Ficool

Chapter 5 - suicidio?

20 de junio del año 2445 D.C. – 10:34 a.m.

El salón del consejo estaba silencioso. La tensión en el aire era densa, casi asfixiante. Mikaela estaba de pie frente a Kaptein, con los ojos encendidos por la furia contenida.

—Shi murió por una verdad que ustedes se niegan a enfrentar —dijo con la voz firme—. No voy a quedarme de brazos cruzados. Solicito permiso para entrenar fuera de la barrera. Sola.

Kaptein la miró en silencio. Sus ojos carmesí la atravesaban como cuchillas.

—¿Tienes idea de lo que estás diciendo?

—Más de lo que crees. No estamos listos. La AAB no está lista. Y yo tampoco. Si quiero pelear esta guerra, debo hacerlo bajo las condiciones más extremas posibles. Quiero forjarme en el límite de la muerte.

—¿Dónde?

—En el Centro del Mundo.

El silencio cayó como una losa.

Incluso los miembros del consejo, acostumbrados a lo inhumano, se estremecieron ligeramente.

Kaptein frunció el ceño.

—Eso es suicidio. Nadie sobrevive allí. Las tormentas biológicas, la radiación residual, las bestias hiperadaptadas... Ni siquiera yo entrené allí.

—Precisamente por eso. —Mikaela dio un paso adelante—. No quiero límites. Si muero, está bien. Pero si regreso... seré alguien capaz de enfrentarlo todo.

Kaptein se acercó lentamente, hasta estar a pocos centímetros de ella.

—Denegado. No eres un lobo solitario, Mikaela. Eres parte de un escuadrón. De una organización. La Tríada necesita a sus soldados vivos.

—¿Y de qué sirve estar viva si ni siquiera puedo proteger a los que amo?

Hubo un instante de absoluto silencio. Entonces Kaptein desvió la mirada, cruzó los brazos, y dio media vuelta.

—Mi decisión es final.

Esa misma noche – 01:42 a.m.

El cielo estaba cubierto por nubes negras. Mikaela caminaba por los túneles subterráneos del sector 3. Había memorizado las rutas de contrabando que usaban los exiliados. Cada paso era calculado. Había robado su propio equipo: una mochila pequeña, una daga, una espada, dos cápsulas de regeneración y un rastreador desactivado.

Frente a ella estaba la salida.

Una grieta en el suelo, al borde del abismo. Más allá… la tierra maldita.

El Centro del Mundo.

Se decía que allí todo comenzó. El epicentro de la catástrofe global. Una zona donde la barrera nunca pudo llegar. El lugar donde incluso las bestias temían entrar.

Mikaela no dudó.

—Si el mundo quiere matarme, que lo intente —susurró con una sonrisa amarga.

Saltó.

More Chapters