La revelación de un fetiche da paso a una noche de pasión y conexión. Ruisha y su pareja exploran sus deseos más íntimos, mientras un observador inesperado se une a su danza del placer.
Tras la intensa experiencia en el sello, Ruisha regresó a la Academia con la hermosa descendiente del héroe, la chica de cabello rosa. Caminaron en silencio, aún procesando los acontecimientos recientes. El aire fresco de la noche les recordó que, a pesar de todo lo vivido, el mundo seguía girando. Ruisha, con una sonrisa pícara, decidió que era hora de compartir algo más personal con su compañera.
¿Recuerdas cuando disfrutaste de una noche de pasión con el príncipe? Con mi permiso,me recluí con mis maestros y descubrí que mis fetiches están despertando es algo intenso y más allá de la moral humana normal.
"Tengo algo que decirte", dijo Ruisha, deteniéndose bajo la tenue luz de una farola. "Algo que quizá no esperes de mí".
La chica de cabello rosa lo miró con curiosidad, con los ojos brillando con una mezcla de intriga y confianza. Ruisha respiró hondo antes de continuar.
—Tengo un fetiche… algo que descubrí durante mi tiempo con los profesores. Algo que me hace sentir viva.
Ella inclinó la cabeza, invitándolo a seguirla. Ruisha se acercó más y su voz se convirtió en un susurro.
—Me emociona la idea de compartir, de ver a alguien a quien amo disfrutar con otra persona. No son celos, es… admiración, un deseo de tener control sobre ti y que lo disfrutes todo.
La chica sonrió con una expresión cálida y comprensiva. Sin decir palabra, tomó la mano de Ruisha y lo condujo a un rincón apartado del campus. Allí, bajo la sombra de un árbol centenario, se detuvo y lo miró directamente a los ojos.
—Si eso te hace feliz, lo acepto. Pero primero, déjame devolverte el favor por todo lo que has hecho por mí.
Con un movimiento fluido, se desabrochó los pantalones y los dejó caer al suelo. Ruisha sintió que el corazón le latía con fuerza al ver su miembro erecto, listo para ser recibido. La chica lo tomó con delicadeza y lo condujo hacia su entrada, con los labios curvados en una sonrisa seductora.
"Entra en mí", susurró con la voz cargada de deseo.
Ruisha needed no further invitation. Carefully, he entered her body, feeling her warmth envelop him. The sex was intense, each movement synchronized with their breathing. Ruisha, remembering the techniques she had learned, taught him how to squeeze her pussy, how to control the contractions to heighten the pleasure. It was his first time with a woman in the human world, and every sensation was new, electrifying.
"Do you like it like this?" Ruisha asked, her voice hoarse from exertion.
—Sí… —gimió ella, sus uñas clavándose en sus hombros—. Me encanta.
Ruisha cambió de posición, colocándola de rodillas y penetrándola por detrás. Sus manos se posaron en su trasero, admirando la curva perfecta de sus nalgas. Con sus dedos, comenzó a desnudarla por completo, deslizando la tela de su ropa interior hasta que cayó al suelo. El trasero de la chica era una obra de arte, y Ruisha no pudo resistirse a acariciarlo, a sentir la suavidad de su piel bajo sus dedos.
—Eres perfecta —murmuró, antes de embestir con más fuerza.
Ella jadeó, su cuerpo temblando con cada movimiento. Ruisha sabía que estaba cerca, y con un último esfuerzo, se corrió dentro de ella, su semen llenándola por completo. La chica gritó de placer, su orgasmo estallando en sincronía con el suyo.
Ambos cayeron al suelo, exhaustos pero satisfechos. Ruisha la abrazó, besando su cuello con ternura. Fue entonces cuando escucharon un ruido cercano. Un susurro, un movimiento entre las sombras.
—¿Quién anda ahí? —preguntó Ruisha, su voz alerta.
De entre los arbustos emergió su amigo lobo, su apariencia humana pero con el pecho y la polla cubiertos de pelaje. Su mirada era intensa, como si hubiera estado observándolos desde hacía tiempo.
—Lo siento, no pude evitarlo —dijo el lobo, su voz ronca y seductora—. Verlos juntos… me despertó algo en mí.
Ruisha sonrió, una idea cruzando su mente. Se acercó al lobo, mirando cómo su miembro erecto se movía con anticipación.
—¿Quieres unirte? —preguntó Ruisha, su tono juguetón.
El lobo asintió, sus ojos brillando con deseo. Ruisha se apartó, permitiendo que el lobo se acercara a la chica de pelo rosa. Ella, aún recuperándose de su orgasmo, lo miró con curiosidad.
—¿Estás segura? —preguntó Ruisha, buscando su aprobación.
—Sí —respondió ella, su voz firme—. Si es lo que quieres, lo acepto.
El lobo no perdió tiempo. Con movimientos ágiles, se colocó detrás de ella y la penetró, su miembro peludo deslizándose en su interior. Ruisha observó, fascinado, cómo el lobo disfrutaba de las nalgas de su amada. Se acercó, pellizcando suavemente la piel del lobo, quien gimió de placer.
—Te gusta, ¿verdad? —susurró Ruisha, su aliento caliente en el oído del lobo.
El lobo asintió, su cuerpo temblando con cada embestida. Ruisha sonrió, sabiendo que había creado un adicto.
—Siempre que lo desees, puedes pasar tu miembro por su boca —dijo Ruisha, su voz cargada de permiso.
La chica de pelo rosa, aún con el lobo dentro de ella, se giró hacia Ruisha y asintió.
—Apoyo tus deseos oscuros —dijo, su voz llena de aceptación—. Haz lo que te plazca.
Ruisha se arrodilló frente al lobo, tomando su miembro con ambas manos. Lo guió hacia la boca de la chica, quien lo recibió con entusiasmo. Lamió el miembro del lobo, moviendo su cabeza hacia arriba y hacia abajo, sus labios envolviéndolo por completo. El lobo gimió, su cuerpo arqueándose de placer.
Desnudos, los tres se movían al unísono, sus cuerpos entrelazados en una danza de deseo. Ruisha observó cómo el lobo se corría en la boca de su amada, derramándose su semen sobre sus labios. Sonrió, tragando con deleite, antes de volverse hacia Ruisha y besarlo profundamente, compartiendo el sabor de su amigo.
Cuando todo terminó, los tres cayeron al suelo, sus cuerpos brillando a la luz de la luna. Ruisha abrazó a la chica de cabello rosa, sintiendo su corazón latir al unísono con el suyo. El lobo se acurrucó a su lado; su presencia era cálida y reconfortante.
"¿Qué haremos ahora?" preguntó la muchacha con voz suave.
Ruisha sonrió, mirando hacia el horizonte.
"Lo que sea que nos depare el destino", respondió. "Juntos".
Y allí, bajo el cielo estrellado, los tres encontraron un momento de paz, con sus cuerpos y almas conectados en una armonía que trascendía lo físico. El futuro era incierto, pero juntos sabían que podían afrontar cualquier cosa.