Ficool

Chapter 59 - 59) Preparándose para la llegada de Nana

Buster: Ahora, escúchenme bien: mañana daremos un avance completo del espectáculo y nuestro único público será la mismísima Nana Noodleman —anunció el koala.

Mike: ¿Nana Noodleman? ¿En serio sigue viva?

Buster: Así es. Y créanme, tiene estándares extremadamente altos —continuó—. Por eso, hoy haremos un ensayo general con vestuario. ¡Y quiero verlos iluminar el escenario!

El grupo se debatió entre la euforia y los nervios. Nana Noodleman era una leyenda consagrada del mundo teatral; aunque la prueba representaba una oportunidad de oro, la presión resultaba aplastante.

Por supuesto, mientras la mayoría parecía al borde de un colapso, Riuz permanecía recostado contra la pared con absoluta serenidad, revisando su teléfono. A su lado, Eddie se comía las uñas con desesperación ante la inminente llegada de su primera responsabilidad real en la vida.

Buster: ¡Riuz! ¡Eddy! ¡Vengano acá!

Pronto, el trío a carga del proyecto se congrega frente a los ambiciosos planos dibujados por el koala. Era un diseño de producción notoriamente amateur, pero sorprendentemente bien estructurado.

Eddie: ¿En serio crees que podemos montar todo esto para mañana? —objetó, escandalizado—. Además de peligroso, esto parece bastante ilegal.

Buster: Esos son detalles secundarios... Prometí algo espectacular y esto lo es... —se quedó sin aliento. Había pasado la noche entera diseñando el mapa a fuerza de café y pura ambición.

Riuz: A mí me gusta —aprobó con frialdad.

Eddie: ¿Y cómo demonios vamos a conseguir todo eso? —insistió

Riuz: Déjenmelo a mí. Mi padre quedó muy satisfecho con las aspirantes que le envié tras las audiciones —explicó mostrando la pantalla de su teléfono—. Tengo su agenda de contactos ya su personal a mi disposición. —Señaló hacia atrás, donde se había alineado una impecable fila de animales trajeados que lo custodiaban.

Buster: Eso es... simplemente... ¡genial! —celebró, brincando sobre la mesa—. ¡La suerte vuelve a sonreírle al Teatro Moon! ¡Y vamos a... RESURGIR!

Riuz: De acuerdo. Tú organizas todo; yo me encargaré de revisar a los concursantes —dispuso el humano, observando de reojo cómo Johnny se escurría a escondidas por la trastienda. Luego se giró hacia sus subordinados— Ya saben qué hacer.

Los animales de traje dieron un paso al frente con sincronización militar, posicionándose ante Buster como soldados listos para ejecutar órdenes mientras varios de ellos comenzaban a realizar llamadas.

Riuz avanzó por los pasillos, inspeccionando los salones de ensayo de los participantes que captaban su interés. Se detuvo un minuto en cada puerta: observó a Rosita y Gunther ejecutar una rutina impecable, concluyendo que no requería mayor supervisión. A la puerta de Mike solo se asomó para dejarle una advertencia implícita sobre no meterse en problemas hasta que concluya el concurso, sabiendo muy bien en qué líos podrían enredarse el roedor y sin la menor intención de ser piadoso si cometia un error.

Al llegar al camerino de Ash, el vio cambiarse a una velocidad tan agónica como el latido de un corazón moribundo. Riuz sonoro en silencio; Recordaba el mensaje recibido el día anterior de parte de Becky confirmando que la jugada había salido a la perfección y como ya había bloqueado a Lance e ignoraba cómo localizarla, y la chica solicitaba ya su "recompensa".

Riuz: Oye... ¿estás bien? —preguntó recostándose casualmente sobre el marco de la puerta, proyectando una ignorancia impecable sobre la situación.

Ash: ¿Eh? Sí... todo... bien —respondió la puercoespín con un hilo de voz tan desganado que delataba su miseria.

Riuz: Entonces sonríe un poco. Eres demasiado bonita como para andar con esa cara —soltó él en tono despreocupado—. Si es por el vestido, puedes tirarlo a la basura si quieres; no va con tu estilo, a ti te sienta mejor el cuero. Puedo convencer a Buster de ajustar tu rutina... Escuché que compone tus propios temas; tal vez podamos aprovechar eso.

Ash: ¿En serio? —sus púas parecieron erizarse de sorpresa, reviviendo por un segundo.

Riuz: Por supuesto... Y discúlpame por esto, pero investigue un poco el trasfondo de cada uno de ustedes y me tomé la libertad de revisar tus creaciones cuando dejes la mochila abierta. Mea culpa, pero la canción era tan buena que no me pude resistir —admitió finciendo un chispazo de culpa—. Sigue así, de verdad tienes talento. Que nadie te diga lo contrario. Si te interesa, usaremos tu tema... Eres genial, Ash. Búscame si decides hacerlo.

Sin añadir más, Riuz dio media vuelta. En cuanto le dio la espalda, una sonrisa calculadora se dibujó en su rostro.

Ash permaneció en silencio, aturdida. La validación que su exnovio jamás le había brindado acababa de llegar de la nada. Apretó los puños con nerviosismo mientras contemplaba el ridículo vestido sobre la silla. Aunque la pena por la ruptura aún la carcomía por dentro, las palabras del humano se quedarán grabadas en su mente.

Continuando su recorrido, Riuz ignoró por completo el salón donde debía estar Johnny —sabiendo de antemano que se había escapado— y pasó de largo el de Meena, pese a que la elefanta era quien más auxilio requería. Subió directamente al piso superior, donde guardaba la señorita Crawly. La anciana iguana le dedicó un sutil guiño cargado de un coqueteo no propio para alguien de su avanzada edad, a lo que Riuz respondió elevando el pulgar antes de encerrarse en la oficina a esperar, mientras Crawly bajaba a ejecutar su cometido.

Poco después, Meena subió la escalinata visiblemente tensa. Tras la manipulación previa de la señorita Crawly y haber notado cómo el humano la había ignorado al pasar, la joven elefanta había reunido el valor para subir solo por un minuto.

Meena: Señor Riuz... —murmuró al entrar.

Riuz: Aja... —contestó con frialdad, sin levantar la mirada de unos documentos que fingía revisar sobre el escritorio.

Meena: Creo que... se olvidó de pasar a verme —dijo con voz temblorosa. Haber presenciado cómo visitaba a todos menos a ella la aterraba; tras lo ocurrido anteriormente, desconocía cuál era su papel exacto.

Riuz: ¿Hacía falta?

Meena: Sí... bueno, no... quiero decir... —se trabó, aturdida.

Riuz: Solo dime qué te pasa —decretó secamente.

Meena: Yo... —Se cubrió el rostro con las orejas. Sintiéndose acorralada y sin saber a quién acudir, recordó que la señorita Crawly le había advertido que Buster estaba demasiado ocupado, dejando al humano como su única alternativa—. ¡Yo no sé si puedo hacerlo!

Riuz: ¿Hacer qué?

Meena: ¡Cantar frente a Nana Noodleman! Yo... soy demasiado tímida... ¡Me congelo y me quedo sin voz! —confesó sintiendo que la garganta se le cerraba. A pesar de su talento, el pánico escénico siempre había sido su mayor problema—. Tengo miedo de congelarme frente a ella, hacer el ridículo y...

Riuz: Oh... —asintió Riuz desestimando el drama—. ¿Entonces no vas a cantar? ¿Después de lo que hiciste para estar aquí, al final no sirvió para nada?

Meena se quedó helada. Las palabras del productor cayeron sobre ella como un jarro de agua congelada. Había cedido a "eso" únicamente por la oportunidad; una culpa que no la dejaba dormir por las noches y que ahora parecía sepultada sin remedio.

Los ojos de la elefante se llenaron de lágrimas, pero el nudo en su garganta le impidió formular respuesta alguna.

Riuz: Tranquila, no te estoy echando del show... —puso los ojos en blanco mientras se ponía de pie y se acercaba a la destrozada adolescente—. Solo trato de hacerte entender que no tienes nada que temer. Eres una gran cantante, Meena, y ese pánico escénico es solo un miedo absurdo.

Meena: ¿De verdad? —inquirió en un susurro, entre la incredulidad y la desesperación.

Riuz se acercó y la rodeó con un abrazo. Aunque la diferencia de tamaño volvía la escena un tanto torpe, el humano poseía suficiente experiencia con mujeres corpulentas para saber cómo reconfortarlas: conocía los puntos exactos que debía presionar y la fuerza precisa que debía aplicar. Por ello, no dudó en acariciar con sutileza la zona sensible tras las orejas de la joven.

Menna: ¡Eek! —soltó un pequeño chillido, intentando retroceder sin conseguir liberarse del agarre.

Riuz: Te pusiste de rodillas y me la chupaste... solo por esta oportunidad —le susurró él al oído con voz pausada y suave—. ¿Crees que alguien capaz de hacer semejante cosa por cantar se va a paralizar por estar frente a una anciana que hizo exactamente lo mismo a su edad?

Meena: ¿Qué? —preguntó la elefanta con un hilo de voz.

Riuz: Como lo oyes. Nana Noodleman también tuvo sus épocas de suplicar de rodillas para ganarse el favor de su "patrocinador". Mi abuelo me lo contó; aunque ella ya contaba con su apoyo, solo quería complacerlo... Pero en fin. Te lo dije, Meena: así funciona esta industria. Ella estuvo exactamente en tu lugar, así que no eres peor que ella. ¿Y crees que te vas a congelar solo porque te observe? No, tú eres superior a eso... Eres mi pequeña gran estrella —murmuró, casi rozando el lóbulo con los labios.

Meena se tensó ante un contacto del que no podía zafarse y que comenzaba a encenderle las mejillas.

Meena: Pero es que yo...

Riuz: Lo harás genial. Creo en ti; de lo contrario, no te habría dado la oportunidad ni aunque hubieras terminado en mi cama. Mira, si quieres, podemos organizar tu presentación para que empieces de espaldas: proyectaremos una imagen misteriosa y comenzarás a cantar sin mirar al público. Cuando te sientas con confianza, te das la vuelta; y si no... bueno, diremos que era una propuesta artística. En todo caso, incluso si algo sale mal, sé que lo harás bien —añadió acariciándola con la yema del dedo, mientras le untaba en secreto una dosis casi imperceptible de cierto aceite afrodisíaco.

Meena: ¿De verdad lo cree? —preguntó Meena, cediendo ante unas palabras que le parecian salvadoras, ignara de que provenían de una manipulación siniestra.

Riuz: Por supuesto. ¿Por qué no me haces una demostración? Hagamos un ensayo aquí mismo: canta para mí con esa voz hermosa que tienes —dijo tomando distancia y arrastrando una silla a unos metros de ella—. Adelante.

Meena: Sí... está bien —asintió con el corazón desbocado, tambaleándose un poco, pero deseosa de cantar para liberar aquel torbellino de emociones confusas. Intentó arrancar, pero se trabó al sentir la mirada fija del humano sobre ella.

Riuz: Meena, recuerda que me hiciste una mamada con esa linda trompa. Ya no somos unos desconocidos; si hay alguien ante quien no debes sentir vergüenza, es ante mí. Confía en ti —le recordó él con una sonrisa calculadora.

Riuz sabía perfectamente que ella no necesitaba ese discurso para superar su pánico escénico, pero le interesaba caldear el ambiente.

Meena se sobresaltó; aquel recuerdo le resulta humillante, pero ocurrió algo extraño: cada vez que la escena le venía a la cabeza, sentía una calidez inusual recorriéndole el cuerpo. Pese a todo, las palabras surtieron efecto; después de todo, la persona que tenía enfrente había compartido una intimidad extrema con ella. Con voz vacilante al principio, la elefanta comenzó a cantar. Poco a poco se fue soltando, impulsada por la súbita relajación química que el líquido impregnado empezaba a surtir en su organismo.

Al cabo de unos minutos, Meena concluyó la pieza con la respiración agitada y una mezcla de euforia real y alterada, recibiendo los aplausos del productor.

Riuz: Perfecto. ¿Ves cómo todo está bajo control? Solo necesitabas practicar —aseguró Riuz con soltura antes de desabrocharse el pantalón—. Ahora... ¿no crees que me merezco una recompensa?

Meena: ¡Eh! ¡Ah! Yo... ¡no! —balbuceó, desviando la mirada con el rostro encendido y cubriéndose con las manos y las orejas. Sin embargo, terminó echando un vistazo de reojo—. Pensé que... que yo ya no le importaba. Estuvo tan indiferente después de... aquello.

Riuz: Lo hice por ti. Pensé que no querrías ni recordarlo y no quería presionarte. Sé cuánto te costó y me preocupaba tu reacción. Creí que actuar como si nada hubiera pasado sería lo mejor para ti. ¿No te gustó? ¿Querías que te tratara diferente a los demás? —le soltó con un todo de fingida empatía digno de un actor consumado.

Meena: No, yo no quería... —murmuró confundida, sin saber cómo responder mientras la sustancia en su cuerpo comenzaba a disolver sus barreras.

Riuz: Meena, soy tu patrocinador, así que es normal que esto suceda. Diste una mamada por entrar al concurso, pero no creas que con eso basta. Soy humano, tengo mis necesidades y lo sabes. Quiero seguir apoyándote, pero necesito comprobar que sigues de mi lado... que estás dispuesta a trabajar para mí y no a irte con otro productor.

Meena: Yo jamás haría eso... —respondió insegura. Ni siquiera habia pensado en la idea de traicionar, aunque la exigencia la incomodara.

Riuz: Lo sé, por eso te acepté. Eres una chica estupenda y espero mucho de ti. Pero yo también necesito algo de afecto, ¿no te parece? —dijo sonriendo—. Además, sé que a tu familia no le vendría mal un ingreso extra; aquí tengo otros mil dólares.

Meena se quedó helada. Recordaba perfectamente cómo la entrega anterior había aliviado la situación económica en su casa, bajo el pretexto de que se trataba de un adelanto por su trabajo en el teatro. Contempló los billetes sobre la mesa y luego a Riuz.

Riuz: Ya lo hiciste una vez, ¿de verdad te cuesta tanto repetir? Además, ¿acabo de ayudarte o no? ¿No puedes echarme una mano tú a mí ahora?

Con la cabeza ligera y la voluntad mermada por la droga que empezaba a desinhibirla, la elefanta no podía dejar de mirar el miembro expuesto del humano. Riuz permaneció inmóvil, mostrando una fachada comprensiva y paciente. Al cabo de unos segundos, las palabras manipuladoras terminaron por doblegar los últimos vestigios de recato de la joven.

Pronto, la escena de la oficina volvió a repetirse. Meena se hincó de rodillas e intentó acomodar el miembro humano en su boca con una torpe destreza, ligeramente superior a la de la primera vez. Con la vista enturbiada por los nervios, sintió cómo aquel sabor familiar regresaba a su garganta.

Riuz: Deja que te ayude —dijo, sujetándola y alejandola con suavidad mientras untaba una porción de crema dulce en su pene—. Para que lo disfrutes un poco más.

Meena no supo cómo procesar aquel gesto, aunque admitió para sí que facilitaba la tarea. El humano le sostuvo la cabeza mientras ella saboreaba el dulce en el proceso, perdiendo progresivamente los límites que se había impuesto y adoptando los que su "patrocinador" buscaba infundirle.

Mientras la elefanta continuaba ocupada en la tarea, al otro lado de la puerta la señorita Crawly fumaba un cigarrillo en silencio, custodiando el pasillo para evitar interrupciones.

Al final, la elefante tragó otra "crema" no tan sabrosa, pero en ese punto, ya no le importaba tanto a pesar de estar muy sonrojada.

Poco después, la puerta se abrió y ambos salieron al pasillo.

Riuz: Me ha gustado. Habrá que repetirlo —comentó Riuz con descaro—. No te preocupes, no te faltará de nada y te convertirás en una gran estrella. Ahora ve a ensayar, que tu familia espera grandes cosas de ti. —Le propinó un firme azote en el trasero a modo de despedida.

Meena dejó escapar un leve ahogo, abrumada por la vergüenza, y echó a andar a paso rígido rumbo a su cabina de ensayo. Antes de llegar, se limpió de prisa el rastro blancuzco del labio, aunque el sabor remanente le impedía distinguir que tipo de "crema" era.

En el trayecto se tropezó con Rosita. La cerdita, al verla tan descolocada, reconciendo señales y olores, asumió algunas cosas y decidió entablar conversación. Terminó dándole una pequeña charla sobre la naturaleza de los humanos, asegurándole que, pese a los rumores de depravación, resultaban ser una especie bastante "afectuosa". Rosita, cuya propia percepción estaba alterada por su convivencia con su jefe y que aspiraba a actuar como una figura materna para el "joven Riuz", pretendía aconsejar a Meena sobre un tema del que ignoraba los detalles macabros, empujando sin saberlo a la elefanta a hundirse todavía más en la trampa del productor.

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