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Chapter 70 - Expreso de Hogwarts

Leon caminó junto al grupo de Slytherin en dirección a los carruajes que los llevarían a la estación de Hogsmeade. Su baúl flotaba tranquilamente detrás de él, siguiendo el movimiento de su varita.

Sin embargo, al acercarse, se detuvo de golpe.

Frente a los carruajes había unas extrañas criaturas.

Eran caballos completamente negros, tan delgados que sus costillas se marcaban bajo la piel. Sus rostros parecían calaveras cubiertas apenas por un fino cuero oscuro, y de sus lomos nacían enormes alas membranosas, semejantes a las de un murciélago.

Lo más extraño era que ninguno de los demás estudiantes parecía prestarles atención.

Leon observó cómo aquellas criaturas tiraban de los carruajes que iban delante de ellos.

Parpadeó varias veces.

Seguían allí.

Se volvió hacia Astoria.

—Astoria... ¿ves esos caballos?

Ella miró alrededor con expresión confundida.

—¿Qué caballos?

Leon señaló directamente a uno de ellos.

—Esos. Los que están enganchados a los carruajes.

Astoria volvió a mirar.

—Leon... no hay nada.

Pansy soltó una carcajada.

—Ya estás alucinando, Snape.

Draco sonrió con burla.

—Deberías llamar a papá para que venga a consolarte.

Astoria viendo como se burlaban de Leon decide intervenir.

—Si ya puede verlo Leon, esos caballos junto a los carruajes

Leon sonríe y miró con absoluta calma a Draco.

—O ya veo no lo puedes ver, parece que no eres tan especial como piensas

Draco frunció el ceño inmediatamente.

—¡¿Cómo te atreves?!

Leon inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Y por qué te enfadas?

Pansy quería decir pero Leon habla primero.

—¡parece que tu tampoco lo puedes ver, tampoco eres especial!

Durante unos segundos reinó el silencio.

Draco y Pansy se quedaron completamente rojos de colera.

Sin decir una palabra más, subieron rápidamente al carruaje, evitando mirarlo.

Leon los observó alejarse con expresión confundida.

Daphne soltó una pequeña risa antes de preguntar:

—Leon... si que eres malo.

Él respondió como si fuera la cosa más lógica del mundo.

—yo malo dice Leon

Astoria y Daphne intercambiaron una mirada.

—No... definitivamente no —admitió Astoria.

Mientras tanto, Leon volvió a dirigir la vista hacia las extrañas criaturas aladas.

Seguían allí, inmóviles, esperando pacientemente a que los estudiantes terminaran de subir a los carruajes.

Por primera vez desde que había llegado a Hogwarts, veía unas criaturas que solo él parecía ser capaz de observar. Su curiosidad comenzó a crecer mientras se preguntaba qué clase de animales eran aquellos misteriosos caballos esqueléticos.

Astoria y Daphne subieron al carruaje mientras seguían conversando entre ellas.

Leon, en cambio, permaneció unos segundos inmóvil frente a aquellas criaturas.

Los caballos esqueléticos seguían allí, respirando con tranquilidad mientras esperaban la orden para ponerse en marcha.

Frunció el ceño.

"¿Estoy alucinando?", pensó.

Cuando comenzó el año escolar, aquellos animales no estaban allí.

Estaba completamente seguro.

Sin embargo, ahora podía verlos con absoluta claridad.

Mientras seguía observándolos, una voz tranquila habló a su lado.

—No estás loco.

Leon giró la cabeza.

Era una niña de cabello rubio, con el uniforme de Ravenclaw. Sus largos cabellos claros caían desordenadamente sobre sus hombros y sus ojos tenían una expresión soñadora, como si siempre estuviera pensando en algo que los demás no podían comprender.

Ella también miraba a los extraños caballos.

—Yo también puedo verlos.

Leon volvió la vista hacia las criaturas.

—¿Sabes qué son?

La muchacha asintió con naturalidad.

—Son thestrals.

Leon repitió el nombre mentalmente.

—¿Thestrals...?

La niña sonrió con dulzura.

—Son criaturas muy inteligentes.

Sin añadir nada más, caminó tranquilamente hacia otro carruaje.

Antes de subir, volvió la cabeza un instante.

—No muchas personas pueden verlos.

Después entró en el carruaje y este comenzó a llenarse de estudiantes de Ravenclaw.

Leon permaneció unos segundos inmóvil.

"Thestrals..."

Era la primera vez que escuchaba ese nombre.

Sin apartar la vista de aquellas criaturas, terminó subiendo al carruaje donde ya lo esperaban Astoria, Daphne.

El carruaje comenzó a avanzar lentamente.

Mientras los demás hablaban sobre las vacaciones de verano y los acontecimientos del año, Leon permanecía en silencio, observando por la ventana cómo los thestrals tiraban del carruaje con paso firme.

Su mente no dejaba de hacerse preguntas.

¿Por qué antes no podía verlos?

¿Por qué solo algunas personas eran capaces de hacerlo?

Y, sobre todo...

¿Qué eran realmente los thestrals?

—Le preguntaré a papá más tarde —pensó Leon.

Al llegar a la estación, Leon y Astoria subieron al tren y buscaron una cabina vacía. Una vez acomodados, comenzaron a conversar sobre lo que harían durante las vacaciones.

No pasó mucho tiempo antes de que la puerta se abriera.

Era la señora del carrito de dulces.

—¿Quieren comprar algo?

Leon no lo dudó. Compró varios dulces y dejó algunos sobre la mesa para compartirlos con Astoria.

Sin embargo, ella apenas tomó uno.

Leon la observó con curiosidad.

—¿No te gustan mucho los dulces?

—No demasiado —respondió Astoria—. Intento cuidar mi alimentación.

Leon rebuscó en su bolso y sacó una pequeña botella con una poción de color verde.

—Entonces tengo algo que podría interesarte.

Astoria miró la botella con curiosidad.

—¿Qué es?

—Una poción que preparé. Ayuda a que el cuerpo procese mejor ciertos alimentos y no engordar. Así podrás disfrutar de los dulces sin preocuparte tanto.

Astoria tomó la botella y la examinó con una sonrisa.

—¿Cómo conseguiste esto?

—La preparé yo mismo. En realidad, pensaba dársela a Anya, pero puedo preparar otra para ella.

—Pero, Leon, si era para Anya...

—No te preocupes. Puedo preparar más cuando llegue a casa.

Astoria sonrió.

—Gracias, Leon.

—De nada.

En ese momento, la puerta de la cabina volvió a abrirse.

—¡Oh! Mis Slytherin favoritos.

Los dos levantaron la mirada.

Era Penelope Clearwater.

—Penelope, siéntate y sírvete —dijo Astoria.

—Gracias.

Penelope tomó asiento mientras Leon la observaba con curiosidad.

—¿Cómo te fue en tus EXTASIS?

Penelope soltó un suspiro.

—Creo que me fue bien, pero tendré que esperar por lo menos dos meses para recibir las notas.

—¿Dos meses? —preguntó Astoria.

—Sí. Corregir todos los exámenes lleva tiempo.

Leon asintió lentamente.

—Entonces tendremos que esperar hasta entonces para descubrir qué tan bien te fue.

Penelope sonrió.

—Exactamente.

Los tres continuaron conversando mientras el tren avanzaba, alejándose poco a poco de Hogwarts.

—¿Sabes? Voy a extrañar la escuela. Se siente triste saber que ya no volveré —dijo Penelope mientras observaba por la ventana.

Astoria sonrió con cierta tristeza.

—Yo también te echaré mucho de menos, Penelope.

—Gracias. Y, Leon, también quería agradecerte por las pociones reconstituyentes que me diste en la biblioteca.

—No hay de qué. Se notaba que podías colapsar en cualquier momento —respondió Leon con naturalidad.

Penelope soltó una pequeña risa.

—Supongo que exageré un poco con los estudios.

—¿Piensas postular al Ministerio? —preguntó Astoria.

—Sí. Quiero entrar al Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas.

—Te deseo mucha suerte. Espero que consigas entrar.

—Gracias.

Durante unos minutos continuaron hablando sobre sus planes para el futuro, hasta que inevitablemente la conversación terminó cambiando hacia los acontecimientos recientes en Hogwarts.

—Todavía me resulta extraño lo ocurrido con el profesor Lupin —comentó Penelope.

Astoria asintió.

—Sobre todo porque murió justo cuando estaba terminando el curso.

—Y fue durante una noche de luna llena —añadió Penelope.

Astoria frunció el ceño.

—¿Qué tiene de sospechoso?

—No lo sé. Quizá nada. Solo me parece extraño.

Penelope se quedó pensativa antes de continuar.

—Además, recuerden que a mitad del semestre el profesor Snape sustituyó a Lupin durante algunas clases. Incluso les enseñó a los alumnos de tercero sobre hombres lobo.

Leon levantó ligeramente una ceja.

—¿Cómo sabes eso?

—Padma Patil me lo contó.

Penelope cruzó los brazos.

—De hecho, algunos de mis compañeros y yo pensamos que el profesor Lupin podía ser un hombre lobo.

Astoria abrió los ojos con sorpresa.

—¿En serio?

—Sí. Pero después descartamos la posibilidad. Pensábamos que el profesor Dumbledore jamás contrataría a un hombre lobo como profesor.

—Tienes razón —respondió Astoria.

Leon permaneció callado.

Él sabía mucho más de lo que podía contarles.

Había visto personalmente lo que Lupin era durante aquella noche.

Pero no tenía intención de revelar nada.

De todas maneras, ya no importa. Lupin está muerto.

Penelope cambió nuevamente de tema.

—Aunque hay algo más que me parece curioso. ¿Recuerdan que se decía que el puesto de profesor de Defensa contra las Artes Oscuras estaba maldito?

—Sí —respondió Astoria.

—Pues todos los profesores que ocuparon ese puesto terminaron marchándose. Pero esta vez ocurrió algo diferente.

Leon la miró.

—¿Diferente?

Penelope asintió.

—Esta es la segunda muerte relacionada con ese puesto.

Astoria y Leon intercambiaron una mirada.

—¿Segunda muerte? —preguntó Astoria.

—Sí. El profesor Quirrell.

Tanto Astoria como Leon mostraron curiosidad al escuchar aquel nombre.

—¿Qué ocurrió con él? —preguntó Leon.

Penelope se acomodó en su asiento antes de comenzar a explicar.

—El profesor Dumbledore nos habló de ello en el Gran Comedor. Fue poco después de que terminara el primer año de Harry Potter.

Astoria escuchaba atentamente.

—Según nos contó, Quirrell había regresado a Hogwarts después de pasar un tiempo viajando. Al principio parecía un profesor bastante normal, aunque todos recordaban que tenía una extraña forma de hablar y que parecía muy nervioso.

—¿Y cómo murió? —preguntó Leon.

—Dumbledore nos explicó que Quirrell murió después de enfrentarse a Harry Potter. Al parecer, había intentado conseguir una piedra mágica que estaba protegida dentro de Hogwarts.

Astoria abrió los ojos.

—¿La Piedra Filosofal?

Penelope asintió.

—Sí. Según el director, Quirrell intentó apoderarse de ella, pero Harry consiguió detenerlo. Después de aquello, Quirrell murió.

Leon permaneció pensativo.

—¿Y Dumbledore explicó por qué?

—No con demasiados detalles. Solo dijo que Quirrell había tomado una decisión peligrosa y que las consecuencias fueron fatales.

Penelope hizo una pausa.

—Por eso algunos estudiantes comenzaron a relacionar su muerte con la maldición del puesto de Defensa contra las Artes Oscuras.

Astoria se cruzó de brazos.

—Pero podría ser simplemente una coincidencia.

—Eso mismo pienso yo —respondió Penelope—. Sin embargo, después de tantos profesores que han tenido problemas en ese puesto, resulta difícil no sospechar.

Leon miró por la ventana del tren.

No dijo nada.

Había demasiadas cosas que desconocían los estudiantes y demasiadas explicaciones que, por el momento, solo pertenecían a los profesores.

La conversación continuó mientras el paisaje pasaba rápidamente al otro lado de la ventana.

 

Penelope se despidió de leon y astoria, ella fue a pasarlo con sus demás amigos.

Las horas pasaron mientras el tren avanzaba hasta que, finalmente, comenzó a disminuir la velocidad.

La estación de King's Cross apareció al otro lado de las ventanas.

Los estudiantes empezaron a levantarse de sus asientos y a recoger sus pertenencias. Poco después, Leon y Astoria bajaron del tren con sus baúles.

—Bueno, supongo que aquí nos despedimos —dijo Astoria.

—Nos veremos después de las vacaciones —respondió Leon.

—Claro.

Daphne también se acercó para despedirse.

—Que pasen buenas vacaciones —dijo Astoria.

—Ustedes también —respondió Leon.

Astoria y Daphne se dirigieron hacia sus padres, que las esperaban al otro lado de la estación. Después de despedirse una última vez, ambas se marcharon con sus familias.

Leon, por su parte, atravesó la barrera del andén.

Al otro lado, inmediatamente reconoció a dos personas que lo estaban esperando.

Su padre.

Y Anya.

Los ojos de Leon se iluminaron.

—¡Anya!

La pequeña corrió hacia él.

Leon dejó su equipaje a un lado y la abrazó con fuerza.

—¡Leon! —exclamó Anya alegremente.

—Gracias por la bienvenida —dijo Leon mientras sonreía.

Severus observó la escena en silencio, aunque una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Vamos a casa.

Leon asintió.

—Sí, vamos.

Anya tomó la mano de su padre y luego la de su hermano.

—¡Sí, vamos a casa!

Los tres comenzaron a caminar juntos mientras abandonaban la estación.

Por fin habían comenzado las vacaciones.

En el Ministerio de Magia, las celdas permanecían en silencio. En una de ellas se encontraba Sirius Black, mientras que en la contigua estaba Peter Pettigrew.

Sirius observaba a Peter con una expresión llena de rabia.

—Te pudrirás en Azkaban, Peter. Y disfrutaré sabiendo que tendrás que responder por todo lo que hiciste.

Peter temblaba mientras evitaba mirarlo.

—Cállate... No quiero escucharte. ¡No quiero escucharte! —repitió, cubriéndose los oídos con las manos.

Sirius apretó los puños.

—No podrás esconderte para siempre.

Peter continuó temblando, incapaz de responder.

Sirius respiró profundamente y se alejó unos pasos de los barrotes.

—Al menos esta vez la verdad saldrá a la luz.

Peter permaneció en silencio, mirando fijamente el suelo.

Por primera vez, comprendía que ya no tenía ningún lugar donde escapar.

—Pero no te preocupes, no dejaré que los dementores sean los únicos que te den la bienvenida a Azkaban. Te haré muchas visitas, Peter —dijo Sirius con una sonrisa fría.

Peter solo tembló de miedo y volvió a cubrirse los oídos con las manos.

—No... cállate... —murmuró, sin atreverse a mirarlo.

Sirius permaneció frente a los barrotes, observándolo en silencio. La rabia seguía presente en su mirada, pero ahora sabía que Peter finalmente tendría que responder por sus actos.

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