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Chapter 17 - Capítulo 15: La Invitación de los Dioses (La Visita)

El ascenso por la Red Line era un recordatorio constante de la arrogancia humana. El Bondola, una plataforma de cristal y acero movida por el sudor de miles de esclavos que Malfurion podía sentir vibrar bajo la superficie, subía lentamente hacia el cielo. A sus 16 años, Malfurion Stormrage se erguía en la proa como una estatua de jade. Sus 3.50 metros de altura lo hacían destacar sobre la guardia del CP0, quienes, a pesar de sus máscaras impasibles, no podían evitar que sus manos temblaran ligeramente sobre sus armas.

​A su lado, Charlotte Linlin era una visión de ferocidad contenida. Su piel de acero rosa brillaba bajo el sol de la tarde, y su cabello rosado ondeaba como una bandera de guerra. Desde que consumió la Soru Soru no Mi, su presencia era casi insoportable para los débiles de espíritu; los agentes de menor rango evitaban mirarla a los ojos, temiendo que su propia alma fuera reclamada por la mirada depredadora de la joven soberana.

​— Mira esto, Malfurion —susurró Linlin, señalando las nubes que empezaban a quedar por debajo de ellos—. Construyen sus palacios sobre el dolor de los demás y lo llaman "paz". Siento tantas almas rotas bajo este suelo que me dan ganas de vomitar... o de devorarlas a todas para que dejen de sufrir.

​— Paciencia, Linlin —respondió Malfurion, su voz era un barítono profundo que parecía nacer del mismo suelo—. No hemos venido a liberar esclavos, no hoy. Hemos venido a demostrarles que el Reino de Avaris es un aliado necesario... y mientras nos sonríen, les arrancaremos los secretos que guardan en sus sótanos.

​La Llegada a la Tierra Santa

​Al llegar a la cima, las puertas monumentales de Mary Geoise se abrieron. El mármol blanco era tan deslumbrante que hería la vista. La delegación fue recibida por un Noble Mundial de la familia Rosward, un hombre que vestía un traje inflado y un casco de burbuja, mirando a los Stormrage como si fueran animales exóticos de una colección privada.

​— Así que estos son los "especímenes" de Avaris —dijo el noble con voz nasal—. Son grandes, supongo. El Gorosei dice que son útiles para el equilibrio. Entren, pero no toquen nada que no sea para ustedes.

​Malfurion inclinó la cabeza, una muestra de respeto fingida que le supo a ceniza. Al entrar en el Castillo de Pangea, Malfurion activó su Mori Mori no Mi de forma pasiva. Cada paso que daba, sus pies descalzos conectaban con las grietas microscópicas del suelo. No eran raíces visibles, sino filamentos de micelio imperceptibles que se extendían como una red de espionaje biológico por debajo de los lujosos tapices.

​— Mori Mori no Mi: El Oído del Bosque Invisible.

​Malfurion no solo veía el castillo; lo sentía. Sentía las vibraciones de las cámaras acorazadas, el pulso de los guardias en las torres y, sobre todo, la firma energética de las Frutas del Diablo que el Gobierno guardaba en el ala este. Era un latido irregular, una mezcla de frío absoluto, fuego eterno y una fuerza cinética que parecía querer saltar de su escondite.

​El Banquete de la Hipocresía

​La cena se llevó a cabo en un salón donde el oro era el material más barato. Malfurion y Linlin se sentaron en sillas diseñadas para gigantes, rodeados de los altos mandos del CP0 y algunos oficiales de la Marina que actuaban como escoltas de honor.

​— Dígame, Soberano Stormrage —dijo un agente de máscara de águila—, ¿cómo es que un elfo errante y una joven con tanto... apetito, han decidido mantenerse neutrales mientras Rocks D. Xebec incendia el Nuevo Mundo?

​Malfurion cortó un trozo de carne con una elegancia que desconcertó a los presentes.

— La naturaleza no toma bandos, agente. Un bosque no se preocupa por qué incendio quema la pradera, solo espera a que las cenizas nutran el suelo para volver a crecer más fuerte. Avaris es el suelo que quedará cuando Rocks y el Gobierno dejen de pelear.

​Linlin rió, una risa que hizo que las copas de cristal de la mesa vibraran peligrosamente.

— Además, el vino de aquí es excelente. Sería una pena que se quemara antes de que terminemos la botella.

​Sin embargo, bajo la mesa, el control de Malfurion estaba siendo puesto a prueba. Sus raíces habían encontrado la primera barrera: una capa de Piedra Marina (Kairoseki) que envolvía los niveles inferiores del castillo. La piedra drenaba su energía, obligándolo a bombear más Jugo de la Vida desde sus reservas internas para no perder la conexión.

​— Linlin —comunicó Malfurion a través de un filamento que conectaba sus sillas—, la seguridad no es solo física. Hay usuarios de Haki de Observación patrullando las sombras. Tres pisos más abajo, en el ala derecha, están las frutas. Siento el frío de la Hie Hie. Siento la vida de la Fénix. Y algo más... algo que empuja el espacio. La Nikyu Nikyu.

​El Cambio de Aire

​A mitad del banquete, la atmósfera cambió. Un hombre entró en la sala. No llevaba máscara, pero su presencia hizo que incluso los agentes del CP0 se pusieran de pie. Era un hombre alto, con una cicatriz que le recorría el brazo y una capa que llevaba el emblema de los Caballeros Sagrados. Su Haki no era una presión explosiva, sino un peso constante, como si el aire mismo se hubiera convertido en plomo.

​— Los invitados de Avaris —dijo el hombre, sus ojos escaneando a Malfurion—. He oído que vuestro bosque es impenetrable. Soy Garling, y me pregunto si vuestras raíces son tan fuertes como dicen o si solo crecen donde nadie las corta.

​Malfurion sintió un escalofrío. Este hombre no era un burócrata; era un guerrero que había sobrevivido a mil batallas. El Haki de Garling rozó las raíces invisibles de Malfurion en el suelo, y por un segundo, el elfo temió que su espionaje fuera descubierto.

​— Mis raíces son tan profundas como el mundo, Sir Garling —respondió Malfurion, levantando su copa—. Pero incluso el árbol más grande sabe cuándo doblarse ante una tormenta... y cuándo esperar a que la tormenta pase para enterrarla.

​La mirada desafiante entre el caballero y el elfo duró una eternidad. Linlin apretó el mango de Napoleón por debajo del mantel, sintiendo el hambre de su espada. El juego de máscaras estaba llegando a su fin.

​Malfurion sabía que la invitación no era para cenar; era para medir sus fuerzas. Y él acababa de confirmar lo que necesitaba: las frutas estaban ahí, pero los guardianes eran mucho más peligrosos de lo que Rocks le había advertido.

​— Esta noche —susurró Malfurion a Linlin mientras se levantaban para ser escoltados a sus aposentos—, Mary Geoise sabrá que la vida no se puede enjaular. Prepárate, porque si fallamos, no habrá bosque en el mundo que pueda escondernos de este hombre.

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