[Sivelle]
El aire estaba fresco mientras Miya y yo avanzábamos por el sendero polvoriento, dejando atrás los últimos vestigios de la capital. Dos semanas de viaje nos habían llevado lejos de los muros que conocía desde siempre, y cada día que pasaba sentía que el recuerdo de Neyreth se hacía más cercano, más urgente. Miya iba a mi lado, firme y alerta, su mirada recorriendo cada sombra que nos rodeaba.
Finalmente, a lo lejos, vimos movimiento. Caballos aparecieron en el horizonte, avanzando en formación ordenada. El corazón me dio un vuelco. Conforme se acercaban, reconocí la bandera y los estandartes: eran los hombres enviados por mi padre.
El capitán bajó de su caballo con pasos decididos y se inclinó ante mí.
—Joven duquesa —dijo con voz firme pero respetuosa—. Por órdenes del duque Vyrenthal, estamos aquí para acompañarla al Este.
Asentí, intentando mantener la compostura.
—Está bien —dije—. En marcha entonces. No sabemos cuánto tardaremos en llegar a la ciudad del Este, y mi hermano podría haberse movido de allí.
El líder del grupo levantó la cabeza y me observó con cierta cautela.
—Entonces… es cierto —dijo en voz baja, casi como si temiera pronunciarlo—. El joven maestro Neyreth sigue vivo.
Lo miré fijamente, con la convicción que me daba la certeza de lo que sabía.
—Sí —respondí—. Por eso mismo se movilizaron las fuerzas al Este y al Oeste, junto con mi madre. Sabemos que está ahí, y no dejaremos que se escape de nuevo.
El capitán asintió lentamente, procesando la magnitud de lo que decía.
—Es increíble —murmuró—. Después de tantos años… después de todo lo que se creyó perdido.
—No podemos permitirnos errores esta vez —dije con firmeza—. Todo lo que hagamos debe asegurar que llegue sano y salvo. Mi madre y yo haremos lo necesario.
Miya, a mi lado, asentía en silencio. Sabía que cada decisión era crítica, y que cualquier distracción podría cambiarlo todo.
—Joven duquesa —intervino el capitán—. ¿Desea que avancemos de inmediato? Podemos acortar el tiempo si mantenemos la formación cerrada y sin detenernos demasiado.
Lo miré, considerando el terreno y la posibilidad de que Neyreth se moviera antes de nuestra llegada.
—Sí —dije finalmente—. Avanzaremos de inmediato. No dejaremos margen para que nada lo sorprenda.
Los hombres ajustaron sus armaduras y lanzas, y los caballos relinchaban inquietos. El grupo comenzó a moverse con precisión, y Miya se aseguró de que yo estuviera lista, revisando mis pertenencias y ajustando mi capa.
Mientras cabalgábamos, no pude evitar pensar en él: Neyreth. El hermano que mi corazón había extrañado sin cesar. Por fin, después de años de preguntas, de incertidumbre y miedo, sabíamos dónde estaba, y ahora solo dependía de nosotros alcanzarlo antes de que cualquier obstáculo se interpusiera.
—¿Está segura, joven duquesa? —preguntó Miya, rompiendo el silencio mientras cabalgábamos entre los árboles—. De que él querrá vernos… de que nos reconocerá.
La miré y asentí, aunque no pude evitar un nudo en la garganta.
—Tiene que reconocernos, Miya —dije con voz firme pero cargada de emoción—. Es mi hermano, y yo soy su hermana. Todo lo demás… es solo cuestión de tiempo.
El capitán, oyendo parte de la conversación, añadió:
—No tengo duda de que así será, joven duquesa. Después de todo lo que ha pasado, el destino ha traído este momento hasta ustedes.
Cabalgamos en silencio por un largo trecho, cada uno inmerso en sus pensamientos. Sabíamos que la distancia que nos separaba del Este no era solo geográfica, sino también un límite entre el pasado de Neyreth y lo que esperaba encontrar con nosotros. Y yo, por primera vez en diez años, sentí que estaba a punto de cerrar un capítulo que había quedado abierto demasiado tiempo.
—Cuando lleguemos —dije, más para mí misma que para alguien más—. Lo encontraremos. Y no lo dejaremos ir jamás.
Miya asintió, y el capitán hizo un gesto a sus hombres para mantener la formación.
**
El aire se volvió más denso conforme cabalgábamos, los rayos del sol filtrándose entre las ramas de los árboles, y el sonido de los cascos resonando sobre la tierra seca. No pasó mucho tiempo antes de que notara movimiento a lo lejos, tres figuras a caballo aparecían desde otra dirección, avanzando con determinación. El capitán frunció el ceño, señalando hacia ellos mientras nos acercábamos.
—Joven duquesa —dijo—, esos son exploradores que enviamos a investigar otras rutas al Este. Han estado buscando los caminos más seguros y cualquier información que pueda ser útil para nuestra travesía.
A medida que los caballeros se acercaban, los dos grupos se encontraron en un claro. Todos los hombres bajaron la cabeza en señal de respeto, y yo mantuve mi mirada fija, evaluando la situación. El explorador principal se adelantó, quitándose la capucha y haciendo una ligera reverencia.
—Joven duquesa —dijo con voz firme—. Traigo información sobre los movimientos recientes en los bosques hacia el Este. Parece que algunas de las órdenes que patrullan del reino están activas: Los Vigías del Alba, la Llama Silente y la Orden del Acero Pálido. Además, hemos notado movimientos inusuales de bestias. Las cantidades son anormales, aunque no tenemos confirmación de la causa exacta.
Mi corazón se aceleró. Nunca había oído hablar de movimientos de tal magnitud en esa zona. Giré mi cabeza hacia el capitán.
—¿Qué significa esto para nuestro camino? —pregunté, conteniendo mi preocupación.
—Para llegar a la ciudad del Este —respondió con firmeza—, debemos pasar por ese bosque. Rodearlo nos tomaría mucho más tiempo, incluso el triple. Si queremos encontrar al joven maestro Neyreth sin que se escape de nuestra llegada, este es el único camino viable.
Chasqueé la lengua, girando mi caballo para mirar a los hombres que me seguían. Sus rostros mostraban incertidumbre, algunos con signos de miedo, otros solo evaluando la situación.
—Esto queda a decisión de todos —dije, con un tono que buscaba apertura, aunque sabía que pocos se atreverían a hablar.
El silencio se extendió por unos segundos. Entonces Miya se inclinó ligeramente sobre su caballo, con una sonrisa confiada y los ojos brillantes:
—Nadie aquí puede decidir por usted —dijo—. Usted es la heredera del ducado, la futura duquesa. Lo que decida, todos lo cumpliremos sin cuestionar.
Sentí una mezcla de alivio y determinación al escucharla. Un segundo veterano, igual de respetado que nuestro capitán, asintió con una sonrisa leve, mirando a los hombres:
—Estoy de acuerdo con Miya. Se trata del joven maestro Neyreth. No importa lo que encontremos en ese bosque, debemos pasar y traerlo de regreso a casa.
Uno a uno, los soldados más veteranos asentían, y los nuevos, aunque desconocían a Neyreth, captaron la seriedad del asunto y se unieron al acuerdo.
—Está bien —dije, respirando hondo mientras sentía el peso de la decisión—. Pasaremos por el bosque. Faltan algunos días antes de llegar allí, pero debemos estar preparados. El bosque será una zona peligrosa, lleno de bestias, pero incluso fuera de él, no podemos bajar la guardia.
El capitán bajó la voz, dirigiéndose a los hombres:
—Mantengan los ojos abiertos, asegúrense de vigilar los alrededores y de que nadie se separe. Cada decisión, cada movimiento, puede ser vital.
—A sus órdenes, futura duquesa —respondieron al unísono, el eco de sus voces llenando el aire mientras retomábamos la marcha.
Yo miré a Miya, quien me lanzó una sonrisa tranquilizadora, y luego al grupo que me seguía. La tensión estaba presente, pero también la determinación. Cada uno de ellos comprendía lo que estaba en juego.
—Cuando tengamos tiempo —dije mientras cabalgábamos, con la voz más suave pero firme—, descansaremos. Pero hasta entonces, nadie baja la guardia. Cada uno debe estar listo para cualquier cosa.
El capitán asintió, ajustando la posición de su espada mientras los exploradores adelantaban el paso para inspeccionar el terreno. La columna continuó su marcha, el bosque acercándose como una muralla verde y silenciosa, prometiendo peligros desconocidos.
Mientras cabalgábamos, sentí la mezcla de anticipación y ansiedad crecer en mi pecho. Cada hora que pasaba nos acercaba más a Neyreth, a la posibilidad de finalmente reencontrarnos. Pero también nos acercaba al corazón del bosque, donde las órdenes y las bestias que acechaban podrían poner a prueba nuestra resolución y nuestra fuerza.
—No nos queda otra opción —susurré para mí misma, con la voz apenas audible sobre el crujir de los cascos—. Por ti, Neyreth… avanzaremos, y nada nos detendrá.
El grupo permaneció en formación cerrada, los exploradores al frente, y yo al centro, guiando la marcha con la firmeza que el momento exigía.
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[Eiren]
Cabalgaba con Keny a mi lado, su melena oscura agitándose con el viento, y Kyle justo delante, siempre tan serio y observador, como si cada movimiento de nuestro entorno le diera pistas de lo que podía venir. Tenían que haberse quedado en la residencia del conde Vion, pero insistieron en acompañarme. A decir verdad, no me molestaba. La compañía, aunque a veces irritante, era un alivio para mi mente.
Detrás nuestro, el carruaje del marqués Shtile se movía rítmicamente, con las ruedas haciendo un sonido metálico y pesado que contrastaba con el suave crujir de los cascos de nuestros caballos. Maylen y Cloe viajaban en uno de los carruajes, observándonos con curiosidad y cierta impaciencia. Maylen ya había demostrado una determinación sorprendente durante los últimos meses, aunque su entrenamiento previo era mínimo; Cloe, se mantenía callada, mirando el paisaje y absorbiendo cada detalle.
Recordé las promesas hechas hace cuatro meses: cuando los salvé a ella, a su hermana y al marqués, y cómo Maylen había querido ofrecerme su mano en matrimonio como recompensa. No pude evitar reírme entonces, incluso cuando ella se lo tomó tan en serio. Ese tipo de situaciones todavía me hacían sonreír incluso ahora, pensando en la ingenuidad y la pasión de la juventud.
—Neyreth, ¿otra vez te estás riendo solo? —Keny me lanzó una mirada divertida, cruzándose de brazos mientras cabalgábamos—. Espero que no estés recordando tus locuras con Maylen.
—Solo me acuerdo de lo insistente que fue con eso de la recompensa —respondí con una sonrisa ladeada—. Todavía no sé si eso fue halagador o un castigo.
Keny soltó una carcajada y Kyle simplemente rodó los ojos, sin decir palabra, pero era evidente que también había oído la historia antes y le parecía absurdo, aunque no podía ocultar un dejo de diversión.
Durante los últimos tres meses, me había dedicado a entrenar a Maylen en su magia de viento. No había sido fácil; había pasado toda su vida protegida y sin necesidad de esforzarse. Su cuerpo no estaba entrenado para resistir el rigor del combate ni los movimientos exigentes que el control del viento requería, y a diferencia de Keny, que ya tenía un cuerpo de aventurera, Maylen tuvo que empezar desde cero.
—Respira, Maylen —le decía mientras la corregía—. No se trata de forzar el viento, se trata de sentirlo, de dirigirlo.
Ella fruncía el ceño, sudor resbalando por su frente, y asentía con determinación:
—Lo sé, Neyreth, pero no es fácil. Siento que nunca lograré controlarlo.
—Tres meses, Maylen —la recordé con firmeza pero sin perder paciencia—. Tres meses y ya controlas ráfagas más poderosas de lo que tenías al principio. Si sigues así, vas a poder defenderte sin depender de nadie más.
—Eso espero —dijo ella, respirando hondo y levantando la vista hacia mí con un brillo de determinación en los ojos.
En esos tres meses, había recordado también la promesa que le hice a Garren: no enseñarle a nadie el secreto de los nodos. La magia de los nodos era algo que debía permanecer conmigo, y a Maylen no podía revelárselo, no aún. No podía permitir que ese conocimiento cayera en manos equivocadas, aunque me doliera no poder compartirlo mientras la entrenaba.
—Neyreth, ¿estás escuchando? —Keny me llamó, sacándome de mis pensamientos.
—Sí, sí —respondí, volviendo a centrarme en el camino—. Solo estaba pensando en cómo ha cambiado todo en estos meses.
Kyle nos miró con una expresión que mezclaba orgullo y preocupación:
—No podemos bajar la guardia. Aún faltan semanas antes de llegar a la Capital, y quién sabe qué nos espera en el camino.
Asentí, consciente de la verdad en sus palabras. Cada kilómetro que avanzábamos nos acercaba a la capital, a la reunión con mi hermana y a enfrentar finalmente a mi pasado, aunque no sabía si estaba listo para todo lo que implicaría. Pero tener a Keny y Kyle a mi lado hacía que todo fuese un poco más soportable.
—No importa lo que venga —susurré para mí mismo, con los ojos fijos en el horizonte—. Mientras sigamos juntos, podemos enfrentarlo.
Cabalgábamos a paso constante, el sol bajando poco a poco, tiñendo el horizonte de tonos dorados y anaranjados, mientras el viento movía mi cabello plateado-negro. Kyle, que iba a mi lado, rompió el silencio con esa voz calmada y directa que siempre tenía.
—Oye —dijo, girando ligeramente su cabeza—. ¿Has pensado en qué vas a hacer cuando te reencuentres con tu hermana?
Lo miré, sorprendido por la pregunta. Una parte de mí lo había pensado en sueños y pesadillas, pero la realidad todavía era algo que no podía imaginar con claridad.
—No —respondí, encogiéndome de hombros mientras mantenía mis manos firmes sobre las riendas—. Han pasado diez años… y con la amnesia, apenas recuerdo cosas de mi vida antes de ese tiempo. No sé qué haré, Kyle… Supongo que lo iré viendo cuando llegue el momento.
—Bueno —dijo él, asintiendo con comprensión—. Nos queda unas semanas antes de llegar a la capital, así que tienes tiempo para prepararte mentalmente. No es algo que debas apresurar.
Keny, que iba ligeramente detrás de nosotros, dejó escapar un silbido bajo, juguetón y lleno de experiencia.
—Bueno, mientras tanto —dijo con su sonrisa confiada—, deberíamos centrarnos en lo que viene. El mapa dice que estamos a dos días de llegar al bosque más grande del Este. Créeme, Neyreth, ahí dentro hay problemas de verdad.
Fruncí el ceño, inclinándome sobre el mapa que extendía entre mis manos.
—¿Problemas? —pregunté—. ¿Qué clase de problemas?
—Bestias fuertes —respondió Keny, seria ahora, dejando de lado su habitual humor—. No son como los lobos o jabalíes que enfrentamos antes. Este bosque atrae a aventureros de rango A o incluso S por sus recompensas. Algunos rumores dicen que incluso dragones han sido vistos ahí. Aunque, claro, hace más de un siglo que no se ha visto uno. El último fue vencido por el rey de hace cuatro generaciones, dicen.
—Dragones… —murmuré, con una mezcla de incredulidad y curiosidad—. Si llegamos a encontrarnos con uno, ¿qué haremos?
—Huir —dijo Kyle con voz seca—. Por mucho que nos guste pelear, un wyvern ya es difícil de matar por su velocidad y fuerza… y un dragón, ni quiero imaginarlo.
—Sería divertido ver qué tan fuerte soy ante un dragón —dije, medio en broma, medio en serio, intentando sonreír mientras sentía la adrenalina de la idea recorrerme.
El marqués Shtile, soltó una carcajada profunda y sonora, haciendo que todos nos giráramos hacia él.
—Soñar despierto, Neyreth —dijo con esa voz grave y alegre que siempre tenía—. Con tu suerte, probablemente estés invocando uno ahora mismo, sin saberlo.
Todos soltamos una risa, incluso Keny y Kyle, aunque el humor era un poco tenso por la anticipación de lo que podría venir. Maylen miraba con ojos abiertos y una sonrisa nerviosa, y Cloe simplemente asentía, con esa mezcla de curiosidad y miedo que siempre tenía cuando hablábamos de bestias y peligros.
—Bueno, mientras tanto —continué, riendo entre dientes—, tendremos que esperar y ver qué nos recibe en ese bosque. No sabemos lo que nos espera, así que mejor prepararnos.
—Exacto —dijo Keny, ajustando su capa mientras la brisa soplaba—. Nadie en su sano juicio entra en ese bosque sin preparación. No es solo la fuerza de las bestias; el terreno, los nodos de magia, incluso el clima… todo puede jugar en nuestra contra.
—Y nosotros tenemos que pasar por allí —dijo Kyle con un suspiro—. No hay otra ruta que no nos haga perder días, y no podemos arriesgarnos a retrasarnos más.
—Entonces será nuestro desafío —dije, mirando al horizonte mientras el bosque se perfilaba en la distancia—. Y cuando llegue el momento, estaremos listos.
—Keny —le dije mientras mi caballo avanzaba junto al suyo, el trote suave marcando un ritmo constante—, ¿cuánto tiempo se tarda realmente en cruzar el bosque del Este?
Ella chasqueó la lengua, girando el rostro hacia mí con una sonrisa que no auguraba buenas noticias.
—Depende —respondió, encogiéndose de hombros—. Pero si tomamos el camino más directo, una semana entera.
—¿¡Una semana!? —repetí sorprendido, casi soltando las riendas—. ¿Tanto?
—Sí —dijo entre risas—. Y eso si el clima se mantiene estable, si las bestias no deciden salir de cacería, y si no nos perdemos.
—Pero… una semana solo para cruzar el bosque —murmuré—. Eso es una locura.
—Créeme, Neyreth —intervino Kyle desde el otro lado—, es mejor eso que rodearlo. Si intentamos evitar el bosque, tardaríamos casi dos meses en llegar a la capital.
—¿Dos meses? —dije con incredulidad, girándome hacia Keny—. ¿Ese bosque abarca medio continente o qué?
Ella soltó una carcajada, divertida por mi expresión.
—No, exagerado. Lo que pasa es que el bosque del Este no tiene caminos rectos ni rutas seguras todo el tiempo. Algunos senderos se retuercen, otros desaparecen por la niebla, y hay zonas donde la vegetación es tan densa que apenas puedes avanzar. No es tanto el tamaño… es lo traicionero que puede ser.
El marqués Shtile, que escuchaba la conversación desde su carruaje, intervino con su tono pausado.
—Es famoso por eso. Hay zonas donde los árboles están tan entrelazados que la luz apenas pasa. Y otros donde el suelo mismo parece moverse. Los antiguos decían que el bosque está vivo.
—Bueno, eso suena alentador —dije sarcástico, mientras me recostaba un poco en la silla—. Un bosque vivo, niebla, caminos perdidos… lo que faltaba.
Keny sonrió de lado.
—Tranquilo, lo importante es no desviarse de los caminos marcados. Si sigues las rutas, hay pocas posibilidades de encontrarte con algo realmente peligroso. Las bestias suelen quedarse en las zonas profundas.
—¿Y si las "zonas profundas" deciden venir hacia nosotros? —preguntó Kyle, alzando una ceja.
—Entonces las despachamos —respondió ella con calma, dándole un golpecito al mango de su espada—. No sería la primera vez que me enfrento a algo más grande que yo.
—Ya, claro —reí—, tú disfrutas demasiado de estas cosas.
—No lo niego —dijo ella riendo también—. Pero créeme, mientras mantengamos la formación y los soldados del marqués sigan con nosotros, estaremos bien. Ellos tienen entrenamiento, y nosotros tres… bueno, ya hemos sobrevivido a cosas peores.
—Eso es cierto —intervino el marqués con una sonrisa cansada, asomando la cabeza por la ventana del carruaje—. Además, los hombres que llegaron recientemente no son simples escoltas. Muchos han servido en campañas. Si alguna bestia se cruza, no seremos presas fáciles.
—¿Ves? —añadió Keny, dándole una palmada en el brazo a su caballo—. Con todo ese músculo y acero, y con tus habilidades, Neyreth, lo más peligroso que enfrentaremos será el aburrimiento.
—Eso espero —respondí con una sonrisa ligera, aunque una parte de mí seguía inquieta—. No sé por qué, pero ese bosque no me da buena espina.
Kyle lo notó y me miró de reojo.
—Siempre desconfías de los lugares nuevos, chico. Pero no te preocupes, estaremos contigo. Además, si de verdad hay algo ahí, será una buena oportunidad para poner a prueba lo que aprendiste estos últimos meses.
—Supongo que sí —dije, mirando al frente, hacia el horizonte que se oscurecía con la línea de árboles que marcaba el comienzo del bosque—. Aún falta un par de días… pero tengo la sensación de que lo que nos espera ahí dentro no será solo un simple paseo.
Keny se echó a reír, levantando su mano con el guante de cuero y apuntando hacia adelante.
—Entonces prepárate, pequeño noble —dijo en tono burlón—, porque en ese bosque hasta el aire puede querer comerte.
—Perfecto —respondí con una sonrisa cansada—. Entonces será un buen lugar para no aburrirse.
El grupo rió suavemente, pero a pesar del humor, una tensión silenciosa se mantenía entre nosotros.
