NOTA: ¡ESPERO Y LES GUSTE EL CAPITULO, AUNQUE LO SUBÍ UN POCO TARDE MÁS VALE TARDE QUE NUNCA xD.... EN FIN NO OLVIDEN DEJAR SUS POWER STONES!.....POR CIERTO ESTE CAPÍTULO EN SU MAYORÍA ES R18, ASÍ QUE TENGANLO EN CUENTA!
—Buenas noches, Takeshi-sensei —Meiko al verlo saludo como siempre, su voz era indiferente y su rostro era inexpresivo.
Takeshi la vio aparece desde la oscuridad, un espectáculo que lo dejó completamente sin palabras.
Estaba envuelta apenas en una toalla de baño blanca, un trozo de tela que parecía a punto de rendirse a la presión de sus pechos enormes y perfectamente formados, los cuales temblaron sutilmente con su simple saludo.
Su piel, todavía húmeda y tibia de la ducha, brillaba bajo la luz. Gotas de agua perlaban en las puntas de su largo cabello gris y un aroma a jazmín y vainilla del gel de ducha envolvía el aire.
—Hmm, buenas noches, Shiraki-san —respondió Takeshi con una sonrisa tratando de lo más posible de no ver el cuerpo de Meiko.
Al ver que no respondía y creyendo que era todo por hoy, Takeshi estaba por irse. Pero en ese momento
Los ojos de Meiko brillaron levemente, levantó una pierna larga y esbelta y lanzó una patada baja hacia él.
No había hostilidad en sus ojos, solo una chispa de desafío. Sorprendido, Takeshi apenas tuvo tiempo de reaccionar, extendiendo una mano para bloquear el ataque con la palma.
El impacto fue firme y el aire pareció retorcerse al momento del impacto, ella al ver esto aumentó la presión, tratando de empujar el agarre.
Pero Takeshi, con su don de fuerza monstruosa, se mantuvo firme, sin retroceder ni un ápice.
¿Por qué demonios lo atacaron? La pregunta voló por su mente, pero fue rápidamente reemplazada por una distracción mucho más agradable.
Al levantar la pierna, la toalla de Meiko se había deslizado ligeramente, revelándole una vislumbre tentador del pliegue cálido y húmedo entre sus muslos.
La curiosidad de Takeshi se despertó y aunque sonaba descabellado e incluso podía ser catalogado como un degenerado sexual no pudo soportarlo más por más que lo intento.
En lugar de simplemente bloquear, su mano se deslizó suavemente desde el tobillo de ella, subiendo por la piel tersa y satinada de su pantorrilla hasta detenerse en la parte interna de su muslo.
Su pulgar trazó lentos círculos, acercándose cada vez más al centro de calor que emanaba de ella.
—¡¿Qué-qué haces?! —exclamó Meiko, su voz perdiendo la compostura por primera vez. Y el pánico comenzó a apoderarse de ella.
—¡No, no ahí!— Instintivamente, intentó retirar la pierna, pero en su pánico cometió un error fatal.
Fue toda la apertura que Takeshi necesitaba. Con un movimiento rápido y fluido, aprovechó su pierna elevada, la giró y la empujó suavemente contra la pared, inmovilizándola con su cuerpo.
Su mano libre agarró ambas muñecas de ella y las elevó por encima de su cabeza, atrapándolas contra la superficie fría.
Ahora estaban cuerpo a cuerpo, y la delgada barrera de la toalla era todo lo que los separaba.
—Shiraki-san, ¿por qué me atacaste? —preguntó Takeshi, su voz un murmullo grave junto a su oído.
—¡Yo-yo solo quería probar tu fuerza! —balbuceó ella, su rostro enrojecido. Meiko no mentía en verdad, sentía una curiosidad malsana por este hombre que había sobrevivido a la horda de zombies con ella.
Su fuerza era aterradora, y la suya también. Quería ver quién era superior. Pero no había previsto esto, esta rendición tan vergonzosa.
—Ah, ¿sí? —soltó Takeshi, una sonrisa depredadora dibujándose en su rostro—Entonces, una prueba de fuerza. Entiendo.
La lógica de Meiko era sólida, pero su método había sido un error. Y Takeshi sintió que esta mujer necesitaba una lección. Si no la castigaba, seguiría desafiándolo, él era el líder ahora. La insubordinación no podía ser tolerada.
Levantó su mano libre y....
¡BOFETADA!
El sonido nítido y carnal resonó en el silencio del pasillo. Su palma había aterrizado de lleno en una de las nalgas curvadas y firmes de Meiko, apenas cubiertas por la toalla de baño.
La sensación fue increíble, suave, elástica y perfectamente satisfactoria. Un temblor recorrió el cuerpo de ella.
—¡Takeshi-sensei! —susurró ella, sus ojos abriéndose como platos por la pura sorpresa. Nadie, jamás, se había atrevido a hacerle algo así.
La humillación ardió en sus mejillas, pero mezclada con algo más, algo que no podía identificar.
—Ese es tu castigo por faltarle el respeto a tu maestro. ¿Hay algún problema? —preguntó él, su tono desafiante y ligeramente burlón.
La furia se apoderó de Meiko. Intentó liberarse, retorciéndose contra su agarro, pero era inútil. Era como luchar contra una roca.
—¿Mmm? Parece que aún no estás convencido, ¿verdad, Shiraki-san? —la sonrisa de Takeshi se ensanchó aún más. Esto era exactamente lo que quería. Ver a esta mujer a su merced.
¡BOFETADA!
Esta vez, el golpe fue más fuerte. La toalla apenas amortiguó el impacto. Un grito ahogado se escapó de los labios de Meiko.
Al sentir el trasero gelatinoso de Meiko ondularse incluso por encima de la toalla, los ojos de Takeshi brillaron con emoción queriendo molestarla más.
Además la expresión de Meiko enojada, desafiante y ligeramente sonrojada le daba más emoción a la situación.
Sin contar que por alguna razón Takeshi podía ver por extraño que parezca emoción en sus pupilas, esto lo sorprendió pero haciendo memoria recordó que Meiko Shiraki en Prisión School tenía un extraño fetiche por el sadomasoquismo.
Pensando esto Takeshi aunque sabía que estaba mal decidido arriesgarse un poco por primera vez.
Comparado con la emoción de Takeshi, el dolor inicial de Meiko fue agudo, pero se desvaneció rápidamente, reemplazado por una ola de calor que se extendió desde el punto de impacto hasta el resto de su cuerpo. Era vergonzoso, era humillante... y, confundidamente extraño.
¡BOFETADA!
¡BOFETADA!
¡BOFETADA!
Takeshi continuó su castigo, alternando los golpes en cada mejilla de su trasero. Cada bofetada era un poco más resonante que la anterior.
Meiko apretó sus dientes blancos con fuerza, negándose a darle el gusto de gritar. Pero su cuerpo la traicionaba.
El dolor se había transformado en un pulsar placentero. Un calor húmedo comenzó a acumularse entre sus piernas, y su respiración se volvió superficial y entrecortada.
"¿Qué estaba pasando con ella? ¿Era esto... el despertar algo extraño dentro de sí?"
Después de unos cuantos golpes más, Takeshi se detuvo. Retiró su mano y liberó a Meiko, que quedó temblando contra la pared.
—¡Si no estuviera envuelta en esta maldita toalla, no serías rival para mí! —soltó ella, su voz temblando con furia con un rubor en su rostro.
—¡Habla con respeto a tu maestro! —dijo Takeshi, levantando la mano en un gesto de advertencia—¿O necesitas otra lección?
—¡Hmph! pervertido —resopló Meiko, con el rostro tan rojo como un tomate. Se giró y entró a paso rápido a su habitación, cerrando la puerta de un portazo.
Una vez a solas, Meiko se apoyó en la puerta, respirando con dificultad. Su corazón martilleaba en su pecho y sus piernas se sentían como gelatina.
Se tocó entre las piernas, por encima de la toalla, y sintió el calor intenso que emanaba de allí. La humedad había empapado la tela.
~¡Hooo!
—¿Por qué…? ¿Por qué me siento así? —susurró, con la voz apenas audible, mientras su mente era arrastrada por un torbellino de confusión y un sentimiento extraño que comenzaba a germinar en lo más profundo de su pecho.
La humillación había sido real, insoportable incluso. Sin embargo, ahora todo quedaba eclipsado por otros pensamientos, la persistente sensación de la mano de Takeshi sobre su piel, el eco de sus golpes resonando aún en sus oídos, y ese fuego inesperado que se había encendido dentro de ella, intenso y difícil de ignorar.
Sin darse cuenta, su mente comenzó a divagar hacia el pasado.
Meiko Shiraki siempre había sido fuerte. Demasiado fuerte. Desde niña, su fuerza desmedida provocó accidentes sin intención alguna al punto de que en ocasiones lastimaba a otros niños en el jardín de infancia sin que ella lo quisiera
El miedo que despertaba la fue aislando poco a poco, relegándola a la soledad. Podría decirse que nunca tuvo amigos de verdad.
De forma consciente o no, ese aislamiento fue moldeando en ella un profundo desprecio hacia los débiles… especialmente hacia los hombres después de todo estos mismos ocasionalmente se burlaban de ella o eran los que la marginaban.
Por lo que este despreció creció con el tiempo más y más en su corazón, tal vez eran sus traumas. Tal vez algo más que aún no comprendía. Fuera cual fuera la razón no importaba, en un principio Takeshi le resultó irrelevante desde el principio.
Incluso cuando él "conspiró" para mantenerla a su lado, Meiko dedujo que solo buscaba aprovecharse de su habilidad.
Después de todo, su fuerza era bien conocida en la Academia Fujimi no en vano era la capitana del Club de Judo y los rumores sobre ella eran bien conocidos.
Y aquello sólo alimentó su desprecio. Para ella, Takeshi no era más que un hombre que se escondía detrás de una mujer.
Algo vergonzoso, algo patético. Y con cada pensamiento, el rechazo que sentía hacia él no hacía más que crecer, arraigándose con fuerza en su corazón… aunque, de manera inquietante, ya no era el único sentimiento que habitaba en él.
No. Todo cambió desde el momento en que él comenzó a demostrar sus habilidades. Su inteligencia esa que parecía anticiparlo todo, incluso adelantándose a los sucesos cuando ni si quisiera hubieran sucedido, su determinación inquebrantable, su comportamiento directo y, sobre todo, la fuerza que demostró… todo eso fue minando poco a poco la imagen que Meiko tenía de él.
Esa fuerza, tan similar a la suya.
Ambos podrían destruir zombies sin siquiera esforzarse demasiado. Cuando Takeshi ideó aquel plan de escape y luchó a su lado, el desprecio que ella sintió se desvaneció, sustituido por algo distinto, algo que aún no lograba comprender.
¿Admiración, tal vez? ¿O la simple emoción de encontrar a alguien que realmente pudiera caminar a su mismo nivel? No lo sabía.
Y precisamente por eso, su ardiente orgullo la impulsó a querer enfrentarlo, a medir fuerzas, a demostrar quién era realmente más fuerte. Solo que nunca esperó que las cosas terminaran de esa manera…
Pero lo peor no fue eso.
Lo peor fue que, incluso cuando ocurrió aquello en el pasillo, aun sabiendo que estaba mal, no lo detuvo. Pudo haber gritado con todas sus fuerzas y los demás habrían llegado de inmediato y, para ese momento, Takeshi-sensei habría estado acabado.
Pero no lo hizo....
Meiko Shiraki se encontró sumida en un torbellino de sensaciones, atrapada entre las sábanas de su cama.
Su pecho subía y bajaba con cada jadeo agitado, haciendo que sus grandes pechos, ya exagerados, resaltaran aún más bajo la tela fina de su top para dormir.
Su rostro estaba completamente sonrojado, un rubor intenso que se extendía desde sus mejillas hasta el cuello, testimonio del calor que la consumía.
Su cuerpo se retorcía sin control, una danza errática de placer y frustración, mientras su mirada perdida se fijaba en un punto indeterminado del techo, como si su conciencia hubiera abandonado temporalmente su cuerpo para flotar en una nube de lujuria.
Desde lo que sucedió en el pasillo, Meiko sintió una ligera sensación extraña que no pudo apagar... Así que no pudo evitarlo.
—Mmmgh...
El sonido se escapó de sus labios entreabiertos, un gemido gutural y húmedo que rompió el silencio de la habitación el cual rápidamente reprimió.
Su mano, que había estado explorando las curvas de su cintura y el suave contorno de sus caderas, descendió con una determinación feroz.
Sus dedos se deslizaron bajo el borde de sus pantalones cortos de seda, encontrando el calor húmedo que había sentido entre sus piernas después de lo sucedido en el pasillo.
El contacto inicial fue como una descarga eléctrica, una sacudida que recorrió toda su columna vertebral y la hizo arquear la espalda. Su respiración se cortó por un instante, para luego convertirse en un ritmo rápido y superficial.
Comenzó con movimientos lentos y circulares, explorando cada pliegue. Sus dedos, hábiles y algo torpes, bailaron sobre su clítoris, hinchado y sensible.
Cada roce enviaba oleadas de placer que se acumulaban en la base de su estómago, un calor creciente que amenazaba con estallar.
Sus piernas se abrieron más, una invitación silenciosa a la entrega total, y sus caderas comenzaron a moverse al ritmo de su mano, un bamboleo instintivo que buscaba más fricción, más presión.
—Ahh... sí... así...
Susurró para sí misma, las palabras apenas un soplo cargado de deseo, al mismo tiempo recordó la escena que acababa de pasar, las manos firmes en sus nalgas apenas cubiertas por la toalla, aquella sensación de dominio que ejercían sobre ella y sobre todo el ardor en la piel después de esas bofetadas.
Por un instante deseo que se repitiera, esta idea aunque extraña la excitó aún más, y su ritmo se aceleró.
Ya no eran caricias suaves, ahora eran movimientos urgentes. Introdujo un dedo, luego dos, sintiendo cómo sus paredes internas se contraían y apretaban alrededor de ellos, ansiosas.
El sonido del chapoteo de su coño se hizo más constante, una melodía húmeda y obscena que acompañaba sus gemidos los cuales reprima para evitar que la descubrieran.
El sudor perlaba su frente, mezclándose con el rubor de su piel agregando que su apariencia ya de por si bella lo fuera más.
Sus pechos libres se mecían pesadamente con cada movimiento de su torso. A pesar de su gran tamaño estos se mantenían firmes, sus pezones rosados y rodeados por areolas de color pálido estaban endurecidos por la excitación estos se rozaban contra las sábanas, añadiendo otra capa de estímulo a la tormenta que se gestaba en su interior.
—¡Hmmngh!
Después de un tiempo el orgasmo la golpeó como una ola gigantesca, inesperada y abrumadora.
Un gemido ahogado se liberó de su garganta mientras sus músculos se tensaban hasta el límite. Su espalda se arqueó en un ángulo imposible, levantando la cintura de la cama, y una serie de espasmos incontrolables recorrieron su cuerpo desde los pies hasta la cabeza.
Las olas de placer la inundaron, una y otra vez, dejándola sin aliento y temblorosa. Por un largo momento, solo quedó el sonido de su respiración, entrecortada y profunda, mientras intentaba recuperar el sentido.
Lentamente, su cuerpo se relajó, hundiéndose de nuevo en el colchón. Una sensación de calma pesada se apoderó de ella al mismo tiempo que ese sentimiento extraño de antes la invadía nuevamente.....Incluso ella no sabía cómo había terminado en esta situación tan extraña.
"¿Será que... de verdad he despertado un gusto extraño por ese tipo?...eso no puede ser ¿verdad?"
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