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Chapter 113 - Capitulo 108 – Eve Roger (Parte 4)

Capítulo 108 – Eve Roger (Parte 4)

La noche había caído sobre la ciudad, y el silencio en mi habitación era distinto al de otros días. No era un silencio vacío, sino uno cargado de pensamientos, de emociones que se acumulaban en mi pecho y que no sabía cómo liberar. Cody estaba conmigo, sentado en el borde de mi cama, mirándome con esa calma que parecía siempre acompañarlo. La luz tenue de la lámpara iluminaba su rostro, y yo sentí que era el momento de abrirme, de decirle lo que llevaba tanto tiempo guardando.

Me quedé unos segundos observándolo, intentando reunir el valor. Desde que había llegado a mi vida, todo había cambiado. Antes, mis días eran una rutina gris: la escuela, el estudio de tatuajes, las discusiones con Grace y Odette, las preocupaciones constantes. Pero Cody había traído algo distinto, una chispa que me hacía sentir que no estaba sola, que alguien había dispuesto a caminar a mi lado.

"¿Sabes?" Comencé, con la voz temblorosa. "Desde que llegaste... siento que mi vida es diferente. Como si todo tuviera un poco más de sentido."

Él me miró con atención, sin interrumpirme. Esa era una de las cosas que más valoraba de Cody: sabía escuchar.

"Pero también..." continuó, bajando la mirada, "me da miedo. Porque no sé si soy suficiente. A veces me comparo con otras chicas, con Roxy, Beca, Misy, Mia... todas parecen tener algo que yo no. Son más seguras, más bonitas, más... completas. Y yo... yo solo soy Eve, con mis cicatrices y mis inseguridades."

El silencio se hizo pesado. Sentí que mis palabras flotaban en el aire, y por un instante temí que él pensara lo mismo, que me viera como alguien menos.

Cody se inclinó un poco hacia mí. "Eve, no tienes que compararte con nadie. Tú eres tú, y eso es lo que me importa. No necesito a Roxy, ni a Beca, ni a Misy, ni a Mia. Te quiero a ti."

Sus palabras me hicieron temblar. Era como si hubiera tocado directamente el miedo que me consumía y lo hubiera desarmado con una sola frase.

Respire hondo, intentando contener las lágrimas. "No entiendes... mi vida no ha sido fácil. He pasado por cosas que me han marcado, cosas que me hacen sentir que nunca voy a ser como los demás."

Él no respondió de inmediato. Solo me miró, esperando a que continuara.

"Hubo un accidente" dije finalmente, con la voz quebrada. "Hace años. Fue duro, y me dejó una cicatriz que siempre intento ocultar. No es solo física... es algo que me recuerda lo frágil que soy. Y... hay algo más."

Las lágrimas comenzaron a caer, y tuve que cubrirme el rostro con las manos. "Los médicos dijeron que tal vez no pueda tener hijos. Que el accidente me dejó con esa posibilidad. Y yo... yo no sé cómo vivir con eso. Me da miedo que, cuando lo sepas, decidas que no vale la pena estar conmigo. Que todo lo que hemos construido se derrumbe."

El silencio que siguió fue insoportable. Sentí que mi confesión había abierto una herida demasiado grande, que había puesto todo en riesgo. Mi corazón latía con fuerza, esperando una reacción, temiendo que fuera la equivocada.

Pero Cody no se alejó. Se acercó más, tomó mis manos con suavidad y me obligó a mirarlo.

"Eve" dijo, con firmeza pero con ternura. "Nada de lo que me acabas de contar cambia lo que siento por ti. Tus cicatrices no te hacen menos, te hacen más fuerte. Y lo de los hijos... no es lo que define quién eres. No voy a dejarte por eso. No voy a irme."

Las lágrimas se intensificaron, pero ya no eran solo de miedo. Eran también de alivio, de sentir que alguien me aceptaba por completo, incluso con mis sombras.

Cody me abrazó, y en ese instante sentí que el mundo se redujo a nosotros dos. Su calor me envolvía, su voz me tranquilizaba. "No tienes que cargar con todo sola", murmuró. "Yo estoy aquí, y voy a estar aquí".

Lo bese. Fue un beso cargado de emoción, de necesidad, de agradecimiento. No era un beso cualquiera; era una manera de decirle todo lo que no podía expresar con palabras. Él respondió con la misma intensidad, y pronto el beso se volvió más profundo, más intenso.

Nos recostamos en la cama, y ​​el faje fue suave, lleno de ternura. No había prisa, no había urgencia. Solo éramos nosotros, explorando con calma, descubriendo lo que significaba estar tan cerca. Sus manos recorrían mi espalda con delicadeza, y yo me aferraba a él como si temiera que se desvaneciera.

El tiempo parecía haber sido detenido. La lámpara seguía iluminando la habitación, pero para mí todo era un universo reducido a Cody ya mí. Cada caricia, cada beso, era una confirmación de que no estaba sola, de que mis miedos no eran suficientes para alejarlo.

Finalmente, cuando la intensidad comenzó a calmarse, Cody me arropó con suavidad. Me acomodó en la cama, cubriéndome con las sábanas, y me dio un último beso en la frente.

"Descansa" dijo, con esa voz tranquila que siempre lograba darme paz. "Mañana será otro día, y estaremos juntos".

Lo vi levantarse, caminar hacia la puerta. Antes de salir, se giró y me molestó. Esa sonrisa era suficiente para recordarme que, sin importar lo que pasara, él estaba ahí.

Me quedé en la cama, con el corazón latiendo fuerte y las lágrimas aún frescas en mis mejillas. Pero por primera vez, esas lágrimas no eran solo de dolor. Eran también de esperanza, de amor, de la certeza de que, aunque mi vida estuviera marcada por cicatrices y secretos, había alguien dispuesto a aceptarme por completo.

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La mañana siguiente desperté con una sensación distinta. No era solo el cansancio acumulado de los últimos días, ni la emoción de lo que habíamos vivido. Era algo más profundo, una certeza silenciosa de que mi vida estaba cambiando. Me sentí especial, como si el mundo me hubiera dado un respiro después de tantas dudas y miedos.

Me levanté despacio, arreglándome con calma. Al abrir la puerta de mi cuarto, el olor a café y pan tostado me recibió. Bajé las escaleras y encontré a Grace y Odette en la cocina, preparando el desayuno. Se movía de un lado a otro, pero había algo extraño en su manera de caminar, como si intentaran disimular un cansancio diferente.

Me detuve unos segundos, observándolas. Fue entonces cuando noté algo que me hizo fruncir el ceño: la chaqueta de Cody colgada en el perchero. Recordaba perfectamente que él la llevaba puesta cuando se despidió la noche anterior. ¿Por qué estaba ahí?

Levante la mirada hacia ellas. Grace y Odette intercambiaron una mirada rápida, casi cómplice, al notar que yo había visto la chaqueta. No dijeron nada, y yo tampoco. El silencio fue breve, pero suficiente para dejarme con preguntas que preferí no formular.

Decidí no pensar demasiado en eso. Tomé un poco de café, agradecí el desayuno y salí rumbo a la escuela. El aire fresco me despejó, y mi mente se enfocó en lo que realmente importaba: el evento musical.

Ese día era especial. Cody, Kevin y yo nos presentaríamos como banda frente a toda la escuela. Habíamos ensayado, habíamos compartido ideas, y aunque los nervios me acompañaban, también lo hacía la emoción.

El auditorio estaba lleno. Las luces iluminaban el escenario, y el murmullo de los estudiantes se mezclaba con la expectativa. Cody afinaba su guitarra, Kevin ajustaba la batería y yo sostenía el micrófono con las manos temblorosas.

Cuando comenzó la música, todo cambió. El ritmo nos envolvió, y las notas fluyeron con naturalidad. Cody tocaba con pasión, Kevin marcaba el compás con fuerza, y yo cantaba como si cada palabra fuera un reflejo de lo que había vivido. El público respondió con aplausos, con gritos, con energía que nos impulsaba aún más.

El evento fue un éxito rotundo. Al terminar la última canción, el auditorio se quedó en aplausos. Sentí el corazón desbordado, la piel erizada, y la certeza de que ese momento quedaría grabado para siempre.

Nos miramos los tres, sudorosos y sonrientes, sabiendo que lo habíamos logrado. No era música solista; era la confirmación de que juntos podíamos construir algo más grande, algo que nos unía y nos daba fuerza.

Al bajar del escenario, Cody me tomó de la mano. No dijo nada, pero su gesto fue suficiente. Ese día, entre la confusión de la mañana y la euforia del evento, entendí que mi vida estaba cambiando de manera irreversible. Y aunque aún había preguntas sin respuesta, lo que sentía era más fuerte que cualquier duda.

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La noche del evento musical había sido un torbellino de emociones. El auditorio lleno, los aplausos, la energía que nos envolvía... todo había quedado grabado en mi memoria como uno de esos momentos que marcan un antes y un después. Cuando bajamos del escenario, todavía con la adrenalina recorriendo mi cuerpo, sentí que necesitaba más tiempo con Cody, que no quería que esa noche terminara ahí.

Al salir de la escuela, mientras la multitud se dispersaba, lo miré con una sonrisa tímida. "¿Quieres venir a mi casa?" Pregunté, intentando sonar casual, aunque por dentro mi corazón latía con fuerza.

Cody me miró, sorprendido por un instante, y luego avanzando con esa calma que parecía siempre acompañarlo. "Claro. Me encantaría."

El trayecto hasta mi casa fue distinto a otros. No hablábamos tanto, pero el silencio no era incómodo. Era un silencio cargado de significado, de miradas que decían más que las palabras. Yo observaba la ciudad a través de la ventana, las luces que se encendían en las calles, y pensaba en lo que estaba a punto de suceder.

Cuando llegamos, Grace y Odette ya estaban en la sala, todavía comentando el éxito del evento. Nos saludaron con entusiasmo, pero no hicieron demasiadas preguntas. Era como si entendieran que esa noche pertenecía a nosotros. Subí las escaleras con Cody detrás de mí, y al entrar en mi habitación, sentí que el mundo se reducía a ese espacio pequeño.

La lámpara iluminaba suavemente las paredes y mis dibujos estaban esparcidos sobre el escritorio. Cody se sentó en el borde de la cama, mirándome con esa expresión tranquila que siempre lograba darme paz. Yo me acerqué, todavía nervioso, y me senté a su lado.

"Gracias por hoy" dije, con la voz baja. "Fue increíble. Nunca pensé que algo así pudiera pasar."

Él irrita. "Fue increíble porque estabas ahí. No hubiera sido lo mismo sin ti."

Sus palabras me hicieron temblar. Lo miré, y en ese instante supe que no quería seguir manteniendo lo que sentía. Me incliné hacia él y lo besé. Al principio fue un beso suave, tímido, pero pronto se volvió más profundo, cargado de todo lo que había estado guardando dentro de mí.

El beso se prolongó, y poco a poco la distancia entre nosotros desapareció. Nos recostamos en la cama, y ​​la velada se volvió más íntima, más romántica. No había prisa, no había urgencia. Solo éramos nosotros, explorando con calma, descubriendo lo que significaba estar tan cerca.

Hicimos el amor por primera vez. Fue un momento lleno de ternura, de emociones que se mezclaban con cada caricia, con cada mirada. No era solo físico; era la confirmación de lo que sentíamos, la manera de decirnos sin palabras que estábamos juntos, que nos pertenecíamos.

Después, nos quedamos en silencio, mirándonos. Sus ojos reflejaban una calma que me envolvía, y yo sentía que mi corazón estaba más ligero que nunca. Lo besé de nuevo, suavemente, como si quisiera prolongar ese instante para siempre.

"Eres lo mejor que me ha pasado", murmuró, con lágrimas en los ojos.

Cody no respondió con palabras. Me miró unos segundos, con esa serenidad que parecía siempre acompañarlo, y luego me volví a besar. Fue un beso profundo, lleno de ternura, como si su manera de contestar no necesitara frases, solo el lenguaje de sus labios.

Nos quedamos abrazados, compartiendo ese silencio que no necesitaba palabras. La noche avanzaba, pero para mí el tiempo se había detenido. Sentía que, por primera vez, estaba exactamente donde debía estar.

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Unos días después del evento musical, la emoción todavía flotaba en el aire, pero ya no era tan intensa como aquella noche en el auditorio. La vida había vuelto poco a poco a su ritmo habitual: clases, ensayos, el estudio de tatuajes, las bromas con Odette y Grace. Sin embargo, dentro de mí había una inquietud que no podía ignorar. Sentía que Cody tenía algo guardado, algo que aún no me había dicho.

Cuando me invitó a almorzar en su casa, aceptó sin pensarlo demasiado. Era la primera vez que compartiríamos una comida en su hogar, y eso me hacía sentir nervioso, como si estuviera entrando en un espacio más íntimo de su vida. La casa de Cody era sencilla, cálida, con detalles que hablaban de su familia: fotos en la pared, libros apilados en la sala, una guitarra apoyada en un rincón. Su madre había salido, así que estábamos solos.

La mesa estaba servida con platos simples, pero el ambiente era distinto. No era como las bromas y risas de la azotea, ni como la emoción del evento. Había algo más serio en el aire. Comenzamos a comer, y por un rato hablamos de cosas triviales: la escuela, la banda, los comentarios que habíamos recibido después del concierto. Pero yo notaba que Cody estaba pensativo, como si tuviera algo guardado.

Finalmente, lo dijo.

"Eve... hay algo importante que quiero contarte."

Lo miré, dejando el tenedor sobre el plato. Su tono me hizo enderezarme en la silla. "¿Qué pasó?"

Respir hondo, como si necesitara reunir valor. "Me inscribí en un programa. Se llama *Drama Total*. Es una realidad que se graba en una isla en Ontario."

Por un instante, no supe qué decir. El nombre me sonaba, pero nunca había pensado que Cody pudiera estar involucrado en algo así. Lo miré con los ojos abiertos, intentando procesar la información.

"¿Un programa de televisión?" preguntó, con incredulidad.

Él ascendió. "Sí. Es un concurso. Aventura, retos, convivencia... todo grabado. Me aceptaron, y en unas semanas tengo que viajar."

El silencio se volvió pesado. Sentí un nudo en el estómago. "¿Y por qué no me lo habías dicho antes?"

Cody bajó la mirada. "No quería que te preocuparas. Quería estar seguro antes de contártelo. Pero ahora... ya es oficial."

Me quedé quieta, con mil pensamientos cruzando mi mente. Por un lado, entendía que era una oportunidad para él, algo emocionante y diferente. Pero por otro, sentí miedo. Miedo de perderlo, de que se alejara, de que nuestra historia quedará en pausa justo cuando apenas comenzaba.

"¿Y qué significa eso para nosotros?" preguntó, con la voz baja.

Cody me miró directamente, con esa calma que siempre parecía tener. "Significa que voy a estar lejos por un tiempo. Pero no quiero que pienses que esto cambia lo que siento por ti. Tú eres importante para mí, Eve. Esto es solo... algo que necesito hacer."

Las palabras me golpearon con fuerza. No era un rechazo, pero tampoco una promesa clara. Era una realidad que teníamos que enfrentar.

"¿Por qué ese programa?" insistí. "¿Qué buscas ahí?"

Él sospechó. "Busco probarme a mí mismo. Salir de la rutina, enfrentar retos, conocer hasta dónde puedo llegar. No es solo por diversión. Es... algo que siento que debo hacer."

Lo observé en silencio. Había determinación en su voz, y eso me hacía entender que no era una decisión ligera. Pero aún así, el miedo seguía ahí.

"¿Y si te pasa algo?" murmuré. "¿Y si vuelves distinto?"

Cody se inclinó hacia mí, tomando mi mano con suavidad. "Tal vez vuelva distinto, sí. Pero lo que siento por ti no va a cambiar. Eso te lo prometo."

Sentí las lágrimas amenazar mis ojos, pero las contuve. No quería que la conversación se volviera un drama. Quería entenderlo, apoyarlo, aunque dentro de mí hubiera un torbellino de emociones.

El resto de la comida transcurrió con un aire más serio. Hablamos de detalles: cómo sería el viaje, cuánto tiempo estaría fuera, qué significaba para él participar en *Drama Total*. Yo lo escuchaba, intentando asimilarlo, mientras él respondía con paciencia a cada una de mis preguntas.

Pero había otro tema que no podía evitar. Algo que me quemaba por dentro.

"Cody..." dije, con la voz temblorosa. "Necesito preguntarte algo más. Sobre nosotros."

Él me miró, esperando.

"No soy tonta. He visto cómo te relacionas con otras chicas. No quiero fingir que no pasa nada. Yo... yo te quiero para mí. Pero al mismo tiempo, siento que no lo merezco. Que eres demasiado grandioso, en muchos aspectos."

Cody se quedó en silencio unos segundos, como si buscara las palabras correctas. Finalmente abrió la boca, pero yo lo interrumpí antes de que pudiera decir algo.

"Dime la verdad" solté, con firmeza. "¿Piensas buscar a otra chica?"

Él se quedó helado, sorprendido por la pregunta. No esperaba que yo lo dijera tan directo.

"¿Por qué me preguntas eso?" murmuró, intentando ganar tiempo.

Me incliné hacia él, sin apartar la mirada. "Porque te he escuchado hablar en sueños. Mencionas un nombre... Gwen."

Cody se tensó de inmediato. Sus ojos se abrieron, y por un instante no supo qué decir. El silencio que siguió fue tan intenso que podía escuchar mi propio corazón latiendo.

"Eve..." murmuró, con la voz baja. "No quería que lo supieras así."

"Pero lo sé" respondió, con firmeza. "No me mientas. Esa chica está en tu mente. No sé quién es exactamente, pero sé que existe. Y quiero que me digas si piensas buscarla."

Cody respiró hondo, bajando la mirada por un instante. "No quiero dañar a nadie, Eve. Estoy confundida. Siento cosas enormes por ti, pero también... hay otras que me hacen pensar. No sé qué pasará. No puedo prometerte que nunca me enamorará de alguien más."

El silencio se volvió pesado. Yo lo observaba, con el corazón apretado, y entonces solté lo que llevaba guardado.

"Entonces escucha bien", dije con la voz firme. "No importa si Gwen existe, no importa si piensas en ella. Haré que siempre que me mires no puedas evitar amarme más. Más que a cualquiera. No te pediré que seas mi novio, pero somos algo, y eso no lo olvides."

Cody me miró, con una mezcla de ternura y confusión. No sabía qué decir. Finalmente soltó algo duro, directo.

"Mira, soy humano. ¿Qué pasa si me enamoro de otra persona?"

Sentí el golpe de esas palabras, pero no me derrumbé. Lo miré fijamente y respondí con firmeza. "No importa. Haré que siempre que me mires no puedas evitar amarme más. Más que a cualquiera."

El silencio que siguió fue intenso. Cody me observaba, como si intentara descifrar si realmente podía cumplir esa promesa. Yo lo miraba con determinación, sabiendo que era un reto, pero también una verdad: estaba dispuesta a luchar por él, incluso contra sus propios sentimientos.

Nos quedamos así, mirándonos, con la tensión flotando en el aire. Finalmente, Cody me besó de nuevo. No dijo nada más, pero ese beso fue suficiente para entender que, aunque estaba confundida, aunque pensaba en Gwen, yo tenía un lugar en su corazón.

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