Ficool

Chapter 34 - 34

Pasaron dos semanas. La silla de Adam en la Cámara del Consejo permanecía inexplicablemente vacía, una pieza de madera tallada que ahora gritaba su ausencia. El emperador, con su rostro siempre impasible, comenzaba a rozar el borde de la impaciencia, un tic nervioso en su mano la única señal visible de la inquietud creciente. La excusa mágica, investigando en la torre de los magos, era fría e insuficiente, como si Adam hubiera enviado un trozo de hielo en lugar de una carta. El archiduque, que siempre había sido una presencia firme y constante, ahora era solo un eco frío de una voz transmitida por un cristal. Su ausencia era un peso, una sombra que oscurecía cada decisión tomada sin su guía.

Toda la familia Kafger estaba preocupada. Adam, a pesar de su poder, era el centro de su hogar, el pilar que los sostenía. Su ausencia se sentía como un vacío, una nota desafinada en la armonía de sus vidas. Rose dedicaba sus días a sus hijos, intentando mantener la normalidad, pero la sombra de su esposo la seguía a todas partes. Cada vez que pasaba por la puerta de su habitación, sentía la punzada de la incertidumbre.

Noah, el mayor, cargaba con el peso de la responsabilidad. Aunque aún era joven, sentía que debía ser el hombre de la casa, una tarea que lo abrumaba. Se esforzaba por mantener la calma y por cuidar de su hermano menor, Ellian. El pequeño, por su parte, echaba de menos a su padre, no solo al archiduque, sino al hombre que leía cuentos, que lo cargaba en sus brazos y que convertía su vida mas tranquila por que se sentia mas seguro estar a su lado .

la luz magica en la habitación de Ellian proyectaba sombras nerviosas sobre las paredes. Noah se sentó en el borde de la cama, sosteniendo el libro de cuentos. Su voz, que hacía un esfuerzo por sonar profunda y firme, temblaba ligeramente al pronunciar los nombres de los héroes. Noah sentía que cada palabra era una mentira piadosa, un eco vacío de la presencia de su padre.

Ellian no escuhaba la narrativa de su hermano. Su mente, en cambio, se refugiaba en los recuerdos de Adam su padre actualmente: la mano grande acariciando su cabello, la manta pesada que lo arropaba, y el regalo único de una sonrisa que apenas se atrevía a asomar. Aunque Ellian era solo un niño para el mundo, la persona dentro de él, Victor, era un alma curtida, desprendida y con una única meta: salvar kaizen para cumplir el trato del dios y regresar a casa. Pero para Victor, quien nunca había conocido el afecto genuino, esos momentos familiares junto a Adam no eran solo amor; eran una milagrosa corrección de la frialdad de su vida pasada cerro los ojos y se hizo el dormido para que su hermano descansara y no molestarlo y cuando noah vio que ellian dormia sonrio y dijo 

- que tengas buenos sueños Ellian - arropandolo con las sabanas algunas veces sentia que noah tenia una gran similitud a su padre 

esa noche, Ellian se levantó en silencio. La luna,con un resplandor plateado, ahora le ofrecía un camino tenue hacia la sala de la biblioteca. Allí encontró a su madre, Rose, sentada en una silla, con la mirada perdida en las páginas de un libro. No lo estaba leyendo; sus ojos estaban fijos, pero no veían nada.

Ellian se acercó y se sentó en el suelo, apoyando su cabeza en las rodillas de su madre. Rose se sobresaltó al principio, pero luego su mano se movió con ternura para acariciar su cabello.

—¿No puede estar ahí para siempre, verdad, mamá? —susurró el pequeño.

—No lo sé, mi amor. El mundo de tu padre es un lugar muy oscuro. A veces, para protegernos, tiene que sumergirse en él. Pero no te preocupes. tu padre es el hombre más fuerte que conozco. Él regresará.

Las caricias de su madre en el cabello calmaron a Ellian, quien se durmió de inmediato. La siguiente mañana, se encontró en su cama, con las sábanas cubriéndolo. Miró al techo y, sintiendo la urgencia en su interior, decidió actuar. Era el momento de hablar con el sistema.

Con manos temblorosas que no correspondían a su mente, activó su sistema, que permitía acceder a la red mágica , La pantalla de luz y runas se encendió, flotando en el aire.

—Sistema, dime por qué mi padre no ha regresado —susurró Ellian. Su voz de niño sonaba débil, un contraste doloroso con la desesperación que sentía.

La voz robótica y sin emociones del sistema respondió de inmediato:

—El anfitrión, Adam Kafger, no puede ser rastreado en este momento. La información sobre su ubicación y estado es sumamente confidencial.

Ellian, con la lógica de un estratega, no se rindió. No podía permitirse un "no".

—Dame la razón de su ausencia. Necesito saber si está herido o si corre peligro. —Sus palabras eran un ruego que su voz infantil no podía sostener.

La respuesta fue la misma, gélida y tajante:

—El anfitrión no puede acceder a datos sumamente confidenciales. Su solicitud ha sido denegada.

La pantalla se apagó, dejando a Ellian en la oscuridad de su habitación. Una punzada de pánico lo atravesó, un pánico que iba más allá del miedo de un niño. El sistema siempre le había dado respuestas, desde la ubicación de su padre hasta la temperatura del palacio. Nunca, jamás, le había negado información.

El silencio de la habitación se llenó de sus miedos. ¿Qué tipo de investigación podría ser tan peligrosa o tan secreta que ni siquiera el sistema podía acceder a ella? El corazón de Ellian, con la mente de un adulto, latía con una fuerza descontrolada, sabiendo que la situación de su padre era mucho más grave de lo que todos creían. Su cuerpo temblaba de impotencia; la mente estaba lista para actuar, pero el cuerpo de un niño de seis años lo traicionaba.

TOC TOC.

Una voz suave y respetuosa rompió el silencio de la mañana.

—Mi señor —dijo Ronan desde el otro lado de la puerta.

—Pasa —respondió Ellian.

Ronan entró. Vio a un radiante Noah, que descansaba con un brillo especial en los ojos mientras su sirviente lo ayudaba a vestirse. Luego se acercó a Ellian para asistirlo con su propia rutina: le lavó el rostro y los dientes con un paño húmedo, lo vistió y peinó su cabello con cuidado. Aquella rutina solía ser incómoda para Ellian, acostumbrado a su antigua autonomía, pero con el tiempo se había habituado a ser atendido. Ahora le resultaba algo natural.

—¿No tienes noticias de mi padre? —preguntó Ellian.

—Ninguna, joven amo —respondió Ronan con voz grave. La respuesta cayó como un eco vacío en la habitación.

Ellian sintió una punzada de frustración. Intentó ocultarla antes de continuar:

—¿Y mi madre? ¿Se encuentra desayunando ahora mismo?

—No se encuentra en el palacio —dijo Ronan con una cautela que Ellian reconoció de inmediato—. Salió temprano.

Al parecer, en cuanto dejó a Ellian descansando en su habitación, partió en busca del archiduque.

La noticia golpeó a Ellian con fuerza. Una profunda sorpresa lo invadió. Apenas unas horas antes, su madre había parecido tan segura de las palabras de su padre, tan confiada en su regreso. Él la había visto firme y tranquila, pero ahora comprendía la verdad: Rose también estaba preocupada.

Y, aun así, esa revelación no hizo crecer su miedo… sino que lo calmó.Si alguien podía traer de vuelta al archiduque, era su madre.

Entonces recordó algo más.

El día anterior, Rose había recibido una carta de Adam. Aquello ya le había parecido extraño. Su padre nunca enviaba mensajes escritos cuando podía comunicarse mediante magia directa. Nunca mantenía distancia cuando se trataba de su familia.

Ese detalle, que antes parecía insignificante… ahora se sentía como una sombra silenciosa extendiéndose sobre sus pensamientos.

Se calmó, y partió hacia el comedor para encontrar a Noah sentado en la mesa. Su hermano lo esperaba para desayunar. No estaba solo. A pesar de la incertidumbre que rodeaba a sus padres, todavía tenía a su familia. Tenía a Noah, ronan y eso, por ahora, era suficiente.

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