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Chapter 4 - Capítulo 3

Capítulo 3: El Alquimista de lo Absurdo

Koushi Shirota se despertó antes de que la alarma tuviera la oportunidad de romper el silencio sepulcral de su habitación.

Se quedó mirando el techo, donde las sombras de las ramas de los árboles dibujaban patrones caóticos. Su casa era un monumento a la ausencia; sus padres, siempre fuera por trabajo o quizás simplemente borrados por la narrativa para facilitar su soledad, habían dejado tras de sí un espacio funcional pero gélido, totalmente acorde a su narrativa como un simple "closet".

Se preparó un desayuno sencillo, moviéndose con una eficiencia mecánica.

Antes, este silencio le habría provocado una punzada de melancolía, un recordatorio de su estatus como "extra" en el teatro de la realidad. Ahora, la soledad era su santuario. Porque en este mundo de comedia romántica ruidosa y colores saturados, el vacío de su hogar era lo único que se sentía verdaderamente real.

— Un escenario vacío para un actor que no quiere actuar —murmuró, tomando su mochila.

Mientras caminaba hacia la academia, el yoyo de madera subía y bajaba rítmicamente en su mano derecha.

El clac-clac de la madera chocando contra sí misma era el metrónomo de sus pensamientos. No tenía prisa por llegar a la monotonía de las aulas, así que decidió que era hora de empezar a recolectar sus "armas".

Su primer desvío fue una pequeña librería de viejo que parecía haber sido colocada ahí por la misma mano del destino que escribía los guiones de este mundo. ¿Talvez un escenario futuro para una cita? Le daba igual.

Koushi recorrió los pasillos hasta que sus ojos se posaron en un lomo desgastado: "Fundamentos de la Sugestión y el Control Mental". Era un manual de hipnosis que, en el mundo real, sería un simple juego psicológico, pero que aquí, bajo las leyes del género, bien podría ser un grimorio de poder absoluto, capaz de someter a un Rey Demonio.

Pagó con indiferencia y, una vez fuera, sacó un marcador permanente. Con trazos negros y violentos, tachó el título original del libro. En su lugar, escribió con caligrafía descuidada: "Técnicas de Concentración para el Estudio Avanzado".

"Si Takamine decide revisar mis pertenencias, lo cual hará porque su arrogancia le exige saberlo todo, solo verá el patético intento de un estudiante promedio por mejorar sus notas", pensó con una sonrisa gélida.

Su siguiente parada fue una tienda de artículos de broma y magia, un lugar que olía a plástico barato y pólvora de petardos, un lugar tan genérico que le daban ganas de quemarlo, solo por ser un insulto a su propia inteligencia o sentido común.

Koushi no buscaba entretenimiento; buscaba variables. En un mundo donde la lógica puede romperse con una prenda de vestir, los objetos diseñados para el engaño adquieren una dimensión inquietante o simplemente serían basura desechable.

Compró un maletín completo de mago "profesional" . Lo abrió sobre el mostrador, inventariando el contenido con la mirada de un general revisando municiones o un inútil papeleo:

Baraja de Cartas: Perfectas para desviar la atención o jugar un solitario.

Varita Mágica con Flores Retráctiles: Un objeto ridículo que ocultaba un resorte mecánico, talvez pueda sacarle un ojo a alguien.

Cuerdas de Escape: Útiles si la situación física se tornaba violenta.

Gafas de "Rayos X": Un juguete de cartón que, en este mundo ecchi, probablemente tenían una probabilidad del 5% de funcionar de verdad por pura conveniencia del autor.

Pociones de "Amor": Frascos con agua azucarada y feromonas sintéticas qué bien podrían servir.

Guardó todo en su mochila, sintiendo el peso adicional sobre sus hombros.

Si estos objetos funcionarían como herramientas mágicas o simplemente como accesorios para una humillación pública, le resultaba irrelevante. Su objetivo no era "ganar" siguiendo las reglas del juego, sino sobrecargar el sistema hasta que el guion se rompiera.

Koushi llegó a las puertas de la academia justo cuando el sol terminaba de subir. Los estudiantes revoloteaban a su alrededor como insectos atraídos por la luz, riendo y discutiendo sobre trivialidades.

Vio a Takamine Takane bajar de su limusina negra a pocos metros. Ella se movía con la gracia de un depredador disfrazado de cisne, ignorando las miradas de adoración que la seguían.

Koushi sintió un destello de curiosidad nihilista: ¿qué cara pondría la "Diosa" cuando descubriera que el clóset que pretendía comprar ya no tenía perchas, sino trampas para lobos?

Apretó la correa de su mochila, sintiendo el bulto del libro de hipnosis contra su espalda.

— Que comience la función, Takamine-san —susurró para sí mismo, entrando al edificio con la misma apatía de siempre, pero con un fuego negro ardiendo tras sus ojos.

El día escolar estaba a punto de comenzar, y mientras el resto del mundo se preparaba para una comedia romántica, Koushi Shirota se preparaba para una guerra psicológica de desgaste.

En sus manos, el yoyo de madera dio una última vuelta perfecta antes de ser guardado en el bolsillo. El tiempo de jugar como un niño había terminado; era hora de ver si este mundo de fantasía podía soportar la presión de alguien que ya no creía en sus finales felices.

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