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Chapter 2 - Chapter 1: The Light of a New Beginning

Al nacer, cada alma lleva consigo un soplo de fortuna tan puro que parece iluminar el mundo entero. Pero en el primer instante de existencia, la suerte alcanza su punto álgido, un don fugaz y divino que solo los recién nacidos conocen.

El primer sonido que percibió fue un murmullo lejano, como un eco amortiguado. Luego, sintió calor y un cuerpo pequeño y frágil que respiraba con dificultad.

—¿Qué… qué está pasando? —pensó, confundida.

Una luz tenue llenó su visión y un grito escapó de su garganta, no de dolor, sino de instinto. Frente a ella, un hombre con bata blanca sonoro mientras pronunciaba palabras que no comprendía del todo:

—「めでとうございます.元気な女の子ですよ.」 (Felicitaciones. Es una niña sana).

Todo parecía irreal. Su mente revivía el accidente: el coche estrellándose, el metal retorciéndose, el libro negro flotando… —Esto… esto debe ser un sueño —pensó—. Al fin y al cabo, no es posible sobrevivir a un accidente de coche, ¿verdad? Sí... debe ser eso.

Pero un pensamiento más profundo la asaltó: la voz del sistema, el recuerdo de haber dejado atrás su vida anterior… Finalmente, encontró la verdad: había muerto y renacido.

El médico la envolvió en una manta y se la entregó a sus padres. Una mujer de rostro dulce y cansado la sostenía con ternura, mientras un hombre, serio y atento, la miraba con emoción contenida.

—"Madre… Padre…" —pensó—. No los conozco, pero ahora serán mi familia.

La nostalgia le oprimió el corazón. Recordó a su abuela, quien la había criado mientras sus padres trabajaban en el extranjero. Su abuela ya había fallecido. —No podré ir a limpiar su tumba… ni volver a hablar con ella —susurró para sí misma—, pero siempre estará en mi corazón.

Cuando logró enfocar la vista, vio el entorno del hospital: luces blancas, la camilla donde había nacido y el suave murmullo de otros recién nacidos. Todo era normal, pero lo percibió con una sensación de asombro que solo alguien que ha vivido otra vida puede sentir.

Entonces, un suave sonido metálico resonó en su mente. Un menú invisible apareció ante ella como una pestaña flotante, brillando tenuemente:

[Sistema: Desafortunado–Afortunado] Nombre: Desconocido Habilidades: Ninguna

La pestaña flotaba ante sus ojos, ligera y nítida, como si esperara registrar cada decisión que tomara. Su pequeño cuerpo temblaba, pero su conciencia estaba despierta. Recordó su vida pasada: su abuela, sus estudios, la universidad, recuerdos felices y logros. Cada pensamiento la llenaba de una determinación melancólica.

Un suspiro se escapó de sus labios, aunque nadie pudo oírlo. —Ya no soy él… —dijo, hablando consigo misma—. Soy… ella.

Las palabras resonaron en su mente como un eco liberador. Por primera vez, aceptó plenamente su nueva identidad. —Su vida anterior había quedado atrás. Ahora soy… yo misma.

Mientras la luz de la habitación iluminaba su rostro, comprendió plenamente su nueva situación: había renacido con un cuerpo nuevo, un nombre desconocido y un sistema que la observaba, con un futuro lleno de posibilidades. Y aunque la tristeza la acompañaba, una chispa de determinación brillaba en sus ojos.

El llanto del último bebé se fue apagando poco a poco a medida que los médicos y enfermeras se marchaban, dejando a los recién nacidos con sus madres. La habitación se llenó de un cálido silencio, roto solo por el murmullo de los padres y el llanto ocasional de los bebés.

La protagonista, aún en brazos de su madre, recibió la oferta de mamar. Al principio, rechazó el pecho, confundida y asustada por la extraña sensación en su pequeño cuerpo. Su madre la sostuvo con ternura, acariciándole la cabeza mientras le hablaba en voz baja para calmarla.

De repente, un sonido metálico familiar resonó en su mente y apareció una notificación:

[Sistema: Desafortunado–Afortunado] ¡Logro desbloqueado! "Felicitaciones por renacer, usuario." Recompensa aleatoria obtenida: "Actuación de bebé perfecta"

Descripción: Gracias a esta habilidad, sabrás comportarte perfectamente como un bebé. Comerás, llorarás, dormirás y reaccionarás a los estímulos como se espera, sin ningún problema.

Aunque no comprendía del todo cómo funcionaba, sentía una extraña sensación de seguridad. Cada movimiento, cada gesto que hacía al ser alimentado parecía más natural, más coordinado. Su rechazo inicial a tomar leche desapareció casi de inmediato, y comenzó a succionar con fuerza y ​​​​un ritmo perfecto, sin esfuerzo alguno.

El sistema le hizo sentir que, incluso siendo un bebé, su nueva vida ya estaba llena de posibilidades. Aun en ese estado de fragilidad, la sensación de control y oportunidad creció en su interior, aunque apenas pudiera percibirla.

Mientras su madre la acariciaba y le susurraba palabras de cariño, la niña comenzó a acostumbrarse a su cuerpo, a su nueva identidad ya la silenciosa presencia del sistema que siempre la acompañaría. Fue un comienzo humilde y sencillo… pero ya sentía que esta vez podía vivir de otra manera.

Tras un tiempo, la protagonista descubrió su nombre: Kira. Sin embargo, aunque su cuerpo era pequeño y frágil, su mente permanecía despierta. Gracias a su conciencia previa y al sistema que la acompañaba, también conoció los nombres de sus padres.

—Kira Tokugawa —se dijo a sí misma—. Su madre, Nanami Kure, y su padre, Kenzo Tokugawa.

Un detalle le llamó la atención: por su experiencia previa leyendo novelas y viendo anime, era raro que la madre no llevara el apellido del padre. En la mayoría de los casos, el apellido paterno se transmitía automáticamente.

—Entonces… —pensó Kira— si mi madre conserva su apellido, significa que su familia materna debe ser poderosa o tener algún estatus especial.

Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, aunque su cuerpo solo emitía pequeños sonidos de bebé. Aún no podía hablar, pero su mente no se detenía; analizaba cada detalle, cada gesto de sus padres. Con la intención de comprender mejor su situación, a partir del entorno y las personas con las que se había encontrado, ya sabía que estaba en Japón.

"Mi madre... parece especial. Importante. Debo recordarlo."

Aunque todavía no podía moverse con libertad ni expresar sus pensamientos, Kira comenzaba a forjar su identidad en este nuevo mundo. Ya no era solo una bebé que comía y dormía: era un ser consciente, alguien que observaba y comprendía, incluso en silencio.

El tiempo seguía transcurriendo a toda velocidad, pero en su interior, la chispa de la determinación crecía lentamente. Sabía que, aunque era una recién nacida, su nueva vida no sería igual a la anterior. Y ese pensamiento le infundía una extraña sensación de seguridad y propósito.

Kira estaba feliz.

Su madre, Nanami Kure, había recibido el alta, y ella lo sabía porque la llevaba en brazos, envuelta en una cálida manta de bebé. Aunque su visión aún estaba borrosa, podía sentir el suave balanceo de los pasos de su madre y oír su voz tranquila hablando con los médicos.

Decidió seguir interpretando su papel de recién nacida, tranquila, con los ojos entrecerrados como si estuviera profundamente dormida.

Pero entonces, algo cambió.

Una suave brisa recorrió su mente, seguida de un resplandor dorado. Una voz femenina, suave pero firme, resonó en su cabeza:

[Sistema: Desafortunado–Afortunado] La Diosa ha aceptado tu solicitud para el Sistema de Simulación de Vida.

El corazón de Kira —si es que un bebé podía sentir algo así— comenzó a latir con fuerza.

¿La Diosa? ¿Un sistema de simulación de vida?

La voz continuó, lenta y solemne, como si leyera una frase divina:

[Sin embargo, ningún alma puede poseer dos sistemas al mismo tiempo. Por lo tanto, el sistema 'Desafortunado-Afortunado' absorberá y controlará el Sistema de Simulación de Vida bajo ciertas condiciones.

Condición 1: En cada simulación de vida, podrás obtener todos los objetos, conocimientos y experiencias que adquieras. La experiencia acumulada se transmitirá directamente a tu alma principal, pero los objetos permanecerán restringidos hasta que tu cuerpo principal tenga capacidad de almacenamiento.

Condición 2: Debes asignar una orden directa a tu personaje dentro de cada simulación. Puedes establecer un propósito, una misión o una meta final. Incluso puedes ordenar que, una vez cumplido el objetivo, el personaje muera o se reinicie voluntariamente.

Condición 3: Solo podrás usar la simulación de vida cuando el sistema principal te otorgue acceso como recompensa especial.

Kira comprendía las condiciones, pero aún tenía una duda.

"Sistema, ¿cómo puedo usar u obtener acceso a la simulación?"

[El sistema Desafortunado-Afortunado funciona de manera simple, aunque con cierta complejidad oculta. Este sistema otorga recompensas cuando el usuario completa misiones específicas, las cuales puede aceptar o rechazar libremente.

Cada misión completada otorga diferentes tipos de recompensas, incluyendo la posibilidad de acceder a simulaciones de diferentes mundos, donde podrás obtener nuevas experiencias, habilidades o conocimientos.

Además, el sistema también otorga recompensas especiales por logros ocultos. Estos logros no aparecen en ninguna lista ni se anuncian con antelación; el usuario debe descubrirlos por sí mismo realizando hazañas, superando desafíos o actuando de manera excepcional.

En resumen, el sistema premia tanto la voluntad de aceptar desafíos como la capacidad de lograr lo imposible, ofreciendo siempre oportunidades impredecibles entre la suerte y la desgracia.

Kira sentía como si su pequeño cerebro le doliera de tanto procesar información, pero sonrió para sus adentros.

La Diosa había sido generosa y no había impuesto ninguna condición extrema.

El motor del coche rugió suavemente.

Kira, aún envuelta en su manta, sintió el leve movimiento del vehículo al arrancar. Su madre la sostenía con cuidado, mientras su padre conducía con expresión tranquila.

El ambiente era tranquilo... hasta que un pitido resonó en su mente.

Ante su visión mental apareció una nueva ventana, resplandeciente con letras brillantes:

[Sistema: Desafortunado–Afortunado] ¡ Misión disponible! Título: Mantén tu rol de bebéDescripción: No rompas tu actuación. No hables, no hagas gestos como un adulto, no intentes comunicarte. Demuestra tu compromiso con tu nueva vida y actúa como un verdadero bebé.Recompensa: Habilidad — "Rico" (Pingüinos de Madagascar)Detalles de la habilidad: Tu cuerpo actúa como un contenedor extradimensional. Puedes almacenar objetos físicos dentro de tu estómago y recuperarlos cuando quieras.

Kira permaneció en silencio durante unos segundos.

¿Guardar cosas en mi estómago? ¿Como Rico, el pingüino psicópata? —pensó incrédula—. ¿Quién diseñó este sistema? ¿Un fanático de los dibujos animados? Bueno, no tengo otra opción. Además, ya me va bastante bien como bebé.

El coche se detuvo suavemente frente a lo que parecía ser una casa… aunque para Kira, parecía más bien una mansión.

A través de los brazos de su madre y con la vista aún borrosa, pudo distinguir una gran puerta de madera, las líneas limpias de los tejados curvos y jardines perfectamente cuidados.

Era una residencia tradicional japonesa: espaciosa, silenciosa y con una elegancia que inspiraba respeto.

Los muros estaban rodeados de bambú, y un pequeño estanque reflejaba el cielo matutino.

Incluso desde su perspectiva limitada de bebé, Kira comprendió que aquella no era una familia cualquiera.

"Así que... la mamá Kure pertenece a una familia poderosa, ¿eh?", pensó con un toque de ironía. "Definitivamente, esta no es una casa de clase media."

Cuando su madre salió del coche, varios sirvientes se acercaron, haciendo una reverencia respetuosa.

Aun así, Nanami la sostuvo en brazos todo el tiempo, sin permitir que nadie más la tocara.

Su expresión reflejaba un afecto genuino, casi protector, que contrastaba con la imagen fría y formal de las familias de clase alta que Kira recordaba de su vida anterior.

Su padre, Kenzo, habló brevemente con uno de los sirvientes y luego se marchó con una sonrisa cansada.

Kira lo observó mientras caminaba de regreso hacia el coche.

«Así que trabaja todo el día… el típico padre japonés ocupado», pensó. «Supongo que no lo veré mucho. Y mamá… parece que lo hace todo sola».

La casa era tan grande que incluso el eco de los pasos resonaba suavemente por los pasillos.

Nanami la llevó a una habitación decorada en tonos cálidos, donde una cuna de madera impoluta la esperaba. La acostó con cuidado, la cubrió con una manta rosa y le dedicó una dulce sonrisa junto con un susurro que solo ella pudo oír:

—Bienvenida a casa, Kira.

Por un breve instante, algo se removió en el pecho del bebé. Ese tono de voz… esa calidez…

Aunque no era su madre de su vida pasada, Nanami le transmitió una sensación de paz que no había sentido desde que falleció su abuela.

Kira cerró los ojos lentamente.

El tenue aroma a incienso y el lejano sonido del agua del jardín la arrullaron hasta quedarse dormida.

"Supongo que... podría acostumbrarme a esto", pensó. "Una nueva vida, una familia diferente y un sistema que me da poder. No está tan mal..."

Y así, mientras el sol se ponía sobre el tejado de la mansión Tokugawa, Kira durmió su primera noche en su nuevo hogar, sin saber que pronto tendría que poner a prueba las reglas de su nuevo destino.

Con el paso de las semanas, Kira se fue acostumbrando a su papel de bebé. Aprendió a mantener una mirada inocente, movimientos torpes y balbuceos apropiados.

Su madre, Nanami, se encargaba de todo. Siempre estaba a su lado: la alimentaba, la bañaba, la acostaba y dos veces por semana la llevaba al jardín para que tomara el sol.

Eran momentos que Kira disfrutaba en silencio.

El aire fresco, el olor a hierba y el calor del sol matutino sobre su piel le proporcionaron una paz que no había sentido en mucho tiempo.

"Supongo que... esta vez podré tener una infancia tranquila", pensó, mientras observaba las mariposas revolotear cerca.

Nanami estaba sentada en el tatami del pasillo, dejando que la luz dorada del sol se filtrara a través de los paneles corredizos.

Kira descansaba en sus brazos, tranquila, fingiendo dormir como de costumbre.

Entonces, unos pasos lentos resonaron por el pasillo. Un sonido firme y pausado, acompañado del suave susurro de la tela.

Nanami alzó la mirada y, al hacerlo, su expresión cambió.

Una figura pequeña pero vivaz apareció al final del pasillo: un anciano calvo, vestido con ropa tradicional japonesa. Su rostro estaba surcado de arrugas, pero su sonrisa irradiaba emoción.

—Nanami-chan —dijo con voz grave pero amable—, has hecho bien en cuidar tú misma al niño.

Kira sintió que el cuerpo de su madre se tensaba ligeramente.

Nanami hizo una reverencia respetuosa, sosteniendo a su hija con ambas manos.

—Padre… —respondió ella con un tono formal pero amable—. Me alegra que hayas venido.

Detrás del anciano apareció Kenzo, el padre de Kira, con una expresión mucho más seria de lo habitual. Llevaba el mismo traje que usaba para ir a trabajar, pero su postura y su forma de caminar denotaban cierta rigidez.

"Así que este hombre es... mi abuelo paterno", dedujo Kira. "Y si pertenezco a la familia Tokugawa... entonces sin duda son importantes."

El anciano se acercó lentamente hasta que se detuvo frente a ellos. Sus ojos profundos y serenos se fijaron en Kira.

Por un instante, el bebé sintió como si estuviera mirando a través de su cuerpo... como si supiera que algo más vivía dentro de esa pequeña forma.

[Advertencia del sistema: "Mantén tu rol de bebé" — Bajo observación]

El mensaje apareció en su mente y desapareció con la misma rapidez.

Kira contuvo la respiración, o al menos lo intentó. No podía cometer un error. No ahora.

El anciano sonrió levemente y extendió un dedo tembloroso, tocándole suavemente la mejilla.

—Una niña preciosa —dijo—. Se le nota la sangre Tokugawa en la cara.

Nanami sonrió aliviada, mientras que Kenzo permaneció en silencio, con los brazos cruzados.

La tensión en el ambiente era sutil, pero Kira la percibió.

"Definitivamente hay... algo entre mi padre y mi abuelo", pensó con curiosidad. "Y seguramente tiene que ver conmigo".

El anciano siguió observando al bebé durante unos segundos más, con esa mezcla de ternura y orgullo que solo una persona de edad avanzada podía mostrar.

Sin embargo, sus ojos no eran los de un simple abuelo; tenían el brillo penetrante de un hombre que había presenciado demasiadas batallas.

Nanami permaneció en silencio, sosteniendo a Kira con respeto. Kenzo, a su lado, parecía incómodo, aunque no dijo nada.

Finalmente, el anciano habló con voz tranquila y profunda.

—Kenzo… —dijo, acariciándose la barba—, quizás tú no heredaste el espíritu de combate, pero este niño… este niño sí lo tiene.

La habitación pareció llenarse de un silencio denso.

Kira, en brazos de su madre, sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.

Esa mirada, ese brillo en sus ojos… ella ya lo había visto antes.

"Imposible..." pensó, conmocionada. "Esa voz... esa mirada... ese nombre..."

Su mente conectó los recuerdos.

Mitsunari Tokugawa. El administrador del estadio subterráneo.

El mismo hombre que había visto en su vida anterior en el anime Baki . El hombre que observaba con fascinación a monstruos como Yujiro Hanma y Baki Hanma.

"He reencarnado... en el mundo de Baki."

Kira casi se atragantó con su propia respiración, pero inmediatamente el sistema mostró un mensaje:

[Advertencia del sistema: Mantén tu rol de bebé — Nivel de sospecha: 12%]

Rápidamente relajó su cuerpo y fingió dormir.

El anciano, ajeno a todo, continuó hablando.

—Cuando crezca, quiero que la lleven al cuadrilátero clandestino —dijo con entusiasmo—. Debe presenciar las peleas que superviso. Es bueno que comprenda el significado de la verdadera fuerza desde pequeña.

—Padre… —Nanami intervino suavemente—, todavía es solo una bebé…

—¡Exacto! —respondió Mitsunari con una amplia sonrisa—. Y es precisamente entonces cuando el espíritu comienza a formarse. El instinto no es algo con lo que se nace, sino algo que se moldea constantemente.

Kenzo suspiró, apartando la mirada.

—Padre, sabes que no me interesa pelear. No quiero que mi hija se vea involucrada en eso.

Mitsunari giró lentamente la cabeza hacia él.

Aunque su sonrisa permaneció, su mirada se volvió fría.

—Lo sé, Kenzo. Eres… uno de los pocos raros de nuestro clan que rechaza la fuerza. Pero no puedes negar su destino. Esta niña —dijo, señalando a Kira— lleva el fuego de los Tokugawa en la sangre. Y si los dioses son justos… algún día lo demostrará.

El silencio volvió a reinar.

Nanami estrechó a Kira un poco más contra su pecho, como para protegerla. Kenzo bajó la cabeza, sin responder.

"Así que... nací en la familia Tokugawa", pensó Kira. "Y ese anciano... es Mitsunari Tokugawa, el observador de monstruos humanos."

El anciano se puso de pie lentamente.

Antes de marcharse, hizo una leve reverencia hacia Nanami y acarició suavemente la cabeza del bebé por última vez.

—Cuídala bien, hija —dijo con firmeza—. Algún día la llevaré a ver la arena. Quiero ver con mis propios ojos si su alma resuena… como la de un verdadero Tokugawa.

Con esas palabras, Mitsunari Tokugawa se marchó, dejando tras de sí una atmósfera de incertidumbre entre Kenzo y Nanami.

Pasó un año y Kira obtuvo su recompensa.

[Misión completada. Has mantenido perfectamente tu papel de bebé. Recompensa obtenida: Habilidad — "Almacenamiento Rico" activada.]

Por un instante, Kira sintió un hormigueo en el abdomen, algo extraño, como si algo en su interior se hubiera expandido hacia un espacio vacío.

"Increíble...", pensó asombrada. "Literalmente soy un bebé con un inventario corporal... mejor dicho, ahora soy una chica de inventario".

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