o hiperestesia —dijo, mirando directamente a los ojos de Hades—. ¿Sabes qué es eso?

—No, pero suena doloroso.

—Porque lo es. O bien se pudre, o el dolor se intensifica de forma crónica. Y por cómo gritabas en la cama del hospital, ya tuviste un primer roce con eso.

Hades apretó los dientes.

—¿Me está amenazando con una clase de anatomía?

—Te estoy salvando la vida, idiota.

Suspiró y deslizó a la siguiente imagen: una vista transversal de la piel con fibras nerviosas iluminadas.

—Ahora vamos a la hipodermis, o tejido subcutáneo. Esto conecta la piel con los músculos y almacena grasa. Aquí es donde el cuerpo retiene energía de reserva. Si regeneras esto sin control, tu cuerpo lo interpreta como crecimiento anormal.

—¿De ahí las masas en mis costillas? —preguntó Hades, tocándose el lado derecho con cuidado.

—Exacto. Lipohiperplasia inducida por regeneración acelerada descontrolada. Sí, acabo de inventarme ese nombre.

Hades soltó una risa baja, que se convirtió en un quejido cuando se enderezó.

—Okey... ya veo... no entiendo nada.

La anciana bufó.

—Por eso te traje esto.

Buscó otra app en su teléfono y proyectó en la pared una figura en 3D de un cuerpo humano que se podía girar, abrir y desmontar por capas. Tocó sobre la piel y esta se despegó virtualmente dejando ver la dermis. Luego la dermis se levantó, dejando la hipodermis. Una a una, como si descascarara una muñeca rusa viviente.

—A partir de ahora, cada noche estudiarás una de estas capas. Y cada mañana practicarás usar tu quirk para restaurar solamente esa capa, y nada más. ¿Me entiendes?

—¿Y si me equivoco?

—El conejo no lo entenderá. Pero tú sí.

Señaló a la pequeña jaula en la esquina. El animal dormía, ajeno a su papel en una lección de cirugía viviente.

—Cuando puedas curarlo sin crear huesos adicionales, te dejaré probar contigo mismo. Si sobrevives, quizás tengas futuro como héroe médico. O como humano funcional.

—Maldición... ¿entonces tendré que convivir con estas pelusas...?

—Y a la frustración.

El silencio era tan fino como el filo de un bisturí que lo había abierto. Recovery Girl apuntó con su bastón hacia la jaula. En su interior, el conejo blanco removía las orejas como si presentara ya un mal presagio.

—Ese —dijo, sin rodeos—. Tiene una herida superficial provocada por una incisión controlada. Necesita ser sanado.

Hades entrecerró los ojos.

—¿Y esto es para ver qué tanto entendí?

—Esto es para ver qué tanto daño puedes causar con tan poca información.

La mirada de Hades se afiló. Apretó el mango del bastón que usaba como apoyo, el hueso aún tibio latiendo bajo su palma. Un leve brillo rojo se encendió en sus ojos. A su alrededor, la habitación parecía más pequeña, como si la tensión comprimiera el aire mismo.

Dio un paso hacia adelante. El bastón de hueso resonó hueco contra el suelo. Respiró hondo.

—Epidermis... dermis... hipodermis... o era... ¿la otra era la queratina?

Sacudió la cabeza. No podía fallar. Era solo un conejo, esto sería fácil... 

Extendió ambas manos. Verde y rojo. Vida y muerte. Su don respondió con un hormigueo helado en los dedos. Un susurro salió de su boca, algo parecido a un rezo sordo. La luz verde se derramó como niebla sobre la pequeña herida de la criatura.

Al principio, parecía que todo iba bien. El pelaje tembló. La carne se contrajo.

Pero entonces, la espalda del conejo comenzó a inflarse con espasmos. El chillido que emitió fue agudo, tan humano que la sangre de Hades se heló en sus venas. Recovery Girl dio un paso adelante, pero no detuvo el proceso.

—¡Mierda...! —soltó Hades, pero ya era tarde.

Desde la herida, como un tumor vivo, comenzaron a brotar estructuras blancas, quebradas y angulosas: huesos. No de un conejo, sino de una aberración. Se dispararon desde la carne, atravesando piel, ojos, costillas. La piel regenerada creció sobre los huesos como una venda absurda y grotesca, como una costra mal formada. Pelo revuelto, colmillos nacidos donde antes hubo dientes herbívoros.

El conejo dejó de gritar, y comenzó a convulsionar. Un segundo después, estaba muerto.

El hedor a sangre y tejido mutado llenaba la habitación.

Hades no pudo moverse. El bastón de hueso temblaba bajo su palma. Sus ojos estaban muy abiertos, demasiado para ser tan siquiera normal. Recovery Girl caminó hacia él con una lentitud que contrastaba con lo que acababa de ocurrir. Sus arrugas parecían más marcadas. No dijo nada al principio. Solo observó el cuerpo hinchado del animal, que ahora parecía más una escultura de pesadilla que un ser vivo.

Y finalmente, habló:

—Sabía que ibas a fallar.

Su voz no era cruel. Solo... pesada. Como la de alguien que ha visto demasiadas veces el mismo tipo de muerte.

—Pero no pensé que sería tan catastrófico... —Hizo una pausa, sacando un pañuelo para cubrir el cuerpo—. Ni que el daño sería tan profundo. No fue regeneración. Fue destrucción...

Hades no dijo nada. Su mandíbula estaba apretada. El sudor resbalaba por sus sienes. Su garganta no lograba tragar, un ardor inexplicable empezó a nacer en su espalda, pero era tan pequeño que el shock de haber visto al conejo destruido, lo ocultó de sobremanera.

Recovery Girl se volvió hacia él con una mirada neutral, cansada, maternal y despiadada a la vez.

—Entendiste todo al revés. Usaste tu don como una de tus espadas... cuando debías usarlo como aguja.

—Yo... lo hice con cuidado.

—No, lo hiciste con miedo. ¿Te das cuenta de lo que hiciste? No solo reconstruiste tejido. Reescribiste al animal. Le diste estructuras que no le pertenecían.

Apretó los labios con fuerza antes de continuar.

—Eso no fue una curación fallida. Fue una transgresión biológica. Un crimen evolutivo. Y el responsable eres tú.

Hades bajó la cabeza. Su espada chirrió cuando lo apretó con más fuerza.

—Lo haremos de nuevo —dijo ella con dureza—. Pero no hoy. Vas a estudiar antes de volver a intentarlo.

Sacó de su bolso una carpeta gruesa, con imágenes, textos subrayados, diagramas a color.

—Te mandaré copias, materiales, esquemas en 3D. Tendrás deberes, pruebas. Y no usarás tu quirk curativo de nuevo hasta que puedas recitar cada capa del cuerpo como si fueran versos de tu respiración.

Hades no respondió. Solo miró al conejo muerto. El silencio que lo envolvía no era por respeto. Era castigo.

...

CONTINUARÁ.

N/A: Próximo capitulo, "Inicio del Festival Deportivo!"

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