*LORD AUREN*
Al pisar el muelle, sentí la firmeza de la madera bajo mis pies, la brisa del mar acariciando mi rostro. La sensación de estar en tierra firme nuevamente era reconfortante, pero la misión que traíamos entre manos lo ensombrecía todo. Aquí, en este continente lejano, todo estaba por cambiar. Los representantes de nuestra nación se habían reunido aquí con un solo propósito: encontrar a Thyra, mi hija, y llevarla de regreso antes de que los oscuros engranajes del destino la atraparan en una red aún más compleja.
Askel y Eryk se mantenían cerca, sus rostros serios, llenos de determinación. Habían crecido mucho desde el último encuentro, pero su deseo de recuperar a su hermana, a la heredera de Auren, seguía siendo la fuerza que los movía. Mi esposa, Lady Auren, caminaba a mi lado, su presencia siempre tranquila y firme, aunque podía notar la preocupación en sus ojos. La ausencia de Thyra había dejado un vacío en nuestro hogar, uno que, aunque se llenaba con los años de mis otros hijos, aún dolía profundamente. Los Almaric y los Varenn también nos acompañaban, dos familias que habían sido aliados en esta larga lucha.
Lady Serella, la esposa de Lord Almaric, me dirigió una mirada llena de compasión mientras avanzábamos hacia la multitud de personas que esperaban nuestra llegada. Sus hijos, Caden y Darién, caminaban junto a nosotros, también en silencio, su poder apenas contenido, como si cada paso fuera un recordatorio de que la búsqueda de Thyra no era solo un asunto familiar, sino también una misión que transcendía los lazos sanguíneos. Myla Varenn estaba a su lado, su postura tan erguida como siempre, aunque sus ojos delataban la misma preocupación que nos consumía a todos.
El puerto estaba lleno de actividad. Algunos representantes del continente vecino ya se encontraban presentes, aunque no era el momento para tratar con ellos; sabíamos que nuestras prioridades eran otras. Unos pocos funcionarios locales se acercaron a darnos la bienvenida, asegurando que la seguridad estaba garantizada. No tenía dudas de eso, pero tampoco me confiaba. Sabía que el tiempo apremiaba y que, al igual que nosotros, otros ojos vigilaban, observando el camino de regreso de Thyra con una determinación propia.
"Este lugar es más grande de lo que pensaba," dijo Askel en voz baja, mirándome con una mezcla de emoción y ansiedad. "Pero aún así, no puedo evitar sentir que estamos demasiado cerca de algo peligroso."
"Lo estamos," respondí, sin detenerme. "Pero no podemos dar marcha atrás. Nuestro objetivo es claro: encontramos a Thyra, y nos aseguramos de que esté a salvo, antes de que las discusiones diplomáticas se terminen."
Lady Serella se acercó un poco más, su mirada fijada en el horizonte. "Espero que encontremos lo que buscamos aquí, Lord Auren. No solo por la seguridad de Thyra, sino también por el bienestar de nuestro continente. Si ella está aquí, ya hemos perdido demasiado tiempo."
"Lo sé," respondí, mirando a cada uno de los miembros de mi familia. "Pero no dejaremos que nada ni nadie nos detenga. Estamos aquí para traerla de regreso."
Mientras el viento soplaba con fuerza, impulsándonos a avanzar, no pude evitar pensar en la travesía que teníamos por delante. El continente vecino podía ser un lugar vasto y peligroso, y aunque Thyra había crecido mucho en estos meses, su destino aún estaba marcado por las sombras. No sabíamos qué le esperaba exactamente, pero estaba decidido a no perderla otra vez. Esta vez, la traeríamos de vuelta, cueste lo que cueste.
*****
*CADEN*
Caminamos por las calles del puerto, mis pasos resonando en el suelo empedrado mientras los ojos curiosos de la multitud se posaban sobre nosotros. La gente aquí no nos conocía, pero algo en nuestra presencia atraía su atención. Tal vez fuera el hecho de que éramos de otro continente, o quizá la postura con la que nos movíamos, como si estuviéramos buscando algo, o alguien, con más que una simple misión diplomática en mente.
Mis ojos se movieron hacia los carruajes que nos esperaban, alineados con precisión, cada uno tirado por caballos fuertes y preparados para el largo viaje que nos aguardaba. La idea de ser conducidos hasta un complejo de la facción que gobernaba esta región, liderada por un hombre llamado Thalen, no me tranquilizaba. No sabía mucho de este consejal, pero no era de los que confiaban en nadie sin antes ver de qué lado estaba en realidad. Mi mente no dejaba de pensar en las palabras de mi padre, recordándome la importancia de no bajar la guardia en este lugar extraño.
Eryk caminaba a mi lado, su rostro serio, como siempre, pero no podía evitar notar cómo sus ojos recorrían cada rincón, cada sombra que se deslizaba entre las casas y las calles. Era el tipo de chico que no dejaba que nada se le escapara. Al igual que Askel, su hermano, había crecido considerablemente en poder, pero eso no lo hacía menos cauteloso. No nos habíamos reunido con los consejales de este continente aún, pero algo en el aire me decía que no todo sería tan sencillo como nos lo habían pintado.
Miré a Myla, quien caminaba con paso firme frente a nosotros. A pesar de que su rostro mostraba seguridad, pude ver la ligera tensión en sus hombros. Sabía que ella también había sentido la misma inquietud que nosotros. Myla, aunque siempre de actitud tranquila, no era ingenua. Al igual que todos nosotros, quería encontrar a Thyra, y lo haríamos, sin importar las dificultades o el peligro que enfrentáramos.
"Este lugar tiene algo... extraño," comentó Darien en voz baja, alzando una mano para ajustar su capa. "No me gusta cómo nos observan."
"Lo sé," respondí en voz baja, también mirando a nuestro alrededor. "Pero debemos mantener la calma. No sabemos con qué tipo de facción estamos tratando aquí, pero no podemos dejar que nuestra guardia baje."
Mi mirada se desvió hacia la fila de carruajes mientras el viento soplaba suavemente, trayendo consigo el olor salado del mar. La sensación de estar tan lejos de casa, en un continente extraño, me hacía sentir algo más que ansiedad. Sabía que, aunque nuestro objetivo era claro, también era incierto. No sabíamos si Thyra aún estaba aquí, ni qué la había llevado hasta este continente, pero no podía dejar de pensar que todo esto tenía que ver con ella. Algo me decía que la conexión entre este continente y nuestra familia era más profunda de lo que los demás pensaban.
"Vamos, ya no queda tiempo," le dije a Eryk, que estaba mirando hacia el horizonte, pensativo. "Dejemos que nos lleven al complejo y veamos qué tenemos que hacer a continuación."
Nos subimos a los carruajes, los caballos comenzaron a moverse y el puerto se fue desvaneciendo lentamente mientras avanzábamos. Los edificios se convirtieron en sombras borrosas, pero mi mente seguía alerta. El camino hacia el complejo de Thalen no estaba trazado solo por carreteras; también había incertidumbre, secretos y, tal vez, incluso peligros. Pero, sea lo que sea lo que nos esperaba, nada nos haría retroceder. Encontraríamos a Thyra.
Después de unas horas de viaje, el carruaje se detuvo finalmente frente al complejo del consejal Thalen. El aire estaba caliente y cargado, y la imponente estructura que se alzaba frente a nosotros reflejaba la grandiosidad de la facción que gobernaba esta región. Su arquitectura era sólida, casi como una fortaleza, pero había algo en su presencia que parecía un tanto ominoso. A pesar de la bienvenida formal, el ambiente estaba lleno de tensiones no expresadas.
Mi madre, Lady Serella, fue la primera en bajar del carruaje, seguida de mi padre, Lord Almaric, con su porte habitual de dignidad implacable. Mientras mi hermano y yo salíamos, no pude evitar notar cómo la atmósfera cambiaba. Darien bajó después de mí, siempre con su confianza, aunque podía ver que él también estaba observando atentamente a nuestro alrededor, como si quisiera evaluar a cada uno de los que nos rodeaban.
Lord Varenn y su familia bajaron de otro carruaje, con Myla al frente, su rostro serio, tan habitual en ella, pero en sus ojos podía ver que algo la preocupaba, aunque nada lo demostraba. A su lado, los gemelos Liran y Lian parecían un poco perdidos, observando todo con una mezcla de curiosidad y cautela. Era difícil leerles a esa edad, pero sabíamos que estaban aprendiendo rápido en este mundo lleno de estrategias y peligros.
Los nobles y miembros de la corte, que nos acompañaban, comenzaron a bajar también. El aire de respeto que se sentía entre ellos era palpable. Pero mi atención pronto se desvió hacia el grupo de individuos que se encontraba en la entrada del complejo. Eran varios, y todos tenían un aire de poder sobre ellos. Ninguno parecía alcanzar el nivel de poder de los lords presentes, pero algunos de los herederos y nobles de su continente, como los que acompañaban a Thalen, eran más fuertes que yo, y al menos uno o dos superaban la fuerza de Darien.
Aunque mi instinto me decía que no debía subestimarlos, tampoco podía dejar que esa diferencia de poder me desanimara.
Al frente de todo, se encontraba un hombre que parecía ser el líder de este grupo. Su presencia era imponente, pero no era de la nobleza de la facción, sino más bien alguien que servía a la facción de Thalen de una manera más ejecutiva. Su mirada fija en nosotros no podía ser ignorada, parecía medir cada uno de nuestros movimientos. Le devolví la mirada, manteniendo la compostura. Este encuentro no sería sencillo.
"Bienvenidos," dijo el hombre con voz firme, aunque su tono no parecía amistoso, ni tampoco demasiado hostil. "El consejal Thalen está esperando."
Al fondo, la gran puerta del complejo se abrió, revelando el camino hacia el interior, un pasillo largo adornado con tapices que contaban historias que ni siquiera intenté entender. Estábamos aquí por un objetivo, y mis ojos no dejaban de buscar cualquier pista que pudiera darnos una ventaja.
Mientras comenzábamos a caminar hacia el interior, pude sentir la tensión en el aire. Sabía que todos, incluidos mis padres, los Varenn y los demás, estaban igualmente alerta. Este viaje, aunque formalmente diplomático, ocultaba una misión mucho más importante, y no descansaríamos hasta que encontráramos a Thyra.
La entrada al complejo fue silenciosa, y el sonido de nuestros pasos resonó en las paredes mientras avanzábamos. Thalen nos esperaba, pero no solo como un consejal, sino como alguien que podría tener información clave sobre nuestro objetivo. A cada paso, más cerca de la respuesta, más cerca de encontrarla.
El hombre que nos había guiado por el complejo de la facción de Thalen habló nuevamente, su tono preciso y profesional:
"El consejal Thalen solo desea la presencia de los lords y ladys, junto con sus herederos o herederas. Por favor, siéntanse libres de dejar a sus acompañantes fuera de este salón."
Mis padres, como era de esperar, caminaron hacia el interior con paso firme. Mi madre, Lady Serella, caminó junto a mi padre, Lord Almaric. A pesar de que Darien tenía el papel formal de heredero, él no mostró interés alguno en seguir el protocolo, y con una ligera inclinación de cabeza, cedió el rol de líder de la casa a mí, su hermano menor. Aunque él nunca lo expresó de forma explícita, todos sabíamos que no se sentía cómodo con las responsabilidades de un lord. Era una situación que había dejado claro desde hacía tiempo.
Con Darien al margen, era mi turno de ocupar ese lugar, aunque el peso de lo que eso significaba me resultaba algo abrumador. Sin embargo, no tenía otra opción. Este era el camino que debía seguir para cumplir con la misión que todos teníamos, la misión de encontrar a Thyra.
Los Varenn hicieron lo propio, con Lord y Lady Varenn acompañando a Myla, su hija, quien siempre había sido su heredera natural. Aunque Myla nunca mostró dudas sobre su posición, su seriedad era palpable mientras avanzaba junto a sus padres.
Los Auren, por su parte, hicieron algo diferente. Lord y Lady Auren entraron solos, un recordatorio evidente de lo que había sucedido en su casa. Thyra era su heredera, y por supuesto, con ella desaparecida, Askell y Eryk no podían ni deseaban tomar ese puesto. No querían el título de herederos si su hermana mayor seguía viva. Así que, dejando atrás esa pesada carga, entraron sin títulos.
Mientras tanto, los gemelos Liran y Lian, hijos de los Varenn, fueron dejados con Askell, Eryk, Darien y otros que no eran lords ni herederos, para esperar en la sala contigua. Aunque los gemelos eran jóvenes, su presencia allí tenía una importancia de la que pocos se daban cuenta. Siempre había algo especial en ellos, algo que podría ser importante en el futuro, pero eso era algo que no podíamos discutir ahora.
El ambiente dentro del complejo estaba marcado por una tensión palpable. No era solo una cuestión de diplomacia. Cada familia, cada individuo, tenía un propósito oculto, y la atmósfera cargada de incertidumbre lo dejaba claro. El consejal Thalen nos esperaba, pero lo que realmente deseábamos era conseguir información útil para nuestra misión.
Finalmente, cruzamos el umbral de la sala donde el consejal y su grupo nos esperaban, y aunque las apariencias sugerían cordialidad, todos sabíamos que el verdadero reto apenas comenzaba. El tiempo para encontrar a Thyra se agotaba.
Al llegar al lugar al que nos guiaron, encontramos una sala amplia y bien iluminada, decorada con elegancia que reflejaba el poder de quien gobernaba la región. En el centro de la estancia, un hombre joven esperaba, de pie, con una presencia que no dejaba lugar a dudas sobre su poder. Su mirada era intensa y profunda, y aunque no era particularmente alto, su porte emanaba una autoridad que rivalizaba con la de cualquier lord en el continente. Era evidente que había entrenado su cuerpo y mente para alcanzar niveles de poder que pocos alcanzaban.
Podíamos sentir la cantidad de mana que fluía en él, y no era solo una sensación: la energía que irradiaba era palpable. Era tan densa que casi podíamos verla, como si el aire mismo vibrara. No había duda de que este joven poseía una cantidad ridícula de mana, mucho más de lo que un mago común podría manejar. Era tan imponente que su presencia equiparaba la de un lord, como mi padre, Lord Almaric. Esto me sorprendió, ya que en un primer momento no esperaba encontrar a alguien de semejante nivel.
Cuando todos llegamos, el hombre nos observó con una mirada calculadora, pero sin la arrogancia que uno esperaría de alguien con tanto poder. Su rostro era serio, pero en sus ojos había una chispa de curiosidad, como si estuviera evaluando a cada uno de nosotros, buscando nuestras fortalezas y debilidades.
"Bienvenidos," dijo, su voz profunda pero clara, resonando en la sala. "Soy Thalen, el consejal que gobierna y protege esta región. Es un honor recibir a los lords, ladies y herederos de las casas vecinas. Este continente, Karyndor, los recibe con los brazos abiertos, aunque les advierto que, como en todo lugar, las lealtades deben ser probadas."
Su tono no era ni amable ni frío, pero había una fuerza en sus palabras que dejaba claro que no toleraría debilidad o falta de respeto. A su alrededor, varios de sus consejeros y guardias permanecían de pie, atentos, como si estuvieran listos para actuar en cualquier momento si algo salía mal. Sin embargo, no parecía haber ninguna amenaza inmediata.
"Por favor, siéntanse como en casa," continuó Thalen, su mirada ahora dirigida hacia mi familia. "Aunque las discusiones diplomáticas que se avecinan son de gran importancia, también me gustaría que se tomen el tiempo para disfrutar de nuestra hospitalidad. Estoy seguro de que encontrarán algo que aprender de este lugar."
Mientras hablaba, su poder era evidente en cada palabra, en la forma en que dominaba la sala sin esfuerzo. Nadie en la sala, ni siquiera mi padre, podría negar que Thalen era una figura de gran poder y peligro. Aunque su tono era educado, sabíamos que este encuentro sería más complejo de lo que parecía a simple vista.
