Ficool

Chapter 11 - Capítulo 11: El Día en que la Humanidad Desafió a un Dios

Capítulo 11: El Día en que la Humanidad Desafió a un Dios

El campo de batalla quedó en silencio.

Zafiro y Gosai se miraban fijamente, separados solo por unos centímetros... pero la presión entre ambos era tan aplastante que la propia tierra vibraba, como si temiera el primer movimiento.

Cualquier espectador habría sentido que el mundo entero estaba conteniendo el aliento.

Zafiro fue la primera en hablar.

Con una sonrisa confiada, casi burlona, inclinó levemente la cabeza.

—Ataca cuando quieras, demonio. No importa si es físico o de energía... —entrecerró los ojos—. Yo voy a ganar este combate igual.

Gosai abrió los ojos apenas un poco, sorprendido de que aquella humana se atreviera a hablarle así.

Luego sonrió.

Una sonrisa lenta, torcida, casi infantil... pero peligrosa.

—Eres un espécimen curioso —murmuró con voz grave—. No sé si lo tuyo es ignorancia... o simplemente estupidez.

Su aura se expandió como una ola negra que deformaba el aire.

—¿De verdad crees... que puedes vencer a un Dios Demonio? —su tono se volvió venenoso—. Con un solo dedo... puedo destruirte.

Dicho esto, levantó su mano derecha.

Muy despacio.

Muy seguro.

Y finalmente... alzó únicamente su dedo índice.

La realidad pareció tensarse...

como si ese simple gesto del demonio pudiera mover el suelo,

como si el mundo entero temblara en respuesta.

Gosai mantenía su dedo índice elevado, irradiando una presión invisible que partía las piedras y hacía vibrar el aire.

Zafiro, lejos de retroceder, suspiró pesadamente.

—Vamos, ¿por qué no te apuras? —dijo con tono cansado—. Después de esto tengo que hacer un montón de papeleo... informes... y toda esa basura burocrática.

—Rodó los ojos—. Cada vez que aparece uno de ustedes, mi agenda se arruina.

Gosai quedó inmóvil por un instante.

Sorprendido.

Confundido.

¿Ofendido?

Su expresión se transformó lentamente.

—Lo sigo confirmando... —dijo con una carcajada ligera, cubriéndose la boca con la otra mano—. La estupidez humana no tiene límites.

Su sonrisa se ensanchó, enfermiza, llena de placer homicida.

—Si tanto quieres morir, humana... te cumpliré el deseo.

Su voz se volvió extrañamente calmada.

—Cataclysm Swarm...

(Enjambre del Cataclismo).

Un rayo de energía salió disparado directamente hacia Zafiro, pero antes de impactarla se multiplicó, dividiéndose en decenas de proyectiles que se esparcieron como un enjambre voraz en todas direcciones, cerrándose sobre ella.

Una enorme nube de polvo y tierra se levantó por el impacto.

Gosai, convencido de que todo había terminado, se dio la vuelta.

Iba a buscar a Kahos.

Iba a volver con su maestro.

Pero...

El humo comenzó a disiparse.

Sus pasos se detuvieron.

Sus ojos se abrieron.

Y su boca se entreabrió ligeramente.

Zafiro seguía de pie.

Viva.

Sin un solo rasguño.

—¿Cómo... sigue con vida...? —murmuró—. Mi ataque fue directo... debía estar muerta.

Zafiro chasqueó la lengua.

—¿Todo ese tiempo para cargar ese ataque para nada? —dijo con fastidio—. Cada segundo de mi tiempo es valioso y tú me hiciste perder minutos con eso.

Su mirada se endureció.

—No te lo perdono. Te voy a acabar aquí mismo.

Gosai giró lentamente la cabeza de un lado a otro, intentando recomponerse.

—¿Cómo... un ser humano puede ser tan veloz...? —susurró—. No conocí a nadie capaz de esquivar algo así desde el período Edo...

Apretó los dientes.

—¿Evolucionaron los humanos...? ¿O fue solo suerte...?

Cerró los puños.

—No... fallé porque no estaba concentrado. Me distraje pensando en regresar con mi maestro... por eso fallé.

Levantó la mirada.

Y sonrió.

—Tuviste suerte, humana. Pero ya es suficiente.

Levantó ambas manos.

—Double Cataclysm Swarm...

(Doble Enjambre del Cataclismo).

El ataque fue feroz.

Una tormenta de proyectiles de energía cayó una y otra vez sobre el campo de batalla, repitiéndose sin cesar, sacudiendo el suelo hasta agrietarlo como cristal roto.

—No importa qué tan fuerte o veloz seas —dijo con seguridad absoluta—. Ningún ser humano puede resistir esto.

El humo se elevó lentamente.

La tierra estaba destruida.

Agrietada.

Carbonizada.

Y aun así...

Entre las grietas...

Zafiro seguía de pie.

Gosai frunció el ceño, molesto, casi indignado.

—¿Cómo puede un simple mortal seguir vivo después de recibir mi justicia...? —escupió con rabia contenida—. Un humano no debe desafiar las reglas divinas. Por sacrilegio... deberías morir por mis manos.

El ambiente se volvió pesado cuando extendió ambos brazos.

—Kami no Shinpan no Ken —murmuró.

(Espadas del Juicio Divino.)

Dos espadas luminosas, de energía divina, aparecieron en sus manos, vibrando con un poder que hacía temblar el aire.

Dio un paso hacia Zafiro...

Y en un instante, desapareció, como si su existencia hubiese sido borrada del mundo.

Zafiro abrió los ojos, confundida.

—¿Se... escapó? —susurró—. ¿O lo mandé lejos? —miró alrededor—. ¿Qué reglas divinas rompí esta vez...? ¿Qué sacrilegio cometí...?

Entonces...

Una presión asesina, más fría que el vacío, nació justo detrás de ella.

Pero Zafiro no se detuvo.

—Sacrilegio... no te equivoques, Gosai —dijo con voz firme—. No me importa si rompo tus creencias, ni tus reglas creadas por demonios que creen que son dioses solo por tener poder.

La presión aumentó.

Su espalda ardía, como si mil lanzas invisibles apuntaran directo a su cuello.

Y aun así siguió hablando.

—Soy humana. Y los humanos elegimos nuestro camino.

Si quieren imponer reglas absurdas... las voy a romper.

Porque yo decido pelear contigo.

Porque yo decido ganar.

Porque tengo libre albedrío.

La presión llegó a su punto máximo.

De la nada...

Gosai apareció detrás de ella.

Las dos espadas cruzadas a milímetros de su cuello.

—No puedes romper nuestras reglas como si nada —rugió, desbordando furia divina—.

Por tu insolencia... morirás, ser inferior.

—SAISHŪ HANKETSU —(Juicio Final)— gritó con odio absoluto.

Zafiro murmuró, sin voltear:

—Ni un maldito ser con complejo de dios... va a matarme. Jamás.

Las espadas cortaron.

Un destello.

Un sonido metálico que retumbó como un trueno en todo el campo.

Y Gosai estalló en carcajadas.

—Jajajaja... ya está hecho. Maté a la humana.

Nadie puede enfrentar mi juicio. Ni los humanos... ni los demonios que me cuestionan.

Error, mortal.

No tenemos complejo de dioses... somos dioses.

Y por tu estupidez... moriste.

Su porte elegante comenzó a desmoronarse.

Su compostura.

Su orgullo.

Su divinidad.

Todo se agrietaba.

—Ahora buscaré a Kahos.

Regresaré con mi maestro.

Y comenzaremos el plan del Cero Humano.

El amanecer de un nuevo orden...

El Atardecer Rojo.

Una voz respondió desde la distancia:

—¿El plan de Cero Humano...?

Cuéntame un poco más... antes de que me muera, ¿sí?

Gosai se congeló.

Giró lentamente la cabeza.

Y allí estaba Zafiro.

Viva.

Sin heridas.

Sin sangre.

Sonriente.

Ilesa.

Imposible.

Gosai retrocedió, horrorizado.

—Tú... tú deberías estar muerta...

Zafiro dio un paso al frente.

Su sombra se alargó como un gigante.

—Te dije que tus reglas... no significan nada para mí.

More Chapters