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Chapter 35 - ¡La naturaleza del ser humano!

NOTA: CHICOS VOLVI A ENFERMAR NUEVAMENTE, NO PUDE ACTUALIZAR EN FIN AQUÍ EL CAPITULO DE HOY, DEJEN SUS PIEDRAS DE PODER Y COLECCIONES.

PDTA: ESCRIBIR ESTO FUE REALMENTE VERGONZOSO, PERO SIENTO QUE SAEKO SE MERECE UN BUEN DESARROLLO. NO POR NADA ES EL PERSONAJE FAVORITO DE TODOS.... BUENO PARA LA GRAN MAYORÍA. EN FIN SOY NUEVO ESCRIBIENDO Y PUEDE QUE NO ME HAYA QUEDADO DEL TODO BIEN.

Se inclinó aún más hacia él, hasta que las puntas de sus narices casi se tocaron. Su voz descendió, volviéndose un susurro peligroso.

—Tal vez… tal vez algún día mis impulsos se descontrolen —murmuró en voz baja —Y mientras duermes… Sus ojos brillaron con una mezcla inquietante y pánico. —…te asesine, sensei.

La cercanía era absoluta. Ambos podían sentir el aliento del otro, el calor compartido. A pesar de estar manchada de sangre, el tenue aroma femenino de Saeko se filtró en las fosas nasales de Takeshi, mezclándose con la visión de su hermoso rostro ensombrecido por la culpa y el miedo.

A pesar de ello Saeko era hermosa sin duda por lo que no pudo evitar que su corazón se acelerara con violencia.

Takeshi entendía demasiado bien el origen de aquellos sentimientos sombríos de Saeko.

En el mundo moderno, pensamientos así eran considerados aberrantes y peligrosos. Saeko temía convertirse en uno de esos monstruos que la sociedad etiqueta como psicópatas, asesinos seriales, aberraciones humanas que todo el mundo odia.

Pero Saeko no era una persona cualquiera por lo que no se dejo dominar por esos impulsos. Ella estaba profundamente arraigada a las tradiciones ancestrales de Japón.

La familia Busujima era una antigua estirpe samurái que, a lo largo de las eras, había protegido el trono del Emperador. Gracias a ese legado, su apellido gozaba de un prestigio incuestionable.

Incluso Soichiro Takagi el jefe de la Prefecetura de Tokonosu, el padre de Saya, respetaba profundamente al padre de Saeko no solo por ser el mejor maestro de la espada de Japón si no también por su prestigio familiar.

Un linaje así no podía permitirse caer en la deshonra. Si Saeko sucumbía a esos impulsos, sería una mancha imborrable para su familia… o al menos eso creía él, después de todo no se mencionó esto la obra original por lo que son especulaciones suyas.

Takeshi sabía que, de no haber ocurrido el apocalipsis, Saeko probablemente habría elegido cometer jigai lo que vendría siendo el seppuku femenino antes de permitir que eso manifestara.

No era una exageración. En la obra original, sin la intervención de Komuro, ese destino había estado peligrosamente cerca. Se puede decir que al igual con Rei Komuro era el ancla emocional de Saeko en este mundo si este llegará a morir sin duda lo seguiría al inframundo.

Con una chica así realmente es imposible no conmoverse, no por nada Saeko era el personaje más popular de HoTD.

Al no recibir respuesta, Saeko esbozó una sonrisa amarga. —Lo sabía… —susurró—Una persona como yo, en realidad, no merece nada… ¿verdad?

Luego, como si se obligara a recomponerse, soltó una pequeña risa forzada.

—Jejeje… estaba bromeando, Takeshi-sensei. No soy tan deshonrosa como para dañar a la persona que me sacó de la Preparatoria Fujimi y se aseguró de que tuviera lo básico para sobrevivir.

Hizo una breve pausa y sonrió levemente. Pero Takeshi pudo ver la tristeza profunda que se ocultaba en sus ojos.

—En fin, sensei… supongo que me iré esta noche. —Se dio la vuelta lista para alejarse de el— Por favor, cuide de los demás… ¿de acuerdo?

Se alejó, decidida, en ese instante, los ojos de Takeshi se ensombrecieron. ¿Como podria dejar ir a Saeko tan fácilmente?

Sin pensarlo, rodeó la esbelta cintura de Saeko y la atrajo hacia sí.

¡Bam!

El movimiento fue tan repentino que Saeko no tuvo tiempo de reaccionar. El peso de ambos los hizo perder el equilibrio y cayeron al suelo, con Saeko sobre el pecho de Takeshi.

Sus cuerpos quedaron peligrosamente cerca. Podían sentir el calor del otro, el latido acelerado, la respiración agitada. La mano de Takeshi permanecía firmemente apoyada en la delgada cintura de Saeko, inmovilizándola por completo.

Al sentir ese contacto, el rostro de Saeko se ensombreció. Forcejeó, intentando liberarse, pero la fuerza de Takeshi era como una tenaza de hierro, firme e inamovible.

Al comprender que era inútil, alzó la mirada y lo observó con ojos fríos. —¿Qué significa esto?

—Jejeje… ya veo —susurró en tono peligroso —Así que usted también tiene esos pensamientos sobre mí, ¿verdad?

Su expresión se volvió peligrosa. Apretó con fuerza la empuñadura de su katana de madera, lista para luchar hasta la muerte.

Pero antes de que pudiera moverse, Takeshi reaccionó. Con un movimiento rápido y preciso, golpeó su muñeca, haciendo que la katana de madera saliera despedida por la fuerza del impacto.

Antes de que Saeko pudiera asimilarlo, Takeshi continuó el movimiento, una mano firme empujó suavemente su nuca hacia su pecho.

Antes de que Saeko pudiera procesar lo que pasaba comenzó a acariciar su cabello con una suavidad inesperada.

La atmósfera era extraña.

La habitación estaba repleta de cadáveres zombis, cuerpos mutilados y retorcidos en posturas antinaturales.

La sangre corría a raudales por el suelo, formando charcos espejos que reflejaban la luz de los rayos intensos del sol. El aire estaba cargado de un olor metálico, pesado, casi sofocante.

Y aun así… En medio de aquel escenario de muerte absoluta, dos jóvenes se encontraban en una posición extraña, casi fuera de lugar.

Uno yacía en el suelo la otra, sobre él.

El hombre la abrazaba con firmeza, como si temiera que desapareciera si aflojaba el agarre siquiera un instante.

Una de sus manos recorría suavemente el cabello de la mujer, acariciándolo con una delicadeza que contrastaba brutalmente con la carnicería que los rodeaba. No parecía dispuesto a dejarla ir en lo absoluto.

En el rostro del hombre se dibujaba una sonrisa cálida, serena, casi tranquilizadora. El de la mujer, en cambio, mostraba una expresión atónita, confundida por la cercanía, por el contacto, por la inesperada calma en medio del caos.

Saeko fue la primera en comprender lo que estaba ocurriendo, tragó saliva y abrió los labios, intentando ordenar sus pensamientos. —Uste…

Antes de que pudiera terminar la palabra, Takeshi la interrumpió con voz firme, pero suave. —No creo que Saeko-san sea una mala persona.

...

Saeko no respondió, sus ojos se abrieron ligeramente, y su respiración se volvió irregular. Al ver que ella guardaba silencio, Takeshi continuó, sin apartar la mano de su cabello continuando con el tacto.

—Puedo ver cómo te preocupas por los miembros del equipo. No dudas en lanzarte al combate, en encargarte de la mayor parte de esas cosas… —hizo una breve pausa—Te pones constantemente en peligro.

Su voz no era acusatoria en cambio reflejaban cariño.

—Dices que lo haces por la emoción que te provoca matar zombis. Y creo que, en parte, es cierto. —Sonrió levemente— Pero también creo que, en otra parte igual de importante, lo haces para mantener a los demás a salvo.

Saeko quedó completamente sorprendida, alzó la mirada lentamente y se encontró con la sonrisa radiante de Takeshi.

Intentó hablar, pero antes de que pudiera hacerlo, él levantó el índice y lo apoyó con suavidad sobre sus labios.

—Aún no he terminado, Saeko-san.

El gesto fue tan repentino, tan cercano, que las mejillas de la joven se sonrojaron de forma involuntaria.

—Creo que Saeko-san no es alguien que oculte su verdadero yo —continuó Takeshi manteniendo su expresión. —Esa "senpai amable y perfecta" que dices que es una fachada… en realidad es la verdadera Saeko.

Sus palabras resonaron con fuerza en el silencio. —En cuanto a lo otro… —Takeshi inclinó ligeramente la cabeza— Déjame preguntarte algo. En este mundo… ¿quién no oculta algo que no quiere que los demás vean?

Saeko se quedó sin palabras. Abrió la boca, intentando refutarlo, pero tras pensarlo un momento, no encontró forma de hacerlo. Ninguna respuesta parecía eficiente para destronar el argumento de Takeshi.

Al ver su reacción, Takeshi sonrió. —¿Ves, Saeko? No miento —Su tono se volvió más serio— En cuanto a esa "personalidad oscura y lo que le hiciste a ese tipo"… Hizo una pausa. —Sinceramente, creo que ese tipo que intentó abusar de ti se lo merecía.

Saeko se estremeció,

—Y, siendo honesto, que hayas disfrutado acabar con él no es algo descabellado. —Sus ojos se endurecieron un poco — En este mundo, la mayoría de las personas se sentirían aliviadas… incluso maravilladas… si ese tipo de gente fuera torturada hasta la muerte.

Takeshi no mentía, en la era de la explosión de la información, cuando las noticias sobre abusos, asesinatos y crímenes repugnantes inundaban las pantallas a diario, la mayoría de las personas deseaba exactamente eso, que los culpables sufrieran, que probaran el mismo dolor que infligieron a sus víctimas.

No era descabellado lo que decía. Rayos, incluso en algunos extremos de la sociedad moderna había personas que llevaban sus palabras más allá de las redes.

Individuos que, tras leer sobre ciertos crímenes, buscaban a los culpables y los hacían sufrir de las peores maneras imaginables.

Hubo incluso comunidades enteras que tomaron la justicia por su propia mano, linchamientos, castigos brutales ejecutados a la vista de todos, donde aquellos considerados "monstruos" acababan muriendo de las formas más atroces posibles.

El cuerpo de Saeko se estremeció, sus labios temblaron y sus ojos se humedecieron levemente, como si aquellas palabras removieran algo profundo que había intentado enterrar durante años.

Al notar su reacción, Takeshi continuó. —Esa es la naturaleza humana, Saeko-san —dijo con calma—Y estoy seguro de algo más, no eres la única que ha tenido pensamientos como esos.

Su mirada no se apartó de la de ella. —Es más, probablemente existían muchas personas con impulsos parecidos… solo que no eran tan fuertes como tú. —Hizo una breve pausa—Muchos de ellos cayeron. Se dejaron consumir por eso.

Saeko apretó los dedos aferrándose al chandal deportivo de Takeshi.

—Si eso no demuestra el tipo de persona que eres en realidad… —añadió Takeshi— entonces no sé qué podría hacerlo.

El silencio volvió a caer sobre la habitaciónTakeshi respiró hondo y entonces, dio el golpe final.

—Además —continuó—creo sinceramente que en un mundo como este, que ya se ha ido completamente a la mierda… una persona como Saeko-san no solo no es peligrosa, es necesaria.

Las pupilas de Saeko se dilataron violentamente.

—Si no sacas lo peor de ti, mueres. No solo a manos de esas cosas sino también por culpa de la naturaleza del ser humano.

Se inclinó un poco más hacia ella haciendo que sus frentes se tocasen, su tono bajando, volviéndose una advertencia mientras la miraba a los ojos.

—Recuerda esto, Saeko, en un mundo donde la moral y las leyes han desaparecido… los seres humanos son lo más peligroso que existe.

Las palabras estallaron como un trueno en la mente de Saeko. Todo lo que había preparado para refutarlo, cada argumento, cada justificación, se dispersó de inmediato, hecha pedazos. No quedó nada a lo que aferrarse.

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