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Chapter 8 - Capítulo 8 — El Valor de las Personas

El poder no siempre nacía del esfuerzo.

A veces…

Nacía de las conexiones.

Ryuven lo entendió después de varias noches sin dormir.

Mientras observaba el techo agrietado del edificio donde se refugiaban, una idea comenzó a tomar forma lentamente, como tinta expandiéndose en agua.

Podía volverse fuerte por sí mismo.

Sí.

Pero eso tomaría tiempo.

Riesgo.

Dolor.

En cambio…

Las personas correctas podían acelerar todo.

Aliados fuertes.

Contactos influyentes.

Gente con recursos.

El mundo antiguo funcionaba así.

El nuevo mundo no sería diferente.

Giró la cabeza hacia Haruna, que dormía apoyado contra la pared, y hacia Airi, acurrucada cerca de él como un reflejo silencioso.

Un equipo de tres… es insuficiente.

Necesitaba más.

Pero no cualquiera.

Personas útiles.

El Refugio

El refugio estaba instalado en una escuela secundaria convertida en centro de evacuación.

Vallas metálicas.

Soldados vigilando.

Civiles entrando y saliendo.

Algunos con armas improvisadas.

Otros con miradas vacías.

Cuando cruzaron la entrada, Ryuven sintió algo extraño.

Una mezcla de nostalgia y distancia.

Un mundo que ya no existía.

Y entonces…

Lo vio.

—…Ryuven?

La voz era conocida.

Demasiado conocida.

Un chico alto, postura recta, expresión seria pero amable.

El presidente de su clase.

Antes del desastre, había sido el tipo perfecto.

Responsable.

Respetado.

Confiable.

El tipo de persona que los profesores adoraban.

Y que Ryuven despreciaba en silencio.

—Ha pasado tiempo —dijo Ryuven con una sonrisa educada.

El presidente sonrió con alivio.

—Pensé que habías muerto.

Haruna observaba en silencio.

Airi se escondió ligeramente detrás de Ryuven.

Conversación

Se sentaron en un aula vacía adaptada como sala de descanso.

El presidente explicó primero.

Había despertado el sistema el mismo día que aparecieron los portales.

En el camino al refugio encontró a varios compañeros de la escuela.

Ahora tenía un equipo.

Cinco personas.

Todos con clases confirmadas.

Un tanque.

Un combatiente.

Un tirador.

Un soporte.

Y él…

Un líder tipo combatiente.

Organizados.

Funcionales.

Estables.

Exactamente lo que Ryuven esperaba.

Exactamente lo que quería.

—Me alegra que estés bien —dijo el presidente—. ¿Ellos son tu equipo?

—Sí —respondió Ryuven—. Haruna y Airi.

Intercambiaron saludos breves.

Educados.

Pero tensos.

Personas con sistema reconocían a otros con sistema.

Era instintivo.

La Propuesta

Ryuven fue directo.

—Deberíamos trabajar juntos.

El presidente inclinó la cabeza.

—¿Unir equipos?

—Sí. Más eficiencia. Más seguridad. Mejor crecimiento.

No era mentira.

Pero tampoco era toda la verdad.

El presidente guardó silencio unos segundos.

Luego negó suavemente.

—No puedo.

Haruna levantó una ceja.

—¿Por qué?

—Porque ya tenemos dinámica —respondió el presidente—. Confianza. Roles claros. Integrar más personas ahora podría desestabilizar todo.

Era una respuesta lógica.

Razonable.

Correcta.

Ryuven sonrió.

Pero por dentro…

Se irritó.

Rechazo.

No le gustaba.

Nunca le había gustado.

Contraoferta

El presidente habló nuevamente.

—Pero ustedes pueden unirse a nosotros.

Silencio.

Haruna miró a Ryuven.

Airi también.

La decisión era obvia.

Un equipo más grande.

Más fuerte.

Más seguro.

La mejor opción racional…

Era aceptar.

Pero Ryuven preguntó:

—¿Bajo tu liderazgo?

El presidente no dudó.

—Sí.

Ahí estaba el problema.

Control.

Ryuven no quería ser subordinado.

Quería dirigir.

Quería decidir.

Quería influir.

Quería poder.

Haruna notó el cambio en la atmósfera.

La sonrisa educada de Ryuven…

Se volvió más delgada.

—No funcionará —dijo Ryuven con calma.

El presidente frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué?

—Porque tenemos formas diferentes de hacer las cosas.

Era una respuesta elegante para algo mucho más simple.

No quiero obedecerte.

La Discusión

—Ryuven —dijo el presidente—. Esto no es la escuela. No es competencia. Es supervivencia.

—Precisamente —respondió Ryuven—. Por eso necesito autonomía.

—Autonomía no significa aislarse.

—Y liderazgo no significa control absoluto.

Haruna observaba en silencio.

Interesado.

Airi estaba nerviosa.

El presidente suspiró.

—No quiero discutir contigo.

Ryuven inclinó la cabeza.

—Yo tampoco.

Pero ambos sabían la verdad.

Estaban discutiendo.

No por estrategia.

Por autoridad.

Dos personas acostumbradas a tener razón.

Dos egos incompatibles.

Decisión

El presidente finalmente habló:

—La oferta sigue abierta. Si cambias de opinión, puedes venir.

Ryuven sonrió.

—Igualmente.

Se levantaron.

Intercambiaron despedidas educadas.

Pero la distancia era clara.

Dos caminos diferentes.

Reflexión

Al salir del refugio, Haruna habló primero.

—Pudimos unirnos.

—Sí.

—Hubiera sido más fácil.

—Sí.

—Pero no quisiste.

Ryuven lo miró de reojo.

—¿Tú sí?

Haruna sonrió levemente.

—No lo sé… pero me pareció interesante verte competir por liderazgo.

Ryuven no respondió.

Airi caminaba cerca de él.

Muy cerca.

Como siempre.

En su mente, Ryuven analizaba.

El presidente tenía algo importante.

Personas leales.

Confianza.

Respeto.

Cosas que no podían obtenerse solo con niveles.

Pero también tenía una debilidad.

Demasiada moral.

Demasiada rectitud.

En el nuevo mundo…

Eso podía romperse.

Y cuando se rompiera…

Quizás entonces sería útil.

Ryuven levantó la mirada hacia el cielo oscuro donde una grieta luminosa comenzaba a abrirse nuevamente.

Sonrió apenas.

El poder no siempre se toma de inmediato.

A veces…

Se espera el momento correcto.

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