Ficool

Chapter 2 - El encuentro

POV: ???

Ba, ba, ba.

El sonido vibró dentro de mi cabeza antes de que pudiera entenderlo, algo torpe, extraño.

Había luz, pero no podía mirar, todo era borroso, manchas que se estiraban y se encogían. Sombras que eran demasiado grandes, colores demasiado vibrantes, tanto que dolían mis ojos.

Intenté moverme y el cuerpo respondió mal, tarde, como si no fuera mío, quise mover las piernas, pero apenas se sacudieron sin fuerza, pesaban una tonelada, todo ese esfuerzo me cansó, el aire entraba y salía con dificultad, cada respiración costaba, como si hubiera corrido un maratón.

No entendía nada.

Intenté tranquilizarme, pensar en qué estaba pasando.

Parecía que había reencarnado como un bebé, supongo que era algo obvio, ahora que lo pensaba.

…qué hambre.

No, concéntrate.

¿Dónde estoy?

Mientras trataba de enfocarme en mis sentidos, escuché ruidos a la distancia.

¿Qué fue eso?

Los sonidos se acercaron, no eran palabras, eran pasos.

Un sonido húmedo, como algo apoyándose sobre un suelo mojado.

Algo se estaba acercando.

Entonces entró en mi campo de visión, una mancha borrosa, grande, se movía, se acercaba cada vez más.

Podía oír su respiración.

El miedo apareció antes de que pudiera pensarlo, el estómago se me estrujó, la piel hormigueó. El corazón se aceleró de golpe.

Huye.

El cuerpo reaccionó solo, brazos cortos empujando el suelo, dedos que no agarraban nada, me arrastré apenas unos centímetros y el esfuerzo me dejó sin aire, el mundo giraba, me estaba mareando.

Otra vez ese sonido.

Más cerca.

Quise girar la cabeza, pero el cuello no obedecía bien, apenas un movimiento, apenas un cambio en la mancha oscura que ocupaba demasiado espacio frente a mí.

No sabía qué era.

No podía saberlo.

El miedo apretó más fuerte, el pecho ardía, el aire no alcanzaba.

Algo dentro se retorció, incómodo, caliente.

Era algo nuevo.

Pero se sentía como si hubiera estado ahí desde antes, desde… siempre.

Haz algo.

No fue un pensamiento claro, fue una presión que venía desde adentro, como si algo empujara, desesperado, sin saber cómo salir.

Algo respondió.

Un calor breve.

Un latido que no era mío.

La sensación de que algo se movía…

Y nada.

Nada.

La sombra avanzó, ya no solo podía oír su respiración, podía sentirla, estaba justo encima.

Sentí el peso antes del contacto, el aire se volvió sucio, algo tocó mi costado y el cuerpo reaccionó con un espasmo inútil, un chillido salió solo, agudo, roto, como si me estuvieran apretando por dentro.

Haz algo.

Haz algo, muévete.

Haz—

No.

No así.

Por favor.

El calor volvió, más fuerte, ardía en el pecho, subía por la garganta, por un instante sentí que algo dentro se agitaba, como si quisiera romper algo que no sabía abrir.

Y se fue.

El cuerpo no sabía qué hacer con eso, no tenía dientes, ni garras, ni fuerza.

Solo miedo.

Solo ese impulso inútil empujando desde adentro.

La cosa encima se movió.

Algo se apoyó sobre mí, pesaba demasiado, el aire no entraba, el corazón y los pulmones parecían a punto de estallar, empujé otra vez, un último esfuerzo, arañé el suelo con manos que no servían.

El cuerpo lloró sin permiso, la garganta ardía, todo dolía de una forma confusa, como si doliera el mundo entero.

Me estaba cansando.

El miedo seguía ahí, pero el cuerpo empezaba a fallar, los sonidos se volvieron lejanos, las manchas de luz se apagaban, algo húmedo rozó mi cara y no tuve fuerza para apartarme.

Entonces—

Ruido.

No el de antes.

Algo fuerte, seco, brusco.

La presión desapareció de golpe y el aire volvió como una bofetada. tosí, o algo parecido, el mundo tembló, la sombra se apartó, retrocedió, se disolvió en un caos de movimientos que no podía seguir.

Voces.

Graves, firmes.

No entendía las palabras, pero el tono era distinto, no vibraban igual, no daban miedo.

y de repente hubo un movimiento rápido, decidido, el suelo dejó de tocarme.

Manos.

Grandes, callosas, calientes.

El cambio fue tan abrupto que el llanto se cortó a medias, el pecho seguía subiendo y bajando rápido, pero ya no dolía tanto.

Una voz grave resonó cerca, otra, más suave, respondió junto a mi cabeza, algo rozó mi frente.

Calor.

Un olor distinto.

El cuerpo temblaba solo, pequeños espasmos que no podía detener, la luz era demasiado, todo era demasiado.

Me acomodaron contra algo firme, sentí un latido que no era el mío, fuerte, constante.

Ese ritmo empezó a imponerse.

Uno.

Otro.

El mundo se movió en un suave vaivén, pasos, telas, voces lejanas.

Estaba cansado.

El latido siguió ahí.

Uno.

Otro.

Después, nada.

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